ARTE: Drácula (+libro y obras)
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Fotograma de la película Drácula (Estados Unidos, 1931) donde se aprecia a su protagonista Béla Lugosi (Rumanía, 1882-1956) en el papel del famoso conde.
Imagen tomada de https://es.wikipedia.org
Cada 26 de mayo se celebra el Día mundial de Drácula, un personaje de todos los tiempos, un mito de la cultura y el arte.
Sí, como hemos comprobado, hay un día para todo y este no podía faltar, así que están de fiesta fanáticos de la temática gótica, admiradores de la literatura clásica, incluso vampiros solapados de esos que les gustaría afilarse los colmillos imaginarios y caminar por la avenida G del Vedado, en La Habana, en busca de la “energía”*.
Alrededor de Drácula existe toda una leyenda, se trata de uno de los mayores iconos populares que apareció por primera vez en el año 1897 en el libro homónimo de Bram Stoker (Irlanda, 1847-1912), de hecho fue publicado un 26 de mayo. Quizás sea el personaje de terror más famoso, y de él se derivan muchísimas otras historias que han sido recreadas en las letras y llevadas al teatro y al cine de fantasía o animado, a todas las manifestaciones artísticas, incluso la pintura.
Es un clásico de todos los tiempos que llama mucho la atención. Drácula es inmortal y vampiro, protagonista de una historia realmente sombría y espeluznante, de sacrificio humano en escenas despiadadas y mucha sangre. Sin embargo, fascina multitudes. Lo que la mayoría de las personas desconoce es que lo sobrenatural de este conde puede que tenga base en la vida real con la existencia de un príncipe a quien le atribuyen la inspiración de la novela de Bram.
No se tiene certeza, pero es lo que se estima.

Este es un retrato de Vlad de origen anónimo, realizado en el año 1560. Se encuentra en la Cámara de Arte y Curiosidades del Palacio de Ambras, en Austria, y se refiere que es copia de un original que se le hizo al príncipe aún en vida. La verdad es que proyecta un aspecto de impacto.
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Se trata de Vlad III de Valaquia (Rumanía, ≈1428/31-1476/77) más conocido como Vlad el Empalador (Vlad Tepes) o Vlad Drăculea. Ya con este apelativo que le dejó su padre, se podrá imaginar. Vlad fue un hombre sangriento y despiadado que aterrorizaba. Fue heredero de una historia familiar de poder y dominación monárquica y por ello fue capaz de defender el trono al precio de la muerte, fiel a la Orden del Dragón, título noble legado de su ascendencia.
Su pseudo es muy claro y se debe a que trascendió por empalar a sus contrincantes. No es difícil visualizar que esto no es posible sin derramar mucha sangre. Por tanto la leyenda de Vlad se justifica con persecución y masacre, con liderazgo, exilio, invasión, venganza y sobrada brutalidad.
De acuerdo con las narraciones, bajo sus órdenes cientos de miles de personas fueron asesinadas con este método de ensarte, sin distinción de género ni edad. Un paisaje habitual de entonces era dejar las estacas a la vista de todos por bastante tiempo como si fuera una arbolada. Los más extremistas indican que Vlad comía pan mojado en sangre de sus víctimas.

El Vampiro (1897) pintado por Philip Burne-Jones (Reino Unido, 1861-1926).
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La reputación de la barbarie de su sistema se regó como la espuma por toda Europa mientras vivía y mucho más después de su asesinato. Por cierto, el destino de su cuerpo es un misterio aún, e, increíblemente, en la actualidad es considerado héroe de Rumanía por proteger su territorio de los otomanos. Durante siglos la fábula de Vlad pasó de boca en boca, luego con el origen de la imprenta se internacionalizó y así es como suponemos que cuatrocientos años después motivó al escritor irlandés.
Bram desarrolló un concepto que fue extendido en el Medioevo por la superstición, la ignorancia y la imaginación. Aparentemente aprovechó ambos mitos y creó Drácula, un personaje pálido, siniestro, gótico, que habitaba un pomposo castillo en Transilvania, Rumanía.
Usualmente Drácula es representado como un noble apuesto, frío, persuasivo, seductor, obsesionado, escurridizo y depredador. No pocas versiones del personaje lo han romantizado con matices cómicos, le han otorgado sentimientos y lo han hecho ver como obligado por la necesidad, a veces debatiéndose entre resistirse o sucumbir y morder para subsistir. Hay de todo. El conde vampiro puede ser tan terrorífico como tierno, ajustado a los más variados públicos, incluso para el infantil.
¿Quién no recuerda la serie El conde Pátula (Reino Unido, 1988) que en Cuba fue muy apreciada y vimos hasta el cansancio en la década de los años 90? ¿Y qué decir de las producciones nuestras ¡Vampiros en La Habana! (Juan Padrón, 1985) y su secuela Más vampiros en La Habana (Juan Padrón, 2003)? Ambas trascendieron el tiempo. Su director nos mostró una versión original y caribeña ajustada en cultura, historia, además destacó el empleo de un humor inteligente, y por si fuera poco la trompeta de Arturo Sandoval que nos quedó para siempre en la memoria. Pero la lista es inmensa. Una muy conocida ahora es Hotel Transylvania (Estados Unidos, 2012) franquicia que ya cuenta con una serie de televisión y siete películas entre cortos y largometrajes.
Para adultos ya son incontables los productos culturales afines. De entre los más mediáticos recuerdo Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992), una versión libre ambientada en el siglo XIX, considerada una de las mejores adaptaciones con gran aceptación de la crítica especializada. Es una película que refuerza el romance y el erotismo de la mano del terror.
Otra muy famosa es Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994) con una carga sensual muy marcada desde sus protagonistas Brad Pitt (Estados Unidos, 1963), Tom Cruise (Estados Unidos, 1962) y Antonio Banderas (España, 1960), quienes explotaron todos los atractivos de la juventud que poseían entonces. Esta basada en la novela de igual nombre (1976) de Anne Rice (Estados Unidos, 1941-2021) escritora que dedicó parte de su obra literaria a esta temática.
De más reciente factura nos llegan las sagas Underworld (Estados Unidos, 2003-2016) y Crepúsculo (Estados Unidos, 2008-2012), esta última basada en las novelas (2005-2008) de Stephenie Meyer (Estados Unidos, 1973), que por un tiempo fueron muy cotizadas.
Y así, siglos después, el mito de Drácula continúa inundando la industria del arte y el entretenimiento con sangre, colmillos, capa oscura y cacería. Puede ser a través de tramas románticas, tenebrosas, o graciosas con torpes vampiros que no saben qué hacer ante un cuello desnudo y palpitante, para todos los gustos.

Amor y dolor (1895) es una pintura de Edvard Munch (Noruega, 1863-1944) donde se aprecia a una mujer que creemos vampiresa en pleno acto de morder a su víctima.
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Vampiros Vegetarianos (1962) es una pintura surrealista de Remedios Varo (España, 1908-1963) donde vemos lo insólito, tres vampiros que, aunque tienen aspecto tenebroso, se alimentan de frutas y verduras sentados muy plácidos a la mesa.
Imagen tomada de https://historia-arte.com/
* Hace algunos años en Cuba circuló un documental independiente que mostraba toda una fauna que se reunía en la avenida G del Vedado por las noches en veladas pacíficas de música y distintos submundos. Ya no sé si continúa, si perdió el impulso de hace dos décadas, la verdad. Alguna vez fui y vi con mis propios ojos que era muchos muchachos. Algunos patinaban, otros bailaban, pero por lo general solo paseaban de arriba a abajo, o se reunían en grupos y conversaban sus temas. Lo interesante es que algunos de ellos parecían admiradores del asunto vampírico y hasta confesaban sentirse como tal y por eso vestían oscuro y apoyaban ciertas prácticas.












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