Una nueva forma de proteger la red eléctrica cubana: el primer sistema de baterías a gran escala

Primer Sistema de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS), en El Cotorro. Foto: tomada de lahabana.gob.cu
En un sistema eléctrico, la estabilidad no depende solo de cuánto se genera, sino de algo menos visible: la velocidad con la que la red puede reaccionar cuando algo se rompe.
En Cuba, donde el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) opera bajo fuertes tensiones por déficit de generación y envejecimiento tecnológico, ese margen de reacción puede ser la diferencia entre una avería localizada y un apagón extendido.
En ese punto crítico entra en escena el primer Sistema de Almacenamiento de Energía en Baterías (BESS) del país, instalado en la subestación de El Cotorro, La Habana.
La pregunta que subyace en este texto no es si esas baterías producirán más electricidad -que no lo harán-, sino otra no menos decisiva: ¿puede una tecnología que no genera energía cambiar la forma en que un país sobrevive a sus fallos eléctricos?
La tecnología que actúa antes de que el problema crezca
La puesta en marcha del sistema BESS en El Cotorro comenzó como parte de un programa estratégico para reforzar la estabilidad del SEN. La información fue divulgada por la Unión Eléctrica y publicada en otros medios oficiales como el Portal del Ciudadano de La Habana y Canal Caribe.

Imagen ilustrativa: tomada del perfil de la UNE en Facebook
Se trata de la primera de cuatro instalaciones previstas en el país, con una capacidad total estimada de 200 megavatios (MW). Cada sistema tendrá 50 MW de potencia y 50 megavatios-hora (MWh) de almacenamiento.
Pero el dato decisivo no es su tamaño, sino su velocidad: estas baterías pueden inyectar o absorber energía en fracciones de segundo. En términos del sistema eléctrico, eso significa intervenir justo en el instante en que la frecuencia comienza a desviarse, antes de que la perturbación se propague.
En un sistema interconectado, la frecuencia es un indicador delicado del equilibrio entre generación y consumo. Cuando una unidad generadora sale del sistema o la demanda cambia bruscamente, ese equilibrio se rompe casi de inmediato. El BESS actúa como un “amortiguador” que compra tiempo mientras otros mecanismos entran en operación.
La estabilidad como problema energético
Durante décadas, el reto principal de los sistemas eléctricos fue producir suficiente energía. Hoy, con la expansión de fuentes renovables, aparece otro desafío: mantener la estabilidad cuando esa energía es variable.
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Según la información divulgada por la Unión Eléctrica en los materiales publicados por el Portal del Ciudadano de La Habana, por cada 1 000 MW de generación fotovoltaica se requieren alrededor de 100 MW de regulación mediante baterías para sostener la estabilidad del sistema.

Foto: tomada de Facebook
En el caso de La Habana, el sistema de El Cotorro está diseñado para absorber la energía generada por los parques solares de Guanabacoa, Boyeros y el propio Cotorro, evitando que las fluctuaciones de la producción solar se traduzcan en inestabilidad de la red.
La lógica es simple en apariencia, pero crítica en la práctica: sin almacenamiento, la energía renovable puede introducir tanta inestabilidad como la que intenta resolver.
Lo que estas baterías pueden y no pueden hacer
Se suele caer en el error de atribuirles a estas baterías capacidades que no tienen. En este caso, las autoridades cubanas han sido explícitas en un punto clave: el BESS no elimina el déficit de generación del país.
Su función es distinta: mejorar la resiliencia del sistema eléctrico. Es decir, reducir la probabilidad de que una falla local se convierta en un colapso general.

Infografía generada por IA para CubaSí
Cuando ocurre una avería en una central o una línea de transmisión, la frecuencia del sistema puede caer rápidamente. Si esa caída no se controla en segundos, otras unidades pueden desconectarse en cascada. El resultado es un apagón de mayor escala.
El sistema BESS interviene precisamente en ese intervalo crítico: responde en milisegundos, estabiliza la frecuencia y permite que otros equipos o centrales entren en operación.
En términos simples, no añade energía, pero evita que la energía disponible se pierda por inestabilidad.
Una pieza dentro de la transición a matrices más limpias
El proyecto de El Cotorro no está aislado. Forma parte de un plan que contempla otros tres sistemas similares en la CUJAE (La Habana), Cueto (Holguín) y Bayamo (Granma), según informaron la Unión Eléctrica y otros medios oficiales.
En conjunto, estas instalaciones buscan dotar al sistema eléctrico cubano de una capacidad mínima de regulación rápida, una función que en redes modernas se considera esencial para integrar energías renovables.
La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha señalado que el almacenamiento energético es uno de los componentes que más rápidamente crecerá en los sistemas eléctricos globales en la transición hacia matrices más limpias.
De forma complementaria, el Laboratorio Nacional de Energías Renovables de Estados Unidos (NREL) destaca que las baterías de gran escala permiten estabilizar la red, reducir la necesidad de generación de respaldo convencional y mejorar la calidad del suministro eléctrico.
Pero en el caso cubano, la escala del problema es distinta: el almacenamiento no sustituye generación, sino que intenta evitar que la fragilidad del sistema se traduzca en fallos más extensos.
El valor de los segundos
La importancia del BESS de El Cotorro no puede medirse solo en megavatios. Su valor real está en otra unidad menos visible: el tiempo.
En un sistema eléctrico moderno, la diferencia entre una perturbación controlada y un apagón generalizado puede ser de apenas segundos. El objetivo de estas baterías es actuar dentro de ese margen estrecho, donde las decisiones automáticas del sistema aún pueden corregir el rumbo.
En ese sentido, el proyecto no representa una solución definitiva a la crisis energética cubana, pero sí un cambio en la forma de enfrentarla: pasar de un sistema que solo responde cuando el problema ya ocurrió, a otro capaz de intervenir antes de que el daño se propague.
En redes eléctricas, esa transición de la reacción tardía a la respuesta inmediata no es un detalle técnico, es una transformación estructural.
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