Queremos más árboles

Sembrar es invertir en la salud humana y en el bienestar de la fauna y nuestras comunidades.
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Árboles en Quinta avenida

Imagen tomada por la autora

Fuente:
CubaSí

En Cuba vivimos una constante ola de calor, un calor abrasador que agota de solo respirar el aire húmedo, ese vapor que nos hace sentirnos empapados e incómodos día y noche aunque llevemos poca ropa, estemos a la sombra, nos duchemos a cada rato o nos bebamos un galón de agua.

Cuando llueve, y si es suficiente y lo bastante tarde como para que el sol no caliente de nuevo cada superficie, refresca, pero a veces pasan días sin que caiga una sola gota del cielo y ahí es cuando le queremos rezar a las once mil vírgenes y hasta bailar el areíto para invocar a Zeus, también Dios de la lluvia, o a Chronos para que acelere el paso de los peores meses del año y luego ralentice al llegar nuestro invierno que, si bien no es gélido como en las postales típicas, nos permite al menos dormir sin mojar la cama de sudor.

Entonces los problemas serían todos los demás, pero con menos temperatura, y ya eso lo haría soportable.

Sin embargo, popularmente se piensa que para abatir esa fuerza del verano solo nos hace falta aire acondicionado y mucha agua. Esto ayuda, claro está, pero afuera seguirá siendo caluroso y, económicamente, es insostenible mantenernos climatizados las 24 horas del día durante meses. Además existe nuestra realidad circunstancial.

Sobre todo porque poco puede incidir en que afuera esté tan ardiente como siempre es que deberíamos tener en cuenta un asunto que me parece demasiado importante no solo para los seres humanos sino para todas las especies y el equilibrio medioambiental: la tala de árboles.

No, no es una locura, sí tiene relación directa y no es nada nuevo, por eso me llama la atención que de manera indiscriminada muchas personas quieran tener el paisaje desprovisto de vegetación más allá de la que quepa en macetas. Ese comportamiento de deforestar el entorno es por completo una actitud ignorante que trae muchísimas malas consecuencias, una de ellas es que el calor sea una agonía mayor.

Obviemos en este momento todo lo que representa un árbol, que es vida, concentrémonos en cómo incide en mitigar la temperatura, en cuál es su papel fundamental para el clima mientras recordamos cómo eran hace pocos años nuestras calles y cómo se ven hoy.

Al menos la mía, donde vivo, solo a nivel de parterre tenía siete árboles y actualmente quedan dos. Es cierto que son ocujes enormes, de unos veinte metros de altura, y mucho follaje, y que en tiempo de ciclón tengo el temor de que con la fuerza de los vientos alguno de ellos caiga en mi techo. También es verdad que me molesta que sea "el bar del árbol" —así le dicen y ya sabrán el motivo— porque además de la estancia de personas que solo traen algarabía hay que agregarle la música alta y persistente, los ruidos de carros y motos que parquean allí para hacer sus labores de mecánica, incluso funciona como puesto de dominó y taller de herreros. Todo esto es imán de la vulgaridad y gran cantidad de residuos, y aunque la culpa no la tienen los árboles, es por ellos que no existe descanso ni de día ni de noche.

No obstante, nunca se me ocurriría apoyar que los corten a ras del suelo, pero sí que los poden un poco porque los cables de electricidad y teléfono se encuentran enredados por sus ramas. Entiendo, más allá del descontento que me produce el uso que le dan mis vecinos, que esos árboles traen más beneficio que pérdidas. Por eso critico tanto que el paisaje cada vez esté más desprovisto de verdes y me sorprende que, con los calores que tenemos, tantos individuos se empeñen en tener sus entornos desiertos, tan provechoso que es tener cerca una fuente de sombra y brisa.

Urbanismo no es sinónimo de ausencia de naturaleza. Así es en toda temporada, pero en el verano el árbol es un aliado porque su sombra protege la vida. Cuando los termómetros indican incremento de los grados Celsius los árboles se convierten en uno de los recursos naturales más valiosos de las ciudades porque la penumbra que ofrecen reduce el impacto del calor, mejora la calidad del aire, disminuye la temperatura del entorno y ofrece refugio tanto a personas como a aves, insectos y otros animales.

 

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Árboles florecidos

Imagen tomada por la autora

 

Podarlos en exceso está mal, mucho más esa iniciativa de querer borrarlos por completo. Es una práctica totalmente desaconsejada por especialistas. El desmoche es una intervención drástica que elimina gran parte de la copa del árbol bajo la creencia de que así se evitan riesgos o se favorece su crecimiento. La realidad es otra.

Expertos aseguran que las hojas constituyen la "fábrica de alimento" del árbol. Esto quiere decir que mediante la fotosíntesis producen la energía necesaria para su desarrollo, y al eliminarla, efectivamente pierde su capacidad para "alimentarse", se debilita y vuelve más vulnerable a plagas y enfermedades. Es por ello que en un intento por regenerarse produce ramas nuevas que pueden resultar frágiles y propensas a romperse.

¿Por qué decimos que es todo ganancia en verano? Porque la sombra que proyecta es capaz de reducir considerablemente la temperatura del la superficie que tenga debajo o cerca, ya sea la calle o una casa.

Esto ayuda a disminuir el efecto de las conocidas como "islas de calor urbanas". No es todo, los árboles contribuyen a conservar la humedad del suelo, filtra contaminantes presentes en el aire y libera vapor de agua que refresca el ambiente.

Los beneficios van mucho más allá del confort humano. Los árboles son verdaderos ecosistemas porque en ellos anidan aves, encuentran alimento polinizadores como abejas y mariposas, y es hogar de diversas especies que conforman parte del equilibrio natural de los alrededores. Cada poda innecesaria durante la época reproductiva puede afectar nidos, refugios y fuentes de alimento.

Esto no significa que debemos dejarlos crecer sin control. La poda debería realizarse con la guía de técnicos y siempre con respeto a la biología de cada lugar y la época.

Un asunto distinto es que sembremos en la ciudad árboles adecuados. Con tantas variedades que tenemos podemos perfectamente escoger la que sea indicada para cada zona. En áreas como parques puede caber casi cualquiera, pero cerca de edificaciones y calles habría que seguir recomendaciones para que no se dañen infraestructuras. Por ignorar este aspecto es que vemos aceras y fachadas destruidas, redes eléctricas y alcantarillados dañados, pero ¿es culpa del árbol? Es responsabilidad nuestra.

Frente a la tala o la poda indiscriminadas, la mejor estrategia es sembrar más, con planificación. Es recomendable elegir plantas apropiadas para cada espacio y así evitar futuros conflictos. De ese modo lograremos convivir durante mucho tiempo con la naturaleza, no es cuestión de estética, es sobre todo por salud ambiental. Nos favorece a todos.

Sugerimos una gestión urbana moderna que apueste por el verde, que privilegie árboles que se adapten al clima local al tiempo que considere con antelación las dimensiones que alcanzarán sus raíces y  copa porque prevenirlo reduce costos de mantenimiento y protege infraestructuras y el patrimonio verde.

En un contexto de veranos cada vez más calurosos y eventos extremos asociados al cambio climático, los árboles dejan de ser un elemento ornamental para convertirse en uno indispensable. Son aliados para nuestro bienestar como ciudadanía y también para la conservación de la biodiversidad.

Necesitamos más árboles, no menos. Queremos calles donde podamos caminar bajo la sombra, zonas que sean oasis no solo visual, sino que refresquen el ambiente, en fin, ciudades capaces de albergar vida. Sembrar es invertir en el futuro de nuestras comunidades.

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