Hemingway estuvo «dentro del alma de Cuba»

Hemingway estuvo «dentro del alma de Cuba»
Fecha de publicación: 
21 Julio 2014
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Adicto a las aventuras fuertes e insaciable bebedor de los afamados daiquirís cubanos, Ernest Hemingway (1899-1961), un ícono de la literatura de Estados Unidos, vivió en Cuba algunos de sus años más productivos en los que sembró amigos y admiradores incondicionales.

El hotel Ambos Mundos, el restaurante-bar El Floridita, la Bodeguita del Medio, la Terraza de Cojímar y la Finca Vigía son hoy lugares emblemáticos para el turismo extranjero y marcan los principales escenarios de lo que podría llamarse “La ruta de Hemigway en Cuba”.

Los cubanos más jóvenes carecen de muchas referencias acerca del autor de “El viejo y el Mar” y otras reconocidas obras cuya impecable prosa periodística novelada le hicieran ganar los codicionados Premio Pulitzer (1953) y Nobel de Literatura (1954).

No obstante, para el fallecido escritor colombiano Gabriel García Márquez, Hemingway estuvo “dentro del alma de Cuba” mucho más de lo que suponían los cubanos de su tiempo, y dejó huellas de su paso “por los sitios menos pensados” de esta nación insular del Caribe.

El historiador Eliades Acosta ha calificado de complicada y fascinante la vida de Hemingway y sostiene que la presencia en Cuba del escritor “resulta ineludible y puede asaltar a cualquiera donde menos lo imagina”.

Es difícil hallar personas de cierta edad que hayan conocido los andares del escritor estadunidense, que vivió más de dos décadas en Cuba y que decía amar a este país y considerarlo “un buen lugar para escribir”.

Sin embargo, Laura Cifuentes, quien labora en una librería de la calle Obispo, a sus 59 años de edad y próxima a jubilarse, conserva al menos en la memoria anécdotas que le contó su abuelo Pablo.

“Mi abuelo, que trabajaba en una farmacia de Obispo (una calle estrecha y adoquinada sembrada en sus tiempos de esplendor de múltiples comercios) a veces lo veía caminando hacia su hotel tras salir de El Floridita.

“En su mano llevaba un vaso envuelto en una servilleta con el último daiquirí, vestido con camisa ligera, pantalón corto y zapatillas o tenis, muy propio para el trópico”, dijo Cifuentes en entrevista con Notimex, recordando lo que le dijo su abuelo.

Cuatro o cinco horas antes, Hemingway había consumido sentado como patriarca en la esquina izquierda de la barra al menos una docena de esta refrescante bebida elaborada con ron blanco, limón, hielo frappe y sin azúcar, como a él le gustaba.

Hemingway viajó a Cuba por primera vez en abril de 1928, acompañado de su segunda esposa, de paso para un viaje marítimo hasta Cayo Hueso, Florida, y regresó en 1932 entusiasmado con la pesca de agujas en aguas cubanas.

Regresó en 1933 y rentó una habitación en el hotel Ambos Mundos, de la calle Obispo, en el centro histórico de La Habana, cerca del puerto y de La Catedral, hasta que alquiló y después compró Finca Vigia, hoy convertida en museo, en las afueras de esta capital.

En ese remanso campestre enclavado en una colina y periférico de la ciudad (lo que le facilitaba incursiones a sus lugares de preferencia), escribió desde 1939, según sus biógrafos, “Por quién doblan las campanas” y “El viejo y el mar”, además de cuentos y reportajes.

Expertos cubanos y estadunidenses, a través de un convenio de colaboración, han logrado preservar más de cinco mil 500 documentos inéditos del autor de “Las Nieves del Kilimanjaro” guardados en Cuba.

Guías del Museo explican a visitantes que Hemingway prefería escribir de pie, con zapatillas de andar, primero a mano y luego a máquina, en un luminoso cuarto de Finca Vigía, atestado de papeles, libros, panfletos y notas.

Tal vez el lugar más entrañable para aquel hombre que se quitó la vida con una escopeta en Ketchum, Estados Unidos, el 2 de julio de 1961, fue El Floridita, donde compartió con celebridades internacionales, intelectuales cubanos y a veces con simples ciudadanos de a pie.

“La Terraza”, un restaurante de cocina marinera, que Hemingmay cita en “El viejo y el mar”, se encuentra a unos 10 kilómetros al este del centro de esta capital, en el poblado de pescadores de Cojimar, muchos de los cuales admiran a quien apodaban como Papa.

Daniel Cárdenas, un bartender de esa instalación, nos acompañó en un breve recorrido por “La Terraza”, donde se conserva la mesa en la que solía sentarse, mirando la unión del río con el mar, así como una playita en forma de media luna a los pies del restaurante.

“Todavía preparamos el ranchito de mariscos, que me cuentan era uno de sus platos favoritos”, dijo platicando con Notimex bajo varios retratos enmarcados de Hemingway en faenas de pesca en su yate “Pilar” cuyo patrón, Gregorio Fuentes, era además su cocinero.

La Marina Hemingway, en el oeste de La Habana, organiza cada año el torneo clásico internacional de la pesca de la aguja. En uno de esos eventos el hoy enfermo expresidente Fidel Castro y el eminente escritor estadunidense se conocieron el 15 de mayo de 1960.

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