POTUS y sus problemas domésticos
Una efigie del presidente estadounidense Donald Trump. Archivo EFE/EPA/WILL OLIVER
POTUS es el acrónimo en inglés de President of the United States y le sigue un número que se corresponde con el mandato consecutivo; así que Trump 2.0 sería POTUS 47.
Pues POTUS47 está ahora mismo enfrentando serios problemas de gobernabilidad, asedio político especialmente de matiz electoral, desafíos al parecer infranqueables en materia económica y para colmo de males, un creciente aislamiento internacional.
Empezando por la noticia de “última hora”, la decisión de la conservadora Corte Suprema de Justicia, de declarar ilegal la mayoría de los aranceles, que durante estos casi 13 meses Trump ha impuesto a trillos y troyanos. Aún es prematuro para aquilatar los alcances concretos de esta medida, que pueden implicar que tenga que devolver la bicoca de 133 mil millones de usd, al parecer a corporaciones importadoras, o tal vez a los consumidores estadounidenses, que sumados han absorbido, según el Banco de la Reserva Federal, el 90% de los polémicos tributos.
En fin, como quiera que se mire es un anuncio de un auténtico aquelarre, de impacto socioeconómico. Y bueno, Trump/POTUS siendo Trump, reaccionó subiendo al 15% los aranceles generales a todo el mundo; se verá como sigue está historia porque detrás de esta decisión del alto tribunal, hay al menos 12 demandas de gobernadores, todos demócratas, que el pasado año tramitaron lo que terminaría siendo un final feliz para ellos, políticamente hablando, y de paso para dicho partido.
Paradójicamente, la noticia puede suponer un alivio para reducir la presión que dichas gabelas han ejercido a favor del incremento del Índice de Precios al Consumidor, es decir, la inflación, que con un incremento del 2,7% al cierre del 2025, mostró un comportamiento moderado, pero con un efecto negativo para la economía, al decir de la mencionada Reserva Federal, ya que se da en un contexto de inflación acumulada, sumado a alarmantes desequilibrios fiscales, que en conclusión ponen en entredicho la promesa trumpista de un rápido alivio generalizado, acompañado de estabilidad económica.
Y a propósito de ese contexto negativo y en todo caso asociado a ello, el crecimiento del empleo se desaceleró, aumentando la tasa de desempleo, lenta pero sostenidamente. En números concretos significa que hay más de 1 millon de empleos menos disponibles, la cifra más alta en los últimos 20 años.
En la acera de enfrente, donde habitan los super ricos, allí desde luego hay otra situación. Durante el primer mandato de Trump, al empezar en el 2017, este hizo aprobar la Ley de Recortes de Impuestos y Empleos (Tax Cuts and Jobs Act), que provocó importantes exoneraciones a este reducido y privilegiado micro grupo, en el orden del 2/3% anual por ingresos personales, sumando unos 13 600 millones de usd anuales al 10% más rico del país, según la Oficina de Presupuestos del Congreso (CBO).
La Tax Cuts and Jobs Act debe expirar en este 2026, pero no hay noticias al respecto, lógico, los implicados son también los dueños de los medios de comunicación; de todas formas, la propia ley de marras dejó claro que la eventual expiración de esta no incluye a las llamadas tasas corporativas, el 40% de la tasa nominal, que es un record en materia de disminución de carga fiscal. Así las cosas, los super ricos, propietarios lógicamente de las corporaciones, pierden un poco por un lado, pero la tajada grande se mantiene. Parece un chiste.
Siguiendo con este inventario de desafíos socio económicos, hay que añadir el incremento sostenido de la deuda externa, que actúa quizás como la principal palanca de financiamiento del también imparable déficit fiscal, que en números redondos es el más alto del mundo. Mientras que la deuda se aproxima a equivaler a más del 95% del PBI, el déficit fiscal resulta el más alto en la historia de EEUU, por encima del 5,8%. Ya se sabe, gracias al denominado señoreo del dólar americano, Trump puede lidiar o más bien, patear hacia adelante, un quiebre colosal.
Pues esta es la base material, la estructura económica que explican las crecientes tensiones políticas de POTUS47. Y la forma que ha encontrado Trump para encarar este asunto es generando una suerte de violencia inducida, fríamente calculada, como la que practica el ICE contra la población migrante, dejando como “daño colateral” al resto de los ciudadanos, que habitan en las comunidades y vecindarios invadidos.
Pero la singular guerra contra la población de origen latino, tiene en rigor un trasfondo socio clasista, con enormes contradicciones al ser trabajadores indispensables y al unísono artificialmente aborrecidos por el oficialismo. La razón es simple.
Desde la perspectiva trumpista fue pertinente convertir a los latinos en enemigos número uno, no únicamente por siniestras razones raciales, que las hay, sino porque evidentemente el terror en las comunidades latinas conlleva que aquí sea muy improbable exigir derechos laborales; de manera que latino que se respete cobra menos por igual labor, si se entiende el sarcasmo simplificado.
Y no es raro que el trumpismo sea abanderado de esta política fascista, recuérdese que una parte de la base MAGA es de propietarios agropecuarios, y está hasta el mismísimo Trump, vinculado en sus orígenes al negocio inmobiliario y de la construcción, también de los servicios, justo los sectores donde más latinos están contratados.
Así que hay un abanico de tensiones sociales, que parecen viajar en un tren bala, resumidas en más desigualdad, más cara la vida para sectores medios y trabajadores, a lo que se suma un estado que como el Titanic se bandea entre iceberg gigantescos, como una deuda externa y un déficit fiscal, a estas alturas con pronóstico de evolución francamente muy desfavorable.
Y encima de este royo las presiones, también inmanejables, del complejo militar industrial, que ha puesto a escoger al gobierno federal entre mantener ciertos beneficios, como el apoyo a sistemas de salud, o incrementar hasta el infinito las utilidades por la comercialización de armas, que según el secretario de la Guerra, el sr. Hegseth, rompió record de exportaciones en el 2025, algo que celebró junto a Mr. Rubio y Trump, como si hablaran de medicamentos o alimentos para niños.
Es muy útil poner en perspectiva lo que viene ahora teniendo en cuenta los anteriores argumentos, es decir las elecciones parlamentarias de medio tiempo, que bien puede compararse con una especie de guerra de vanidades, en el sentido bíblico del término, según Eclesiastés 1:2.
El torneo entre los dos principales contrincantes, republicanos y demócratas, sigue a una saga de elecciones estaduales o locales donde como indicativo predominante, siempre ha prevalecido un candidato demócrata; entre ellos algunos muy mediáticos como el actual alcalde de Nueva York, socialista dicen, la capital del capitalismo mundial, hasta una ex oficial de la CIA devenida en gobernadora y portavoz de valores progresistas, increíble.
Ciertamente es prematuro para elucubrar, con algún margen de éxito, cuales podrían ser los resultados de estas elecciones, pautadas para el martes 3 de noviembre del 2026. Muchas cosas pueden pasar aún y las apuestas están marcadas en que más puede hacer POTUS47 para descalabrar a su partido, y con ello perder la mayoría en la Cámara de Representantes, y con buena suerte para la oposición, también que esta obtenga la más esquiva mayoría en el senado.
A la pregunta de cómo Trump está enfrentando esta probable derrota, que según él mismo dice, hasta derivaría en un juicio político, pues naturalmente como suele hacerlo, tratando de saltarse lo establecido. De ahí que ya se inventó una ley para reformular las tradicionales reglas del juego, es decir el sistema estadual de organizar la contienda, culpando para no variar a supuestas avalanchas de migrantes indocumentados, que “votan” a los demócratas.
Y aquí no se va a profundizar en la macro telenovela de Jeffrey Epstein, porque es un culebrón que se incluye en la mencionada guerra de vanidades, que ha terminado siendo una impresionante historia de espionaje al estilo sionista, ya se sabe, donde el respeto a la vida infantil no existe en ninguna de sus variantes. Y como no podía ser de otra manera, también POTUS47 aparece en miles de files.
En todo caso está por ver cómo impacta este escándalo en la base cristiana fundamentalista, que pulula en MAGA, y no sería extraño que este asunto se mimetice dentro de otros tantos que rodean al mandatario, con récord de causas judiciales entre todos los presidentes estadounidenses que le precedieron.
Abordar en este punto el zafarrancho trumpista en materia de política exterior, seguramente contribuiría a entender mejor el porvenir inmediato del desgobierno de POTUS47. Pero en rigor y sin quitarle relevancia al asunto, la historia demuestra que salvo contadas ocasiones, este rubro no aparece en la cabeza de los votantes, o tal vez con mucho menor rigor.
Claro, ya se ha explicado, hay un rechazo al aventurerismo militar, algo que en MAGA es consensuado por cierto, pero no suele ser por escrúpulos antimperialistas, sino porque hay una sensación que ese tipo de políticas guerreristas traen más males que glorias, para decirlo apretadamente.
En el camino, aparecen constantes y polémicas encuestas que muestran una sostenida tendencia a la pérdida de popularidad de POTUS47; la aceptación a este ronda el 35%; incluso hasta en la política migratoria, tras los “excesos” de ICE, también la mayoría de más del 50% rechaza al inquilino de la Casa Blanca.
Al respecto, y más allá de los entusiasmos que estos guarismos provocan, se sugiere prudencia, al fin y al cabo, también en este asunto existe la subjetividad o el comportamiento políticamente concreto, de las empresas encuestadoras. Recuérdese, Trump ya ha ganado dos veces, cuando las mediciones “más respetables” y el sentido común indicaban otra cosa.
En conclusión y más allá del clima de confusión trumpista, como uno de los signos distintivos de este gobierno, lo cierto es que al parecer la ultra derecha estadounidense, que apostó a un repunte indiscutible de la grandeza imperial, ha encontrado no pocos escollos para lograrlo. El mundo es otro, y la sociedad estadounidense necesita un reseteo, pero seguro que no en la dirección que la plutocracia decadente espera, más allá del rey bufon, POTUS47, al que pusieron al mando del “operativo rescate”.
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