Lección desde el espacio

Imagen tomada de https://www.nasa.gov/
El mes de abril empezó con una noticia alentadora que a ratos nos sacó de esa cotidianidad de crisis mundial que vivimos, no por cercana, la verdad, sino por novedosa y porque nos hace soñar, nos enajena. Se trata de la misión espacial Artemis II que tuvo como objetivo sobrevolar la luna, nuestro único satélite natural. La operación estuvo liderada por la famosa estadounidense Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, NASA, y fue un vuelo tripulado que duró nueve días, una hora, 32 minutos y 15 segundos hasta que amerizó el 10 de abril con total éxito.
Durante ese tiempo cuatro astronautas a bordo de la nave Orion le dieron la vuelta a la luna en un recorrido que destaca por ser el que más se ha alejado de la Tierra y más profundo ha estado en el espacio. Esto ocurrió después de casi 54 años sin que se cumpliera una nueva misión tripulada hacia allá, con Apolo XVII en diciembre de 1972. El objetivo de esta hazaña fue aportar a las investigaciones científicas previas a que, finalmente, se materialice la idea de volver a pisar la superficie lunar, aspiración del programa para 2028 con Artemis IV.
Además, para ello pretendía estudiar partes como cráteres y antiguos flujos de lava que han sido poco observados, así como probar los sistemas de soporte vital y de seguridad de la nave en cuestión, todo ello con el propósito visionario de volver, construir una base lunar y establecer presencia humana permanente y segura, el sueño de la humanidad desde tiempos remotos: conquistar el universo.
Parte de la exploración incluyó evaluar el comportamiento de sus cuerpos, en específico la respuesta del sistema inmunológico y el efecto de la radiación profunda. También se probaron nuevas vías de comunicación por láser con alta definición y por si no bastara, presenciaron un eclipse solar total, privilegio de pocos. Otro dato interesante y mediático es que Artemis II llevó, por primera vez al espacio, a una mujer, a un hombre negro y a un canadiense.
En realidad no es un acontecimiento que nos atañe mucho, no cambia el curso de nuestras vidas, no ejerce ninguna influencia más que cultural y de entretenimiento porque es un contexto demasiado distante para la mayoría. Pero nos llama la atención todo lo que tenga que ver con ese universo desconocido, con el espacio, las estrellas, la luna, tan protagonista de nuestras noches y más. Nos parece increíble ver a los astronautas flotando en medio de la nada, tan confiados rodeados de inseguridad porque no hay calles para regresar corriendo a casa y todo es tan incógnito que fascina e intimida.
Además, en mente siempre tenemos no solo eso, también lo que la ficción nos ha recreado durante años con visiones dramáticas y futuristas. Desde misiones fallidas, guerras espaciales, criaturas exóticas de muchas bocas y hambre de humanos; hasta perspectivas más realistas y emotivas a partir del desastre cósmico como las que vimos en Gravity (2013) y The Martian (2015).
Más o menos fantasioso y oscuro, siempre el denominador común es la tensión. Por eso no podemos mirar el fenómeno sin esa mezcla de interés y ansiedad, máxime cuando en la vida real han ocurrido siniestros, incluso a la vista del mundo en televisión. Recordemos el transbordador espacial Challenger desintegrado durante su lanzamiento en 1986 y que con él murieron siete personas que ni siquiera pudieron alcanzar la meta del espacio exterior. Y como esta hay otras operaciones que fallaron.
En fin, todo lo que se relacione con el cosmos y sus procedimientos son muy publicitados y observados. Afortunadamente ahora con el incremento de la tecnología es mostrado en tiempo real en distintas plataformas digitales y eso lo hace más cercano aún a cualquiera. Nos gusta, aunque no entendamos los términos técnicos, pero sabemos lo elemental que es subir a alta velocidad hasta traspasar la línea de Kármán que nos separa del espacio exterior y que quien la cruce se sume en una oscuridad absoluta, en la nada, el silencio total, lo desconocido que atemoriza o ensimisma.
Ya sabemos que es peligroso explorar el espacio, que allá arriba se está absolutamente por cuenta propia, aunque se mantenga comunicación con la Tierra y se reciban indicaciones para todo. Está tan lejos e ignoto, que solo genera preocupación y supongo no se esté en calma hasta que el amerizaje haya sido apropiado. Es una maniobra estresante, no solo para quien sube, sino para el equipo y los seres queridos que se quedan en vilo.
Estar al tanto de esta nueva expedición no me aportó mucho conocimiento sobre la luna y su lado oscuro, pero me hizo comprobar, una vez más, que el amor nos salva de la bruma. Es la mayor verdad. Se puede estar acabando el mundo allá afuera, con riesgo de perder todo tal y como lo conocemos, y aunque la incertidumbre del "qué será" siempre ofusca, el mayor peso de la agonía en tal escenario recae en la pérdida de nuestros seres amados, en el riesgo de no verlos más, en la frustración de no poder cumplir esa "bucket list" que reservamos por ahí. Y, por tanto, se convierten en el impulso, en motivo de todo lo positivo.
Sí, el amor es la fuerza que nos mueve y no saca cada día de un puntapiés de la cama para inventarnos proyectos. Es lo que nos hace ver la vida desde otro ángulo, con cierto optimismo. La vida sin amor es vacía. Digamos, amor en cualquier sentido, pues no falta quien desee vivir en soledad, pero seguramente tendrá otras pasiones.
Sin embargo, quién viva el amor consigue emprender cualquier ambición con ánimo. Pienso en ello porque en esta misma misión Artemis II tuvimos dos lecciones al respecto, ambas ocurridas el reciente seis de abril. En primer lugar, y de acuerdo con los reportes, los astronautas propusieron nombrar Carroll a un cráter de impacto que se encuentra cerca del límite entre las caras visible y oculta de la Luna. Se trata de un homenaje muy sentido hacia la fallecida esposa del comandante de la tripulación, Reid Wiseman, quien se mostró realmente emocionado.
Pudieron utilizar cualquier denominación, un código, una palabra al azar, un nombre común, pero optaron por uno auténtico por lo que encierra: el amor de un hombre, la adoración de un viudo, el sentimiento que conmueve a las personas, tal y como expresó más tarde en transmisión directa. Desde ahora y para siempre esa familia tendrá un lugar simbólico donde encontrar a Carroll, y bastará solo con mirar al cielo. ¿Existe poesía más completa?
Y no fue suficiente. Más tarde pudimos tener otra demostración de amor desde tan lejos. Posterior al acto de nombramiento del cráter, justo cuando iba a comenzar el "apagón" de 40 minutos porque el equipo estaría pasando por detrás de la luna, en plena comunicación pública con el centro de control de la NASA en Houston, el piloto Victor Glover envió a su esposa el mensaje "hey, babe, I love you from de moon". No hace falta saber mucho inglés para entender que le dice que la ama desde la luna. ¿Es posible ser más romántico?
Recordemos que no se encuentran en una vereda, es un entorno hostil, en el que la verdadera hazaña es ir y regresar sano y salvo, y por tanto se impone estar concentrado en el interés científico para que la misión sea exitosa. Pero es inevitable, no se puede separar al ser responsable del ser sensible. No importó la extorsión de la galaxia inexplorada, el compromiso con la historia sobre sus hombros. El cosmonauta, de camino a darle la vuelta a la luna, encontró un segundo para mirar hacia atrás, pero no hacia la Tierra, sino hacia ella, su amada que se hallaba sentada en la galería de la sala de operaciones.
No encuentro otra interpretación. No fue solo un mensaje, sino una proclama de que el amor es su fuerza más poderosa, y que ni siquiera la vastedad del universo, el apremio de una misión histórica, ni el aplastante silencio espacial pueden apagar un sentir así.
En ambos casos el amor cruzó el firmamento sin entender de órbitas ni de gravedad porque sin duda es así, es un impulso poderoso que ensimisma y hace vivir, es la fuerza que mueve el mundo y que supera tiempo y distancia.
El amor sí existe. Con Artemis II pudimos ver dos de sus formas. El tributo en la superficie lunar que equivale al "no te olvido" a la mujer amada que ya no está y que desde ahora tendrá un lugar que trascenderá la eternidad; y el mensaje del esposo que elige el amor por encima de la inmensidad. Con una simple frase el piloto Victor Glover nos recordó que, aún cuando la exigencia es ser fuerte, eficiente y enfocado, el sentimiento sobresale si es real, y que el amor resiste y salva del vértigo de la vida.
Añadir nuevo comentario