Huyendo de Trump
"Me mudaré a Júpiter", prometió en un tuit la actriz y cantante Cher.
A los centenares de miles de personas indocumentadas o no que son expulsadas diariamente de Estados Unidos, hay que sumarle una gran cantidad de ciudadanos norteamericanos que abandonan o se preparan para hacerlo de la nación más rica y poderosa militarmente del planeta, esa del American Way of Life, al considerar como una dictadura insoportable la que Donald Trump está instituyendo en el país.
No es nada nuevo, porque ya en el primer mandato del colorado personaje que hoy es el presidente de Estados Unidos miles de integrantes de minorías y perfiles cualificados ya lo habían hecho, sin que hubiera una décima parte de la proyección dictatorial que ahora si está ocurriendo en la que se propagandiza como la mayor democracia del planeta.
Sesohuecos de la ja jauría legislativa anticubana de Florida han elogiado tal éxodo, considerando que así disminuyen los votos contrarios a los republicanos, quienes ven amenazado su control de las cámaras en las elecciones denominadas de medio término en noviembre próximo.
Recordemos que tan pronto como volvió al poder, Donald Trump proclamó el objetivo de su nuevo mandato: crear “una nación orgullosa, próspera y libre”.
La era de un Estados Unidos “grande” estaba de vuelta, prometió el republicano. Tras cuatro años de un gobierno demócrata que, en sus palabras, había permitido la entrada ilegal de “criminales peligrosos desde todas partes del mundo”, la nueva guardia se comprometía a reforzar el control fronterizo y a reducir el número de inmigrantes. El país que durante siglos había sido un hogar para miles de personas de todo el mundo, ahora pondría el foco en sus propios ciudadanos.
Sin embargo, el regreso de Trump también propició que muchos estadounidenses busquen vivir fuera del país. En una reciente encuesta, el 21% de los ciudadanos consideraba irse y no mucho después ello creció hasta el 26%, al imponer el mandatario sus diatribas desconocedoras de la ley, con el aliento de los señores de la guerra que siguen aumentando su caudal a costa de la vida de miles de personas y la destrucción de sus bienes.
Además, se dispararon las búsquedas de Google de “mudarse a Canadá” y similares sobre Australia y Nueva Zelanda. Lejos de ser casos aislados, muestran que un éxodo estadounidense es una posibilidad real.
La web del gobierno canadiense dedicada a la inmigración colapsó debido a “un aumento considerable en el volumen del tráfico”, según fuentes oficiales. Del total de visitas, un 50% provenía de ciudadanos estadounidenses. Además, famosos como Cher o Miley Cyrus prometieron abandonar el país, aunque finalmente no lo hicieron.
NO A LA DICTADURA
“No quiero ser ciudadano de una dictadura. Creo que mucha gente piensa que la prueba de fuego para el sistema estadounidense llegará en las próximas elecciones presidenciales, y creo que se equivocan. Veremos si este gobierno está dispuesto a ceder el poder democráticamente este noviembre (en las elecciones de mitad de mandato). Tengo serias dudas de que vayan a ceder el poder”, dice al diario británico The Guardian, Joseph de 36 años, estadounidense residente en Noruega.
Al igual que Joseph cada vez son más los estadounidenses que no quieren vivir en Estados Unidos y se están marchando en cifras récord, estableciéndose con sus familias en países que consideran más asequibles y seguros.
Según el diario The Wall Street Journal, desde la administración de Eisenhower, Estados Unidos no ha recopilado estadísticas exhaustivas sobre la cantidad de ciudadanos que emigran. Sin embargo, los datos sobre permisos de residencia, compra de viviendas en el extranjero, matrículas estudiantiles y otros indicadores de más de 50 países muestran que los estadounidenses están emigrando en una medida sin precedentes. Millones de personas se encuentran estudiando, trabajando a distancia y jubilándose en el extranjero.
En Lisboa, tantos estadounidenses están comprando departamentos que los recién llegados se quejan de que casi siempre escuchan su propio idioma, no portugués, indicó The Guardian.
Mientras que uno de cada 15 residentes del moderno distrito Grand Canal Dock de Dublín nació en Estados Unidos, según los agentes inmobiliarios, un porcentaje superior al de los estadounidenses nacidos en Irlanda durante la oleada migratoria del siglo XIX tras la Gran Hambruna de la Papa. Según la cadena BBC, los últimos datos muestran que la cifra casi se duplicó, pasando de 4 900 a unos 9 600 entre 2024 y 2025, superando el número de irlandeses que se dirigieron en la dirección opuesta.
En Bali, Colombia y Tailandia, las dificultades para alojar a trabajadores estadounidenses que trabajan a distancia y cobran en dólares han motivado a los residentes locales a protestar contra la ola de gentrificación, sostuvo The Guardian.
Más de 100 000 jóvenes estudiantes se matriculan en el extranjero para obtener un título universitario más asequible. En las residencias de ancianos que proliferan al otro lado de la frontera con México, los estadounidenses mayores acuden en busca de atención a bajo costo.
Por otro lado, la lista de espera para renunciar a la ciudadanía estadounidense en el consulado de Londres supera los 14 meses. La situación es similar en Sydney y en la mayoría de las principales ciudades canadienses. Muchas ciudades europeas tienen actualmente listas de espera de seis meses.
LOS MISMOS PROBLEMAS
Asimismo, un número récord de ciudadanos estadounidenses está optando por abandonar el país, citando muchos de los mismos problemas: inestabilidad política, violencia y el alto costo de la atención médica, entre otros. Una encuesta de Gallup realizada en noviembre reveló que el 40% de las mujeres estadounidenses de entre 18 y 44 años afirmaron que se mudarían a otro país si tuvieran la oportunidad.
Las nuevas cifras del censo también muestran que Estados Unidos experimentó una fuerte caída en el crecimiento demográfico durante el último año. Este descenso se debió en parte a la drástica disminución del número de inmigrantes que llegan al país, así como al de estadounidenses que lo abandonan.
Algunos analistas han bautizado esta oleada de emigrantes estadounidenses como la “Oleada de Donald Trump”, dado el aumento vertiginoso de su número durante su segundo mandato.
Según cálculos de la Brookings Institution, Estados Unidos registró una migración neta negativa -una pérdida estimada de unas 150 000 personas- en el 2025, y es probable que la emigración aumente en el 2026. Los analistas de Brookings señalaron que la cifra podría ser mayor o menor, ya que los datos oficiales estadounidenses aún no reflejan completamente el número de personas que emigran.
Un análisis del Wall Street Journal de 15 países que proporcionaron datos completos o parciales del 2025 mostró que al menos 180 000 estadounidenses se unieron a ellos, una cifra que probablemente será mucho mayor cuando otros países publiquen estadísticas completas.
El diario indicó que no existe un conjunto de datos único que registre con precisión los entre 4 y 9 millones de estadounidenses que ya viven fuera de Estados Unidos. El Departamento de Estado estimó que 1,6 millones vivían en México en el 2022, una cifra que probablemente ha aumentado en los años posteriores a la pandemia, aunque la reciente violencia de los carteles de la droga ha inquietado a algunos expatriados.
El recuento de Canadá, con más de 250 000, no refleja completamente la doble ciudadanía ni el flujo de estadounidenses cuya vida diaria transcurre a ambos lados de la frontera. Reino Unido acoge a más de 325 000, parte de los más de 1,5 millones que viven actualmente en Europa, según la Asociación de Estadounidenses Residentes en el Extranjero.
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