Afganistán: Todo cuenta, no solo ver las hojas

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Afganistán: Todo cuenta, no solo ver las hojas
Fecha de publicación: 
16 Septiembre 2021
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La parafernalia de noticias peyorativas sobre la actual situación en Afganistán, tras la marcha de las tropas ocupantes, tiende a señalar las presuntas acciones de discriminación de la mujer, debido a la aplicación de la ley islámica Sharia, que, realmente, tiende a disminuir su papel; así como a abusos contra la población no talibana.

Los victoriosos insurgentes han nombrado un gobierno provisional con sus principales figuras en el combate a los imperialistas, y prometido que respetará el derecho a la mujer a trabajar y estudiar, e indicado que no serán aplicadas acciones tan frígidas como cuando ocuparon el poder hace 25 años, del que fue desalojado por la injustificada agresión de Estados Unidos.

Como lo anterior es lo que más ocupa a los medios occidentales, apenas se hace ver que los talibanes han permitido el trabajo de las agencias noticiosas internacionales y reiterado un punto clave para el acercamiento y reconocimiento de varias naciones: el gobierno sigue comprometido con no permitir que los militantes usen su territorio para atacar a otros países.

Esa prensa condicionada destaca las palabras del ultraderechista ex presidente español José María Aznar -con fuertes vínculos con la mafia gusanera de Miami-, cuando dijo que el mundo occidental recibió una “derrota total” ante los talibanes, y auguró que "esa rendición es un error que vamos a pagar muy caro y durante mucho tiempo".

Aznar, recuerda EFE, era jefe de Gobierno cuando comenzó en el 2002 la participación de España en la agresión a Afganistán y fue muy cuestionado al apoyar a Estados Unidos en la injustificada y genocida agresión a Iraq en el 2003, cuando George Bush era presidente.

A su vez, comentaristas de la NBC afirman que Rusia, China e Irán aprovechan el vacío dejado por EE.UU. para acercarse a los talibanes, coincidiendo en reiterar a Kabul que no permita grupos terroristas en territorio afgano, al tiempo que brindan ayuda humanitaria al pueblo afgano, en un momento en que EE.UU. le ha cortado los vínculos financieros con el exterior.

RESULTADO CERO

“El resultado es cero, por no decir que es negativo”, dijo la semana pasada el presidente ruso, Vladimir Putin, sobre la intervención de Washington en Afganistán.

La proximidad con Rusia, China e Irán hace que esos países sean cuidadosos al enfocarse en Afganistán, porque no quieren asumir la responsabilidad de un país que ha sido devastado por más de 40 años de guerra.

China ve la situación actual como una oportunidad para reactivar proyectos de petróleo, gas y minería que han sido retrasados por temas de seguridad y otros problemas. Beijing anunció que otorgará 31 millones de dólares en ayuda de emergencia, incluidos alimentos y tres millones de dosis de vacunas contra la COVID-19.

Irán, que en 1998 estuvo a punto de entrar en una guerra con los talibanes por el asesinato de 10 diplomáticos iraníes, ha mejorado sus relaciones con el grupo y ahora es uno de los mayores socios comerciales de Afganistán. Pero a los líderes chitas de Irán les preocupa que los talibanes sunitas puedan permitir la persecución de los azaras y otras minorías chitas. También están preocupados por la avalancha de refugiados afganos que han recibido, mientras lidian con su peor brote de coronavirus.

En julio, representantes de los talibanes viajaron a Rusia y China para ofrecer garantías de seguridad y recibir el respaldo de esos gobiernos a nivel internacional. Teherán ha sido el escenario de las conversaciones entre los talibanes y los representantes del anterior gobierno afgano.

Los tres países han optado por mantener sus misiones diplomáticas en Kabul, aunque otras naciones cerraron las embajadas y evacuaron el personal. Aún no se sabe si reconocerán oficialmente al nuevo gobierno talibán.

CEMENTERIO DE LOS IMPERIOS

Durante más de un siglo, diversas naciones han intervenido en los asuntos afganos, lo que ha hecho que el país se convierta en un escenario bélico con grandes pérdidas humanas y materiales, además de ganarse el nombre de ser el “cementerio de los imperios”.

En cuanto a los talibanes, es imposible medir el grado de apoyo popular del que goza como movimiento en Afganistán. En algunos lugares, la gente ha acogido con beneplácito su gobernanza como una mejora; en otros, sigue siendo profundamente desconfiado.

Pero la narrativa talibán, de que la gobernación en Kabul era corrupta y estaba en deuda con potencias extranjeras, que la guerra que libró fue contra una ocupación no islámica que durante mucho tiempo ha sobrepasado su bienvenida, gozó de una resonancia generalizada.

Atrajo a aquellos que recordaban historias de las invasiones británicas y la intervención soviética, los que fueron perseguidos y encarcelados tras la agresión y ocupación de EE. UU, y sus aliados de la OTAN en el 2001; los que perdieron amigos o familiares como "daños colaterales" en los ataques aéreos de los imperialistas; y los que lidiaban todos los días con la corrupción y las injusticias de los funcionarios del gobierno.

Durante la mayor parte de los últimos 20 años, los talibanes han sido el único grupo que ha combatido de manera creíble en nombre de esa narrativa. Como era de esperar, siempre ha tenido simpatizantes para proporcionar refugio e inteligencia, y un suministro listo de reclutas para reemplazar a los caídos en el campo de batalla.

 

 

 

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