PENSANDO Y PENSANDO: Diálogos en Upsalón

Imaginemos un diálogo a la manera de Sócrates y Platón en La Habana de los tiempos de pantallas interconectadas... ¡Triunfo del barroco! Imagen generada con IA.
José Cemí, Fronesis y Foción sostienen en Paradiso uno de los diálogos más célebres y desconcertantes de la literatura cubana. En el capítulo IX de la novela de José Lezama Lima, estos jóvenes universitarios discuten sobre sexualidad, deseo, cuerpo y espíritu con una densidad filosófica y cultural que resulta francamente irreal.
Sus intervenciones parecen más cercanas a un simposio clásico que a una conversación entre estudiantes habaneros. Hablan como si en ellos convivieran simultáneamente Platón, Santo Tomás, los barrocos españoles y la tradición humanista occidental.
Incluso en tiempos en que la universidad podía ser espacio de debates intelectuales relativamente ajenos al utilitarismo inmediato, esos diálogos resultaban prácticamente imposibles de sostener oralmente. Pero ahí radica justamente una de las claves de la novela. A Lezama nunca le interesó el realismo tramposo de la reproducción mimética de la realidad. Paradiso no intenta copiar cómo hablaban realmente los jóvenes universitarios cubanos de la época. Su apuesta era otra: convertir el diálogo en una forma de dramatización del pensamiento, en un escenario donde las ideas adquieren espesor poético y metafísico.
Aquellos parlamentos desmesurados son ejercicios de erudita imaginación. Lezama construye un universo verbal en el que la discusión filosófica se vuelve experiencia estética.
La Universidad de La Habana —transfigurada simbólicamente en Upsalón, nombre de resonancias clásicas y humanistas— deja de ser únicamente un espacio físico para convertirse en territorio mítico de la cultura y del conocimiento. Allí las ideas todavía parecen capaces de comprometer la existencia entera.
Y sin embargo, detrás de esa aparente artificialidad, hay algo profundamente seductor. Los diálogos de Cemí, Fronesis y Foción evocan la vieja tradición socrática y platónica, aquella concepción del pensamiento como conversación interminable entre amigos. En ellos hay una fe absoluta en el poder humanista de la palabra, en la posibilidad de que el intercambio intelectual permita comprender mejor el mundo y comprenderse mejor a sí mismos.
Hablar no es allí un simple ejercicio utilitario: es una forma de búsqueda espiritual.
Quizás por eso ese capítulo produce hoy una extraña nostalgia; no necesariamente por las posiciones concretas defendidas en el debate —algunas de las cuales han sido reformuladas o superadas desde múltiples perspectivas contemporáneas— sino por la intensidad misma de la conversación.
En tiempos marcados por la rapidez, la hiperconectividad, la fragmentación del conocimiento y la especialización creciente, parecen cada vez más raros esos ámbitos en los que las ideas pueden desplegarse lentamente, atravesadas por referencias filosóficas, literarias y culturales compartidas.
La paradoja resulta fascinante. El contenido de aquellos diálogos era profundamente heterodoxo para la Cuba de los años sesenta. Las discusiones sobre homoerotismo y deseo que Lezama pone en boca de sus personajes provocaron escándalo y suspicacias en un contexto cultural particularmente complejo. Y sin embargo, esas ideas transgresoras aparecen expresadas mediante una forma casi clásica, heredera del diálogo platónico y del gran coloquio humanista occidental.
En Paradiso, se ha dicho muchas veces, conviven ruptura conceptual y tradición cultural.
Hoy tal vez muchos estudiantes universitarios encuentren excesivos, artificiales o incluso agotadores esos parlamentos interminables de Fronesis. Y probablemente tengan razón. La novela responde a otra temporalidad, a otra relación con la lectura, la memoria y la conversación.
Pero el hechizo permanece.
Más allá de su dificultad y de su barroquismo, Paradiso sigue defendiendo la idea de que la universidad debe ser también espacio para el pensamiento libre, para la especulación intelectual y para el diálogo profundo sobre aquello que define la experiencia humana.
Maravilloso por utópico sería que todos los universitarios —no solo quienes estudian carreras humanísticas— se acercaran alguna vez a la aventura intelectual de este clásico. Tal vez no todos consigan atravesar completamente la selva verbal lezamiana.
Pero la poderosa irradiación cultural de la novela sigue actuando sobre quien se atreve a entrar en ella. El gran debate de Cemí, Fronesis y Foción continúa validando algo esencial: que la conversación inteligente, apasionada y abierta sigue siendo uno de los fundamentos más nobles de la cultura y de la universidad.
Añadir nuevo comentario