VOCABLOS: Corusco

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Hay palabras que contienen, desde su propia sonoridad, la naturaleza exacta de lo que nombran porque poseen una textura verbal que vibra al pronunciarse. Así parece con corusco, un adjetivo que el habla corriente arrinconó en favor de opciones más llanas como "brillante" o "resplandeciente", sus sinónimos más usados, pero este vocablo de uso poético conserva una nobleza y una precisión visual incomparables en nuestra tradición literaria.
Hoy queremos rescatar este término del desconocimiento, sacarlo de la gaveta para ampliar nuestro vocabulario, pero hablemos un poco de qué se trata. Para comprender el peso de corusco es preciso acudir a su raíz: proviene directamente del latín "coruscus", una palabra que los antiguos romanos utilizaban para describir aquello que brilla con un fuego trémulo, que centellea o reverbera.
De acuerdo con varias fuentes, no tiene que ver, por tanto, con una luz fija, plana o cegadora; la cualidad de lo corusco radica en su dinamismo, en lo que entendemos como un juego de reflejos que oscila, que se enciende y se apaga ante la mirada.
Corusco es la luz que emite el oleaje bajo el sol del mediodía, el fulgor intermitente de una piedra preciosa tallada al moverse la mano que la sostiene, el destello de una espada que corta el aire; o como sugiere la imagen de portada, los rayos del sol cuando titilan a través de las nubes, los árboles o cualquier superficie ondulante que se interponga en su camino hacia nuestra mirada.
Así lo explica la academia.
En el plano estrictamente lingüístico, la Real Academia Española (RAE) define corusco como "resplandeciente, que brilla o reverbera", y por tanto los sinónimos de coruscar son "resplandecer, fulgurar, rutilar, destellar, irradiar". Su empleo, aunque hoy es escaso, ha sido históricamente recurso predilecto de la poesía y la prosa de corte esteticista.
De hecho, no es una palabra cualquiera, para la RAE es uno de sus tesoros contenidos en los diccionarios históricos de nuestro idioma tal y como puede apreciarse en el siguiente archivo.
Es una joyita con licencia poética desde antaño. Escritores modernistas recurrían a ella para elevar sus textos con la intención de dotarlos de una sensibilidad especial. Al utilizarla no solo se adjetiva la luminosidad de un objeto, sino que se refiere al movimiento mismo de esa luz sobre su superficie.
Sin embargo, más allá de la descripción física del entorno y la materia, la palabra corusco adquiere mayor fuerza cuando se desplaza hacia el terreno de lo abstracto y lo humano. Podemos buscar muchísimos ejemplos como una "inteligencia corusca" para referirnos a lo que deslumbra y sorprende con lo que comparamos con chispazos de sabiduría; o una "mirada corusca" en un momento de emoción o de sutil ironía.
Este ejercicio de rescate casi arqueológico tiene sentido si pensamos en lo empobrecida que está la lengua española de uso coloquial y en lo fácil que es sumar una palabra tan bonita como esta. Nuestro idioma, con casi cien mil vocablos, es muy probable que tenga el término exacto para nombrar cada aspecto de nuestras vidas y no hay necesidad de usar los mismos.
Abramos paso a corusco y recuperemos la capacidad de distinguir el brillo que nos rodea si volvemos a mirar.
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