Macron: Mojando al tiburón
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“Hay hombres y mujeres que triunfan porque tienen talento, quiero que lo celebremos”, es una frase recurrente que desde el inicio de su gestión ha pronunciado Emmanuel Macron, el presidente de Francia, para explicar el porqué es tan “comprensivo” con quienes tienen más fortuna, y no porque sean afortunados.
Macron, quien ha capeado tormentas de protestas tanto desde la extrema izquierda como desde la extrema derecha, señalado por su racismo, por su odio a los musulmanes, trata de ocultar que es acérrimo defensor de la teoría del goteo.
Según este dogma neoliberal, la desregulación de la economía permitirá un crecimiento económico tan grande y un enriquecimiento tal de las élites que las migajas percibidas por los pobres serán gigantes. Esto es tan parecido a la frase de la seudorepública cubana “Tiburón se moja, pero salpica”, refiriéndose a un presidente ladrón, que dejaba tales migajas a sus cómplices.
Año tras año, incluso en medio de la pandemia de la COVID-19, que tanto daño económico ha conllevado, Macron ha reforzado su reputación como “presidente de los ricos”. Según un sondeo del Instituto Vavoicer, publicado en el diario Liberation, el 53% de los franceses considera que su política económica beneficia a las clases pudientes.
En este contexto hay que incluir aquella medida de la supresión parcial del impuesto sobre la riqueza que pagaban los franceses con un patrimonio superior a 1,3 millones de euros.
Asimismo, este impuesto hizo que se dejara de tasar las acciones y bienes de lujo, como yates, caballos y aviones privados.
La justificación para tal desaguisado en el orden moral, además de económico, es la necesidad de frenar la fuga de las grandes fortunas francesas e impulsar la inversión privada. Pero lo cierto es que Francia está lejos del mito del gran enfermo económico de Europa, porque dispone de unos niveles de inversión superiores a la de los niveles medios de la zona euro.
El porcentaje francés de la Formación bruta de capital fijo (indicador para medir la inversión) es del 22,4%, por encima de Alemania (20,4%) y España (20,3%), y tampoco sufre una huida de jóvenes emprendedores ahogados por una fiscalidad demasiada elevada. Philppe Lege, catedrático de Economía en la Universidad de Amiens, dijo que la supresión del impuesto ha beneficiado a “los más ricos de los ricos franceses, puesto que el 71” de la fortuna del 1% está basada en activos financieros”.
Por este motivo, favorece un incremento de las desigualdades en un país en que las diferencias entre los más ricos y los más pobres son inferiores a la media de la zona euro.
Además de la supresión parcial del impuesto, el gobierno de centroderecha también favoreció a las grandes fortunas, al rebajar del 60% al 30% la fiscalidad del capital (dividendos, plusvalías de acciones, etc), por lo cual el Estado perdió 1 900 millones de euros.
Según Lege, esa medida promovió la economía especulativa, ya que eliminó las ventajas que tenían los ahorradores a largo plazo, cuya fiscalidad ya estaba limitada al 30%.
Y es que Macron piensa que las desigualdades favorecen el crecimiento, tal como defendía el canciller alemán, Helmut Schmidt a mediados de los ’70, al considerar que las ganancias de hoy representan las inversiones del mañana, un absurdo que pagan las clases desposeídas.












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