Cuídate, mi’jo

Cuídate, mi’jo
Fecha de publicación: 
9 Mayo 2021
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Lo mismo en los años 60, cuando la Campaña de Alfabetización, que en Angola y otros países africanos, igual en las escuelas al campo que en misiones solidarias… en grandes y pequeñas gestas siempre han estado las madres cubanas, no solo como protagonistas en la primera fila, también desde la retaguardia, ayudando a sus hijos y acompañándoles, muchas veces desde la distancia.

Ahora, como siempre ha sido, andan ellas mismas a la vanguardia o despiden a sus hijos e hijas que van de nuevo a cumplir el deber.

Construyendo a veces una sonrisa difícil que a duras penas intenta disfrazar la angustia, se les ve diciendo adiós a esos hijos que van a juntar su hombro en este enfrentamiento a la pandemia. 

Y a su hijo o hija estudiante de medicina, médico, enfermera, chofer, científico, policía, periodista, custodio … solo le dicen “cuídate”, a veces con un hilo de voz enredado entre el orgullo y el miedo.    

Otras veces son ellas quienes parten en la mañana, y durante cada instante de la jornada laboral están cuidándose, atentas a no saltarse ni una sola de las indicaciones de bioseguridad, porque sus seres queridos esperan en casa y no pueden ponerlos en peligro.

A las madres cubanas de este tiempo nos ha tocado redibujarnos para ser madres de nuevo tipo. Y no solo por esta situación sanitaria inédita que ha planteado a todos nuevas formas de querer.

Además de tener que conformarnos en muchos casos con besos y abrazos virtuales en lugar de aquellos besos reales que han sido tantas veces el mejor consuelo, el impulso para continuar, hemos tenido también que multiplicarnos en maestras, compañeras de juego y magas frente a los calderos.

Y aun desde antes que se desatara esta pandemia de espantos, ya andábamos aprendiendo otra vez a ser madres, porque - como no hace mucho subrayaba una conocida experta en el tema familia, multiplicadas sus explicaciones en CubaSí- los hijos de estos tiempos no son lo que fuimos cuando nos tocó a nosotras asumir el papel de hijas.

Con dedicación de escolares hemos ido aprendiendo sus formas de decir, de entender el mundo y la vida, su relación con las nuevas tecnologías, su manera de comprender la amistad y la familia.

 Y entre las cosas más importantes que hemos aprendido es que ya crecieron, que no pocas veces ya son ellos nuestros padres, aprendimos a confiar en ellos, a consultarles y pedirles consejo, a entender que se van a equivocar muchas veces y no podremos evitarlo. 

Aprendimos a solo decirles “cuídate, mi’jo” en el momento de la despedida, y a dejarlos ir, que es otra manera de quererlos.

 

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