Bogotá ensangrentada

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Bogotá ensangrentada
Fecha de publicación: 
18 Septiembre 2020
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Decenas de personas han sido asesinadas durante la jornada de manifestaciones contra el abuso policial en Bogotá y otras ciudades del país.

Ya no solo los territorios rurales centrales y fronterizos colombianos los que están sufriendo el accionar violento paramilitar y de ramas castrenses, sino que en la capital, Bogotá, la represión discriminada del aparato policial ha dejado decenas de víctimas mortales de manifestantes que demostraban pacíficamente su rechazo a la política económica del presidente Iván Duque, que ha dejado desprotegida a una gran masa de trabajadores, así como por el pésimo manejo de la creciente pandemia de la COVID- 19.

La situación ha tomado un cariz especial, cuando se conoce que la policía está respondiendo órdenes del Ministerio de Defensa y de la oficina de Duque, lo cual viola la Constitución, que establece que sólo la alcaldía puede tomar tales tipos de decisiones, según la alcaldesa Claudia López.

Ello ocurre en los momentos que ocurren ciertas desregulaciones laborales que coinciden con una ley de patentes que impida cualquier decisión soberana (especialmente en medicamentos), con el fin de complacer a empresas estadounidenses que demandan una mayor seguridad jurídica, lo cual completa el entreguismo gubernamental de aceptar un nuevo Plan Colombia, bajo el pretexto de combatir el narcotráfico.

Estas medidas fueron anunciadas por el presidente Iván Duque y se suman a la restauración plena de la política punitiva de la “guerra contra las drogas” adelantada por EE.UU., que contradice las premisas del acuerdo de La Habana, y se constituye en una de las principales amenazas para “hacer trizas” las aspiraciones de paz en los territorios.

Pero, realmente, esa paz nunca ha llegado y, por el contrario, más de 300 ex combatientes han sido asesinados metódicamente en meses recientes, junto a centenares de líderes y activistas sindicales, campesinos e indígenas, mientras se lucra con el dinero del pueblo y los desposeídos y hambrientos ven aumentadas sus filas.

La sociedad se militariza, se ataca y estigmatiza a la oposición política y social, e imperan las multinacionales que ganan espacio y poder al venderles todo lo estatal y tierras sagradas como las que le pertenecen en propiedad a los indígenas.

En lo internacional, Colombia se ata sin dignidad ni respeto a su soberanía a la política bélica y de saqueo de Estados Unidos y es sometida en forma unilateral por los narcotraficantes y por la supuesta lucha contra el terrorismo.

El negocio del narcotráfico es un negocio rentable para Estados Unidos, debido a que la droga que compra en Colombia aquí se multiplica en utilidades en su venta por las calles norteamericanas.

Ellos se quieren hacer las víctimas de los carteles de las drogas de Colombia, México y Perú, pero callan la existencia de los de Nueva York, Washington, Los Ángeles, San Francisco, Miami, etc., que son en definitiva quienes les compran las drogas a los que tratan despectivamente como “indios y negros latinos”.

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