Triciclos en la vía, un chuchazo de alta tensión
Un triciclo y varias motocicletas eléctricas circulan frente al Capitolio en La Habana (Cuba). EFE/Ernesto Mastrascusa
El cubano sigue siendo un ser humano jocoso, con buenas vibras, solidario, esforzado. Es lo que nos identifica del resto de los latinos en el continente, incluso siempre se ha dicho que en las provincias el calor humano es más familiar comparado con la capital.
Pero a los cubanos que viven en La Habana, y no voy a decir que todos son habaneros porque el fenómeno de la migración interna es bien amplio, se les ha destapado el bicho del Capitalismo de sacar provecho en medio de la crisis.
El transporte dentro de la ciudad es un dilema, no hay guaguas, desaparecieron las rutas, circulan muy pocos taxis colectivos. Sabemos la causa pero la aclaramos de todos modos para los "ilusos". Al gobierno norteamericano no le da la gana que a Cuba entre petróleo.
Así de increíble. Se sienten los dueños del mundo, actúan como tal y en el panorama internacional unos los apoyan, otros mantienen distancia y quienes los rechazan caen en el saco de la minoría.
Pero volviendo al tema del transporte, queremos enfatizar la falta de empatía y el abuso de muchos chóferes de triciclos eléctricos que cobran excesivamente por cortas distancias y nos dejan sin muchas opciones para la movilidad.
Hace poco iba a tomar un triciclo particular desde 23 y 26 hasta el Coppelia. Me monto en el triciclo y de inmediato pregunto el precio hasta la dirección, el chófer responde de inmediato pero por el ruido ambiental no escucho. Vuelvo a preguntar y ya con menos bulla le entiendo 300 pesos por tan pocas cuadras.
Si 150 pesos ya lo consideramos caro imagínense tener que botar literalmente el doble de dinero por una trayectoria que no demora ni 15 minutos de viaje y a velocidad lenta.
Me alarmó la cifra y le pedí ahí mismo que se detuviera que no iba a pagarle los 300 pesos, era demasiado dinero. Paró, me bajé y cuando llevaba unos pasos en dirección contraria al triciclo me gritó, espera, vamos que te llevo por 200 pesos.
No tuve otra opción, tuve que volver a montarme. En la avenida 23 se veían muy pocos carros y necesitaba moverme más rápido que lo que la velocidad de mis pasos me permite.
Quienes no tienen otra alternativa de recurrir al transporte colectivo viven diariamente en una agonía. El privado es caro, el público como los triciclos amarillos y las gazellas tienen pocos carros y por la desbalanza del precio se saturan y el servicio es muy lento.
Otra crítica a hacer es la poca bondad de algunos choferes de carros estatales que circulan en la vía y no brindan su medio para mover a otros trabajadores, mujeres con niños. Es verdad que son pocos, pero por eso mismo los pocos que se mueven se ven con espacio en la parte de atrás con posibilidad de montar a personas.
Los cubanos somos resilientes, creativos y no debemos perder el humanismo y la solidaridad que nos ha caracterizado como nación a lo largo de los años.
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