La ciencia ya no culpa solo a las hormonas por la calvicie

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El espejo matutino suele ser el primer testigo de una retirada silenciosa. Un día la frente parece más amplia; otro, la raya del cabello deja ver más piel. Detrás de esa transformación, que para algunas personas es apenas estética y para otras supone un golpe a su autoestima, la ciencia ha descubierto una historia bastante más compleja que la de hormonas fuera de control.

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Durante décadas, la calvicie se ha asociado popularmente con un exceso de testosterona. Sin embargo, en la alopecia androgenética, una de las formas más comunes de pérdida capilar, importa también la predisposición genética y la respuesta de los folículos pilosos a los andrógenos, en particular a la dihidrotestosterona (DHT), derivada de la testosterona.
No se trata, por tanto, de tener más o menos hormonas en sangre, sino de cómo interactúan con los folículos susceptibles.
La genética, además, no parece jugar con una sola carta. La revisión The Genetic Landscape of Androgenetic Alopecia: Current Knowledge and Future Perspectives, publicada en enero de este año por investigadores vinculados a la Universidad de Toronto, examina los numerosos factores genéticos relacionados con esta condición y los desafíos que aún afronta su estudio.
Trabajos genéticos revisados han identificado cientos de regiones asociadas con la alopecia androgenética, aunque encontrar una vinculación no significa que cada región cause directamente la pérdida de cabello.
Mientras tanto, el folículo piloso puede ir reduciendo su tamaño hasta producir cabellos cada vez más finos y cortos. Ese proceso, conocido como miniaturización, no equivale a que el pelo simplemente se duerma. En él intervienen cambios biológicos que afectan al ciclo de crecimiento y a la capacidad del folículo para producir un cabello grueso y visible.
El delicado equilibrio de las células madre
En mayo de 2025, un equipo encabezado por investigadores de la Universidad Northwestern publicó en Science Advances un estudio sobre PIEZO, canal celular que responde a fuerzas mecánicas y participa en la regulación de las células madre del folículo piloso.

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La investigación mostró que la señalización de calcio asociada a ese canal contribuye a mantener las propiedades mecánicas y el estado de reposo de esas células. Así, el hallazgo ilumina un mecanismo fundamental del folículo, pero no demuestra que el cuero cabelludo envejecido asfixie la raíz ni establece por sí solo una nueva causa general de la calvicie humana.
Cuatro años antes, otro trabajo del mismo entorno científico había revelado un fenómeno sorprendente. En ratones envejecidos, los investigadores observaron que algunas células madre se desprendían de la zona del folículo donde normalmente permanecen y migraban hacia el tejido circundante.

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La pérdida de esas células de su nicho se relacionó con la miniaturización folicular. No eran células literalmente cansadas ni una prueba de que todos los tipos de alopecia compartan el mismo mecanismo, sino una nueva pista sobre cómo el envejecimiento puede alterar la capacidad regenerativa del cabello.
Lunares peludos y más
Hay lunares que llaman la atención porque de ellos crece abundante pelo. Dichos lunares despertaron el interés de los científicos: qué ocurre en esa zona de la piel para que el cabello crezca con tanta fuerza?
Un estudio publicado en 2023 en la revista Nature encontró una posible explicación en unas células de la piel que, aunque han dejado de multiplicarse, pueden enviar señales capaces de estimular el crecimiento del pelo.
Entre esas señales, los investigadores identificaron una molécula llamada osteopontina, que favoreció el crecimiento del cabello en ratones y estimuló folículos humanos en experimentos de laboratorio.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque comprender qué activa el crecimiento del pelo en esos lunares podría ayudar a encontrar nuevas formas de combatir su pérdida.

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Pero hay una distancia importante entre descubrir ese mecanismo y convertirlo en un tratamiento. Los resultados no demuestran que la osteopontina pueda revertir la calvicie en personas, ni que administrarla sea seguro y eficaz. Por ahora, los lunares peludos ofrecen a la ciencia una pista prometedora, no una cura.
No toda caída del cabello responde a la genética o al envejecimiento. En la alopecia areata, el sistema inmunitario ataca los folículos y puede provocar la aparición de zonas sin pelo, a veces de forma repentina.
Para determinados adultos con formas graves de esta enfermedad existen tratamientos con inhibidores de las quinasas JAK, que modulan vías de señalización implicadas en la respuesta inmunitaria.
Su indicación exige valoración médica, pues no son apropiados para todas las personas ni están exentos de riesgos. La distinción importa también para no descartar tratamientos que sí cuentan con evidencia. El minoxidil tópico, por ejemplo, se utiliza en determinados casos de alopecia androgenética, aunque su eficacia varía y no sirve para todas las causas de pérdida capilar.
Frente a los productos que prometen resultados sin pruebas suficientes, la mejor brújula sigue siendo identificar el tipo de alopecia y evaluar las opciones con un profesional sanitario.
Más que vanidad
Perder el cabello no es necesariamente una enfermedad grave, pero tampoco tiene por qué ser un asunto superficial. El pelo contribuye a proteger el cuero cabelludo de la radiación solar; cuando disminuye su cobertura, la piel puede quedar más expuesta y conviene prestar atención a la fotoprotección.

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Las zonas despobladas requieren protección frente al sol, especialmente durante exposiciones prolongadas, sin que la calvicie implique por sí sola la aparición de lesiones precancerosas.
La repercusión emocional también merece atención. En determinados casos puede desencadenar ansiedad y depresión por lo que su impacto psicológico no debe ignorarse.

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Proteger la piel, buscar un diagnóstico adecuado y atender el malestar emocional cuando aparece, son respuestas más útiles que perseguir remedios milagrosos. Para algunas personas, afeitarse la cabeza puede convertirse en una manera de reconciliarse con su imagen; para otras, el camino será distinto. No hay un único modo de llevar la calvicie, como tampoco existe una sola explicación para ella.

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La ciencia empieza a desentrañar sus mecanismos, pero la respuesta de cada persona sigue siendo tan particular como el cabello que pierde.
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