La desfachatez tiene más partes

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La desfachatez tiene más partes
Fecha de publicación: 
8 Enero 2026
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Marco Rubio expuso un plan de tres etapas, todas con un mismo fin: apropiarse del petróleo venezolano.

Los lamentables sucesos ocurridos en Venezuela aún dejan una profunda incertidumbre, y su desenlace parece desafiar los más sólidos análisis y predicciones.

Por ello, no es objetivo de este artículo anticipar lo que ocurrirá ni pretender revelar una verdad absoluta sobre lo que ha acontecido y acontece en la tierra de Bolívar y Chávez.  

Se trata, más bien, de compartir algunas reflexiones sobre la desfachatez imperial, que parece empeñada en reeditar las acciones más viles de los manuales de la Central de Inteligencia, con un toque de prepotencia digno de emperadores y reyes del siglo XV, y la vulgaridad propia del matón de barrio.

Resulta aberrante escuchar a Donald Trump y a su secretario de Estado, Marco Rubio, al referirse a América Latina y, en especial, a Venezuela.  

Cada palabra se convierte en un ultraje a la dignidad: desde la burla de “afeitar el bigote” del presidente venezolano Nicolás Maduro —secuestrado junto a su esposa en Estados Unidos— hasta la manera en que planean neocolonizar a Venezuela y someter a su pueblo.

No han faltado las amenazas al gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, a quien, según reiteradas declaraciones de Trump, podría irle peor que a Maduro si no “coopera” con Estados Unidos.

Tan alarmante como todo lo anterior es la facilidad con que se ha desmoronado el discurso sobre evitar el narcotráfico y la entrada de drogas a Estados Unidos, tan cacareado y repetido por los usureros que controlan la política en Washington y los grandes medios.

Ahora todo gira en torno al verdadero objetivo: el petróleo venezolano, ese que Trump asegura ya controla. En un post en sus redes sociales afirmó que entre 30 y 50 millones de barriles de crudo venezolano llegarán a Estados Unidos, y que el dinero de esa transacción será administrado por él, supuestamente para beneficio del pueblo al que bombardeó y para el país norteño.

Posteriormente, Marco Rubio expuso un plan de tres etapas, todas con un mismo fin: apropiarse del petróleo venezolano.

Los buitres yanquis ni se esconden ni se maquillan para mostrar que el despliegue naval en el Caribe siempre tuvo como objetivo apoderarse de los hidrocarburos venezolanos, aunque para ello violen cuantas normas del derecho internacional existan y asesinen sin reparo.

Como aves de rapiña que sobrevuelan la región, Estados Unidos provoca muerte, dolor e indignación, incluso dentro de sus propias fronteras, donde en días recientes manifestantes han portado carteles que denuncian el intercambio de sangre por petróleo.

La vida de millones no vale nada para una élite corrupta y pendenciera que busca engrosar sus bolsillos a cualquier precio. Tal vez con lo que esperan obtener del crudo venezolano pretenden sufragar el gasto que implicaría la compra de Groenlandia.

Porque, de seguro, no será para estabilizar la situación de los millones de estadounidenses que viven en la pobreza extrema o al borde de perderlo todo. Bien claro ha quedado que la política impulsada por ellos se basa en recortes presupuestarios de programas de ayuda social y de investigaciones científicas. Para eso nunca alcanza el dinero, pero para bombardear Venezuela, Nigeria y Siria —por mencionar los más recientes— no se escatima.

La verdad y la diplomacia también han sido secuestradas por el Imperio. Cada vez resultan más inútiles los sistemas y las organizaciones creadas para preservar la paz.
  
Si continúa el irrespeto a los más elementales derechos internacionales, las consecuencias serán catastróficas para millones en todo el mundo.

Solo la unidad de los pueblos podrá frenar la prepotencia imperial, que hoy constituye una grave amenaza a la paz y la seguridad de las naciones latinoamericanas y caribeñas.

Cada acto de la fiera despiadada, de los gobiernos entregados y rastreros, y de quienes se plieguen ante los designios yanquis, contribuirá a despertar la conciencia social y la determinación de todas las personas dignas que habitan este planeta.

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