Las noticias viajan en avión

Dos interesantes noticias llegaron en avión a sus correspondientes destinos políticos, más allá de lo geográfico implícito. La visita del mandatario estadounidense a Beijíng, y la del jefe supremo de los espías de ese país, a La Habana. Vaya como que importantes personajes imperiales visitaron “epicentros del comunismo mundial”
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El director de la CIA John Ratcliffe viajó a La Habana

El director de la CIA John Ratcliffe viajó a La Habana a reunirse con las autoridades cubanas.

Fuente:
CubaSí

Dos interesantes noticias llegaron en avión a sus correspondientes destinos políticos, más allá de lo geográfico implícito.

La visita del mandatario estadounidense a Beijíng, y la del jefe supremo de los espías de ese país, a La Habana. Vaya como que importantes personajes imperiales visitaron “epicentros del comunismo mundial”, empujados por razones diversas aunque en el fondo parecidas. Veamos.

Trump aterrizó en la capital de la República Popular China, acompañado de la crema y nata de la plutocracia estadounidense, desde financistas hasta líderes del complejo tecnomililtar industrial.

Para no variar, Trump hizo gala de su sempiterna doblez y figuración que le caracterizan, toda vez que puesto en el plano de visitante ilustre y debe decirse que promotor de la visita, pues sencillamente bajo el nivel hasta el subsotano, de sus “aguerridas” amenazas contra el gigante asiático, y se desvivió en alagar al presidente chino, máximo líder del Partido Comunista de China, es bueno resaltarlo. Memes mediantes, predominó en la opinión pública, que se interesó por el evento, la sorpresa o directamente la burla, hacia el inquilino de la Casa Blanca, a quien presentaron en posturas muy poco honorables, de completa sumisión.

Cabe preguntarse ¿cómo la súper estrella Trump, con estatua de oro en Doral, una zona chic del sur de la Florida, llegó a este punto? ¿Qué hizo con su conocido ego?. Pues las necesidades, las terribles necesidades hacen milagros, diría el poeta. Y en las respuestas a estas preguntas están las razones del viaje.

Porque Trump arriba a Beijing, tras experimentar una rotunda, estratégica, derrota en Asia Occidental, en Irán. Este enfoque ha sido bastante tratado, con independencia que no menos de 7 veces Trump aseguró la victoria de las huestes estadounidenses ante los persas, lo cierto es que no se alcanzaron ninguno de los objetivos planteados para iniciar aquella agresión.

Más bien predominan los anti objetivos, si se entiende el termino, por caso, Irán sigue con su programa nuclear e incluso, medio que legitimado para convertirlo en militar, toda vez que si tuviera la tal arma nuclear de seguro no lo invadían; de estar abierto, el estrecho de Ormuz ahora está controlado y semi cerrado por Teherán; ni se hable de cambiar el régimen, porque el actual líder, hijo del vilmente asesinado, tiene las mismas convicciones del anterior, solo que más joven y más sano,  y para colmo, Israel ahora está más vulnerable que nunca, no olvidar ese detalle “menor”.

Sumado a lo anterior, está la situación de la economía estadounidense, en modo estancamiento. En honor a la verdad no es solo culpa de Trump, en todo caso es el derrotero estructural de un imperio en decadencia, que enfrenta sucesivas crisis, sin saber o tener como superarlas, solo tal vez, posponerlas. En tal sentido, expertos presumen que la actual situación de la economía doméstica en EEUU, no es solo producto de la estúpida guerra en Asia Occidental, sino que es una prolongación de la crisis del 2008, que en su momento hizo estallar todo.

Así las cosas, el ego fue convenientemente guardado, o dejado en el avión presidencial, por cierto quizás en las cajas de Faraday donde los viajeros, Trump incluido, protegieron sus teléfonos móviles personales, dicen que por aquello de que los chinos no los fueran a “vaciar” de contenidos impublicables. Al menos el mundo respiró por esas 48 horas, de las habituales avalanchas de mensajes de madrugada, en la red social presidencial.

Con el viaje, el imperio fue a buscar una variante, una ayudita para salir lo más airoso posible del atolladero tras su incursión nefasta en Irán, ver si los chinos convencen a los persas de que abran el estrecho de Ormuz, como si para ellos ya no estuviera abierto; también explorar alguna variante de intermediación, para que la estampida de los US Navy desde el Golfo Pérsico, sea lo menos humillante posible.

Y claro, la joya del viaje fue intentar abrir el generoso/gigantesco, mercado chino a los productos de los magnates viajantes/acompañantes y ciertamente, ver si consiguen “algún dinerito” para paliar la crisis financiera y de deuda externa impagable, por lo menos que los asiáticos no sigan vendiendo “irresponsablemente” bonos del tesoro de EEUU. En resumen, explorar fórmulas para  seguir tirando hasta que la suerte les alumbre un horizonte cada vez más inalcanzable, horizonte al fin y al cabo.

La visita estuvo llena de curiosidades, algunas tuvieron como protagonista a Mr. o Mr.Lu, si, porque el apellido fue tácticamente modificado por el protocolo chino, para darle una oportunidad de entrada, algo que tiene vedado por hablar tonterías, propias de él, en su época de alegre senador, representante del anti comunismo más puro, ahora eventualmente contaminado con la visita a China, “la vida te da sorpresas”, reza una icónica canción de salsa panameña.

Otra cosa, que también puso patas arriba toda la retórica prepotente trumpista, fue el concepto de lograr la paz mediante la fuerza. A ver si lo explican mejor, la paz que buscan con China, ¿la lograron mediante la fuerza? O tal vez, la fuerza de China les hizo buscar la paz con Beijing. Porque en rigor lo segundo parece más evidente.

Como sea, el discurso parsimonioso del líder anfitrión, Xi Jinping, auténticamente al mejor estilo chino, fue una muy interesante pieza oratoria. Y se destaca lo que resultó ser viral, su alusión a la “trampa de Tucídides”, a la que apeló para significar que la decadencia del imperio y el ascenso de China, no puede resolverse mediante la guerra, en un contexto de virtual empate militar catastrófico, así le dicen. La preocupación de algunos observadores es si el Jefe Trump tiene idea de esa parábola, todos esperan que alguien se la explique porque salió culpando a Biden, por la dudas.

Como parte del viaje, literalmente porque fue en su trayecto, Mr. Rubio ofreció declaraciones a uno de los periodistas acompañantes, que responden a los intereses vitales del Departamento de Estado, tal y como establecen las ordenanzas de la libertad de prensa en EEUU.

El canciller estadounidenses se explayó en sus habituales elucubraciones contra Cuba, siempre con el mono tema, de naturaleza conspiranoica, según la cual existe una estructura militar en Cuba, que siniestramente acapara entre 15 y 16 mil de millones de USD, el cual usa como sentadera, o algo así. Claro, y estos son los culpables de lo “fallido” del Estado cubano, etc, etc. El tipo cree que así puede separar a las fuerzas armadas cubanas del pueblo, obviando que en Cuba los militares son el mismísimo pueblo uniformado.

Francamente ni vale la pena profundizar en los números ofrecidos por Mr. Rubio. Seguro se recuerda cuando el año pasado, esta teoría fue expuesta por una de las plumíferas del exilio neo batistiano, quien publicó datos parecidos en el Miami Herald ubicando a un conglomerado empresarial cubano, por encima de la Nestle. Hasta el micro circuito de economistas contrarrevolucionarios salieron a desmentir semejantes datos por absurdos.

Más allá de este puntual ridículo discursivo, los acontecimientos dejaron muy mal parado a Mr. Rubio, por otras razones más serias. Es el caso de la mencionada visita a la Habana, el 14 de mayo, del super agente/espia John Ratcliffe, director de la CIA. Al respecto, el gobierno cubano emitió una oportuna aclaración, haciendo público, no solo el evento, sino las explicaciones que le dieron al visitante.

Un primer aspecto es el momento, y en política todo cuenta, debe entenderse eso. Ratcliffe está aquí en Cuba, cuando Trump y Rubio rinden pleitesía a la dirección del gobierno y el Partido Comunista de China. ¿Casualidad?, tal vez, ¿dejar afuera de esta gestión a Rubio?, no es descartable, claramente es un estorbo para cualquier proyecto de dialogo de Trump con las autoridades cubanas.

Pero bien, otra interrogante, ¿por qué Ratcliffe? Bueno, es hasta lógico, es una de las principales figuras del sistema de relaciones exteriores del imperio, el que dirige la CIA, donde se la saben todas, aunque la historia porfiadamente muestra todo lo contrario. Pero sobre todo, porque Mr. John Ratcliffe es un hombre de confianza absoluta de Trump, desde su primer mandato, con una destacada actuación incluso en los procesos electorales, que llevaron a su jefe a la Casa Blanca. No de ahora, desde que era legislador por el estado de Texas, el hombre es dígase que un trumpista originario, químicamente puro. Así que solo por eso, es más confiable que Mr. Rubio, por decir algo rápido y al paso.

Se ha especulado si la visita del Director de la CIA devela un quiebre en el seno de la administración trumpista, respecto a qué hacer con Cuba. Eventualmente hasta se puede admitir que hay algún tipo de división de cómo proceder, y que no es unánimemente apoyada, la idea perversa, absurda, de Mr. Rubio y los mafiosos del sur de la Florida, de tierra arrasada contra Cuba. 
Objetivamente concurren varios aspectos al unísono. Que van desde lo más evidente, Trump, como empresario con banda presidencial, no gana un peso con invadir Cuba, pasando por el rechazo que tal aventura tiene en la opinión pública estadounidense, que está incluso empujando a legisladores republicanos a rechazar tal opción, hasta la propia y evidente resistencia del pueblo y gobierno cubano, que en rigor es la clave, lo más relevante, algo por demás que el imperio no tiene como modificarlo.

De modo que, recibir al señor director de la CIA, fue una jugada maestra de la política exterior cubana. Tuvo que escuchar la verdad sobre que Cuba no es ni remotamente una amenaza para EEUU; y si vino a pedir eso, pues el asunto está resuelto; ahora le toca a Washington desescalar la agresión, que desista de su retórica bélica, y de las amenazas, que le ordenen ¡silencio!,  a la jauría mayamera, sedienta de sangre cubana, y que asuman que todo dialogo implica el respeto a la soberanía y la independencia de las partes.  Tiempo al tiempo.

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