La IA revela seis enormes estructuras a 3.000 km de profundidad, entre el manto y el núcleo terrestre

Las enormes estructuras podrían ser restos milenarios de Theia; el antiguo protoplaneta del tamaño de Marte que se estrelló contra la Tierra y formó la Luna. Imagen ilustrativa: Deng Hongping y Hangzhou Sphere Studio
El corazón de nuestro planeta nunca deja de latir. Cuesta imaginarlo, y a menudo nos olvidamos de ello, pero la corteza terrestre, el firme suelo que pisamos, no es más que una fina 'piel de naranja' sólida bajo la que hay más de 3.000 kilómetros de roca fundida y viscosa (el manto), y otros 3.000 más de metales al rojo vivo (el núcleo), hasta llegar hasta el mismo centro del planeta.
En total, según los cálculos más recientes, una media de 6.371 km (no es lo mismo medir esa distancia desde la cima del Everest que desde el fondo del mar). Nada mal, si tenemos en cuenta que, hasta ahora, el 'agujero' más hondo que hemos conseguido cavar apenas llega a los 12 km de profundidad.
A pesar de todo lo cual, en los últimos años los geólogos se las han arreglado para ir averiguando más y más detalles sobre lo que hay 'ahí abajo', incluidas enormes y misteriosas estructuras. Porque las entrañas de la Tierra, contra todo pronóstico, no son un monótono océano de candente magma uniforme.
Muy al contrario, albergan monstruosas anomalías geológicas que se elevan desde el fondo del manto como si fueran gigantescos continentes oscuros e invertidos, especialmente bajo África y el océano Pacífico. Según los cálculos más aceptados, estos abultamientos, conocidos como Grandes Provincias de Baja Velocidad de Corte (LLVP, por sus siglas en inglés), podrían ser de hecho los restos milenarios de Theia; el antiguo protoplaneta del tamaño de Marte que se estrelló contra nuestro mundo primigenio, sembrando en órbita los escombros que terminarían por formar la Luna.
Y ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Academia China de Ciencias y publicado en 'Journal of Geophysical Research: Solid Earth', acaba de añadir toda una colección de misterios a los que ya había. Concretamente, una serie de estructuras 'pequeñas' (en términos geológicos), y seis grandes áreas 'diferentes' a todo lo que las rodea y situadas, a 2.900 kilómetros de profundidad, justo en la turbulenta frontera donde termina el manto y empieza el núcleo terrestre.
Se trata, sin duda, de toda una hazaña científica, ya que no resulta fácil para los investigadores 'ver' a través de miles de km de roca y descubrir lo que hay ahí.
Para entenderlo, podemos imaginar que tratamos de adivinar el contorno exacto de un monstruo submarino en las turbias profundidades de un lago oscuro, utilizando únicamente grandes piedras que arrojamos al agua. Las ondas rebotarán en la criatura y nos devolverán ecos irregulares que delatarán su posición. Pues bien, los sismólogos hacen exactamente lo mismo, pero valiéndose de la inmensa energía liberada por los grandes terremotos.
Liderado por los científicos Yurui Guan y Juan Li, el equipo de investigadores decidió centrar sus esfuerzos en perseguir un tipo muy particular de señal: las esquivas 'precursoras PKP'. Se trata de unas sutiles y tenues ondas sísmicas que logran atravesar limpiamente el núcleo exterior líquido pero que, al topar frontalmente con pequeñas irregularidades de material justo en el límite con el manto inferior, se dispersan y rebotan.
Esas alteraciones provocan que las ondas se desvíen por 'atajos', llegando a los sismógrafos un poco antes de que irrumpa la violenta sacudida principal (onda PKIKP). Dichos ecos adelantados actúan como potentes y fugaces 'linternas' que 'iluminan' por un instante las masas que yacen en el abismo.
El mayor obstáculo al que se enfrentaba el equipo es que dichas señales son extraordinariamente débiles. Y buscarlas 'a mano' entre los millones de datos sísmicos disponibles equivale a encontrar una aguja microscópica en un pajar infinito de ruido estático. Tradicionalmente, la proeza obligaba a analizar uno por uno los registros gráficos tanto en papel como en pantalla, un sistema ineficiente y muy propenso a equivocaciones.
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