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Pino-Kast ya hace de las suyas

Reírse de Kast no es suficiente. La derecha perfecciona el arte de gobernar a patadas. Ese desajuste no es anecdótico. Es el síntoma más revelador de una crisis orgánica de la política popular.
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Protestas estudiantiles contra medidas de Kast

Protestas estudiantiles contra medidas de Kast

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CubaSí

Ya los carabineros y el ejército pulen sus armas, por si las protestas que se avecinan contra el presidente ultraderechista José Antonio Kast puedan representar algún peligro para el fanático del dictador Augusto Pinochet, quien firma decretos que van desmantelando lo que queda del Estado y se burla de las caricaturas -eso que llaman memes- que lo ridiculizan, pero no pueden detenerlo en el mal que se avecina para el pueblo chileno, incluidos muchos de quienes lo eligieron con una amplia mayoría de votos.

Reírse de Kast no es suficiente. La derecha perfecciona el arte de gobernar a patadas. Ese desajuste no es anecdótico. Es el síntoma más revelador de una crisis orgánica de la política popular.

En apenas 69 días de gobierno, la remoción ministerial más rápida desde el retorno a la democracia negociada en 1990, Kast sacrificó a la ministra de Seguridad Trinidad Steinert y a la vocera Mara Sedini. Dos mujeres que pagaron los costos políticos de la ineficacia de un programa que prometía orden y no lo entregó. El ministro del Interior Claudio Alvarado acumuló las funciones de portavoz, concentrando el poder de articulación legislativa en un solo hombre de perfil duro.

La geometría del ajuste habla por sí sola, el gobierno no corrigió el rumbo, fusionó el poder para acelerar en la misma dirección. Y la oposición institucional, heredera de Gabriel Boric, respondió con lo de siempre, con declaraciones de condena sin propuesta, sin movilización, sin base social que las respalde. Un estudio del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) del 2024 ya advertía que la confianza en los partidos de izquierda había caído a un 8% entre los sectores populares. No es que la gente se haya vuelto de derecha. Es que aprendió que la izquierda chilena falla en los momentos precisos.

En ese vacío, lo que ocurre no es un accidente sino una estrategia. El miércoles 20 de mayo de 2026, la Cámara de Diputados aprobó por 90 votos contra 59 el llamado Plan de Reconstrucción Nacional, la megarreforma que agrupa más de 40 medidas y que ahora aguarda en el Senado. La también bautizada Ley Miscelánea incluye la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, invariabilidad tributaria para grandes inversiones y la aceleración de permisos medioambientales, es decir, la teoría neoliberal que los Chicago Boys aplicaron durante la dictadura, refrita y presentada como reconstrucción.

La paradoja es que el propio Consejo Fiscal Autónomo, organismo técnico e independiente, advirtió categóricamente que la iniciativa generará déficit fiscal al menos hasta el 2031, que los costos tributarios son inmediatos y seguros, mientras que los beneficios dependen de ingresos futuros cuya materialización es incierta. Kast respondió que no detendrá el avance. La encuesta Data mostró que el 62% de la ciudadanía percibe estas reformas como “un retroceso o un gran retroceso”.
Aun así, la reforma avanza como demostración de que en política, el poder real no se negocia en la opinión pública, se ejerce desde la estructura institucional que la derecha lleva décadas construyendo.

Y esa estructura tiene un aparato de comunicación que la oposición no ha querido o podido disputar. El duopolio de El Mercurio y La Tercera, de los grupos Edwards y Saieh respectivamente, sigue controlando la agenda de la prensa escrita. En la televisión abierta, el grupo empresarial Luksic domina la señal de la Universidad Católica y la familia Solari es propietaria de Megavisión. La televisión pública sobrevive en condiciones de desventaja estructural porque debe competir por publicidad comercial en el mismo mercado que sus adversarios, y en Chile no existen radios ni diarios públicos que contrarresten ese desequilibrio.

Sobre este ecosistema mediático concentrado, el gobierno de Kast opera con comodidad. No necesita convencer, le basta con inundar. El mismo Canciller Francisco Pérez Mackenna, ex presidente de la Asociación de AFP, es la encarnación de ese proyecto, un hombre que pasó de defender el sistema de pensiones privado a representar internacionalmente al Estado que supuestamente debe regularlo. El capital y el gobierno no son dos actores distintos, hace tiempo que se sentaron a la misma mesa.

En fin, Kast no ganó porque convenciera, sino porque los demás dejaron vacío el lugar de la utopía. Si la izquierda no ocupa ese lugar con un programa transformador real, lo ocupará el populismo de derecha o el oportunismo de cualquier outsider con buena conexión a internet.

El problema de fondo es que criticar y ridiculizar al enemigo nunca ha sido, por sí solo, un programa político, antes eran las piñericosas. La sátira tiene una función social legítima, desnaturaliza el poder, expone la arrogancia, humaniza al adversario mostrando sus contradicciones. Pero la sátira sin organización es fuego de artificio. Ilumina por un momento y luego deja más oscuridad.

Mientras los tuits se burla del gobierno, Kast aprueba la desregulación ambiental, recorta el presupuesto educativo y en salud, avanza en los indultos a violadores de derechos humanos y hace aprobar en la Cámara una reforma que, como apuntamos, profundiza el déficit fiscal hasta 2031 para beneficio de las grandes empresas.

LO QUE TEME

La derecha no teme a los memes. Teme a las huelgas, a los territorios organizados, a la movilización que construye poder desde abajo.

Este lunes 25 de mayo la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) convocó una movilización en todo el país en rechazo a las políticas de ajuste social y económico impulsadas por  Kast, informó Telesur.

La protesta popular se realizará estratégicamente dos días después de que el mandatario derechista presente su primera Cuenta Pública ante la nación, prevista para el 1ro de junio. La jornada de lucha a que convocan los estudiantes marcará el inicio de un ciclo de movilizaciones estudiantiles y ciudadanas frente al rumbo neoliberal del Ejecutivo.

Semanas atrás, mediante un oficio, el Ministerio de Hacienda recomendó descontinuar 15 programas y aplicar recortes presupuestarios de al menos el 15% en 42 programas. El documento muestra rebajas relevantes en el sector educacional público, en el orden de miles de millones de pesos y en áreas sensibles, especialmente en educación superior, gratuidad y créditos estudiantiles.

Bajo la consigna «Por una educación al servicio del país», la principal organización estudiantil chilena liderará las manifestaciones para repudiar los severos recortes presupuestarios aplicados en el sector de la enseñanza.

Medios chilenos informaron que entre los programas que se propuso descontinuar figura el Programa de Alimentación Escolar (PAE), el cual entrega desayunos, almuerzos, colaciones y cenas a estudiantes en desventaja social, económica, psicológica o biológica; que cursen educación prebásica, básica, media o de adultos. Estas propuestas de Hacienda tendrían que ser aprobadas por el Congreso para formar parte de la Ley de Presupuestos 2027.

El movimiento estudiantil rechaza de manera categórica el programa oficial denominado «Escuelas Protegidas», una iniciativa gubernamental que prioriza exclusivamente el control policial y la aplicación de medidas punitivas para enfrentar la violencia escolar, ignorando deliberadamente las causas socioeconómicas subyacentes del problema.

La Confech, organización nacida en 1984, durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, y que agrupa a la gran mayoría de las federaciones de estudiantes universitarios del país, sumó a sus demandas el rechazo a la denominada “megarreforma”.
Esta propuesta legislativa promovida por el gobierno de Kast ante el Congreso busca rebajar los impuestos a las grandes fortunas y corporaciones privadas, afectando directamente los servicios públicos y profundizando la desigualdad social.

Esta nueva convocatoria da continuidad a la marcha realizada el pasado 26 de marzo desde la antigua sede del Parlamento en Santiago. El movimiento estudiantil ya había salido a las calles para protestar contra las políticas oficiales de austeridad que golpean programas de alimentación, becas estudiantiles y el alza del precio de los combustibles.

 

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