¿Qué hacer por la paz? Más compromiso social y menos falacias políticas

¿Qué hacer por la paz? Más compromiso social y menos falacias políticas
Fecha de publicación: 
21 Septiembre 2021
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Caricatura del cubano Arístides Esteban Hernández Guerrero, Ares, ganadora del  Grand Prix en 2009 «Precursor de la Paz» que otorga la Asociación Internacional de las Ciudades «Mensajeros de la Paz» 

Paz a la vida, a la educación, a la salud, al desarrollo, a la justicia social e igualdad de género. Una armonía libre de injerencias, de armas nucleares, de bombas, de guerras es lo que debería primar en este mundo, pues, bien cruel es que en pleno sigo XXI todavía se estimulen patrones de violencia y existan bases navales regadas y ocultas por doquier, discriminaciones, hostilidades y medidas injerencistas que afectan la independencia de los pueblos.

Tan sencilla palabra con tan solo tres letras y con un significado tan fácil de entender, hasta un niño pequeño en condiciones adversas por mucho que no domine el concepto es capaz de anhelar una vida más justa, tranquila, con pleno cumplimiento de sus derechos humanos, aspira que sobre su techo no suenen relámpagos de fuegos, que su barrio no caiga en pedazos y la cotidianidad le permita ir como un niño normal a la escuela y jugar al aire libre con sus amigos.

Cuán desastroso ha sido el daño que el gobierno y soldados norteamericanos han hecho por varios países del Medio Oriente. Con la excusa de llevar una supuesta libertad y la tan nombrada democracia de ellos, han desbaratado y hecho cenizas años de cultura, de desarrollo, historia, han borrado las ramas de tantos arboles genealógicos. No quisiera nadie sentir ese dolor, pero ojalá quienes invadieran sintieran un segundo de opresión para que entendieran lo que es ver morir a su familia en una guerra.

Hay tanta gente con corazones de piedra y otros que llevan ese órgano solo porque son seres vivos. La realidad ha demostrado que el hombre no sabe ni quiere controlar ese modo materialista, egoísta y avaricioso que cada vez lo aísla más. Incluso en estos tiempos de pandemia que ameritan de una mayor unión y solidaridad humana, los más fuertes siguen por su camino sin mirar hacia atrás, ni siquiera se toman la molestia de girar la cabeza y extender un brazo de apoyo.

A nosotros no nos quieren dejar en paz ciertos sujetos prepotentes del norte. En Cuba no hay día en que no nos golpee el bloqueo económico, comercial y financiero de los EE.UU., y ahora en crisis epidemiológica aprietan más la soga y la dejan bien tensa con el fin de derrumbar una revolución que no hace más que poder sobrevivir y echar para adelante con lo poco que tiene. Nos tildan de terroristas, pero curamos a pueblos amigos.

Nos tildan de dictadores, pero aquí no hay desaparecidos ni se realizan torturas, eso quedó atrás en los años de neocolonia y cuando los pobres, una gran mayoría de nuestra población nacional, apenas tenía acceso a la salud y educación. Sin embargo, ahora, pese a insuficiencia de insumos médicos se ha logrado controlar la pandemia de la Covid-19 como no lo han hecho potencias con hospitales de primer nivel y capital financiero en abundancia para ni chistar por los precios en el mercado internacional.

No nos dejan en paz porque les molesta que siendo una pequeña nación rodeada por mucha agua haya creado ya dos vacunas contra el SARS-CoV-2 y les hayamos tomado la delantera con la campaña de vacunación contra la Covid-19 en edades pediátricas. Nos quieren estrujar nuestros méritos y paz diciendo que esos valiosos bulbos son agua con azúcar, patrocinar tantas campañas en contra, pero el hecho de que, por ejemplo, Vietnam haya aprobado el uso de Abdala demuestra todo lo contario.

La Asamblea General de las Naciones Unidas celebra cada 21 de septiembre el Día Internacional de la Paz, por un mundo mejor, equitativo y sostenible, empero, la realidad indica que a la ONU y otras organizaciones les falta mucho esfuerzo por hacer y pantalones por ajustar. El mundo exige que más líderes como los latinoamericanos de la CELAC que se reunieron en México, se sienten a la mesa con discursos críticos y transparentes y sin tanta falacia política por el bien y la paz global.

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