Leyanis sigue en modo estrella

Ya no quedan dudas, la triplista cubana Leyanis Pérez pasó página definitivamente de su mala experiencia olímpica y ha comenzado a explotar como debe ese tremendo talento que la acompaña.
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Leyanis Pérez se consagra como la mejor del planeta en el triple salto. (Foto: Internet)

Leyanis Pérez se consagra como la mejor del planeta en el triple salto. (Foto: Internet)

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CubaSí

Ya no quedan dudas, la triplista cubana Leyanis Pérez pasó página definitivamente de su mala experiencia olímpica y ha comenzado a explotar como debe ese tremendo talento que la acompaña.

No es poca cosa de la que se habla, pues a veces resulta traumático para muchos deportistas quedar por debajo de las expectativas en un torneo grande, pero la pinareña estaba muy clara de que le quedaban todavía muchos años de carrera y si no cambiaba el chip, quedaría en eterna promesa.

El Mundial de atletismo bajo techo recién concluido en Polonia fue otra muestra más de recuperación, al conservar el título alcanzado en la cita anterior, esta vez incluso por delante de la estrella venezolana Yulimar Rojas, quien tuvo que conformarse con la medalla de plata.

Sus 14 metros y 95 centímetros le exigieron a la mejor especialista de esta prueba en los últimos años hacer algo que, al parecer, ya no está en sus zapatillas después de aquella lesión en un tendón de Aquiles sufrida en un entrenamiento en abril de 2024.

En cualquier caso, el listón de la antillana siempre estará alto, y habrá que estar en estado de gracia para superarla, pero incluso si ocurre eso a lo largo del camino, creo que ya tiene las herramientas para no venirse abajo y saber que un día malo lo tiene cualquiera.

No ha sido nada fácil llegar a la consagración, se trata de una epopeya forjada en sudor, sacrificio y pasión. Aquí hay muy poco margen para la fortuna o la casualidad. En cambio, existe una férrea disciplina para desafiar sus propios límites y alcanzar la gloria eterna.

Cada gota de sudor que resbala por su frente es un tributo al compromiso incansable, pero Leyanis sabe también que como mismo no hay espacio para la duda, tampoco lo hay para la contemplación efímera, pues la consagración exige una entrega total y jamás dormirse en los laureles.

Es un camino arduo y solitario, ella lo sabe, pero solo los perseverantes merecen el cetro de la victoria, porque la consagración no llega como un regalo, sino como la recompensa a años de lucha continua, a madrugadas frías y días inclementes, a la soledad que muchos no ven ni entienden, y a sobrevivir incluso a las críticas muchas veces injustas e hirientes.

Lo que le depara el futuro solo dependerá de ella, de sus largas zancadas y sus sueños postergados, de su afán por alcanzar la gloria que se le escabulló sin permiso.

Aquella niña hecha un manojo de nervios sobre la pista de París ahora es una fiera que parece no tener techo y cuyos límites dependen única y exclusivamente del poder de su mente para impulsar sus piernas.

Esta carrera apenas está empezando, pero se va a poner mucho mejor, porque Leyanis ya activó el modo estrella.

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