Geofaguismo en Paraguay
Foto: Telesur
Algo que se repite en otros países latinoamericanos cuyos gobiernos están al servicio del agronegocio que sigue expulsando comunidades, concentrando territorios y debilitando la soberanía alimentaria.
Adriano Muñoz Pérez, integrante de la Organización Campesina del Norte y del Partido Popular de Tekojoja, plantea una definición central: en Paraguay, la reforma agraria no caducó. Sigue vigente porque el problema de fondo aún no se resuelve, la tierra continúa concentrada, y las comunidades campesinas e indígenas siguen defendiendo el territorio frente al avance del agronegocio.
Paraguay es uno de los países de América Latina donde la distribución de la tierra expresa una fractura social profunda: el 90% de la tierra está en manos del 2% de los propietarios (aproximadamente 12 000 grandes dueños). Esa concentración no es solo un dato económico, sino que ordena la vida cotidiana y define quién produce, qué se produce, para quién se produce y bajo qué condiciones. Cuando la tierra queda en pocas manos, el alimento también queda condicionado, priorizando como destino los mercados externos y no las necesidades del pueblo.
Todos los gobiernos, y más el actual del reaccionario Peña -inmune ante las acusaciones fundadas de corrupción- impiden la soberanía alimentaria, porque no hay tierra para el campesinado, el territorio queda absorbido por el monocultivo, modelo productivo que atenta contra la biodiversidad, la salud y las generaciones que vienen.
Así, el campesinado paraguayo enfrenta el avance de cultivos ligados al agronegocio, como la soja y el maíz, que ocupan territorios antes destinados a la producción de alimentos. Esa expansión transforma el paisaje, reduce la biodiversidad y empuja a las comunidades a resistir en condiciones cada vez más difíciles.
En este contexto, manifestaciones de protesta han sido brutalmente reprimidas por fuerzas policiales en el norte paraguayo, mientras autoridades gubernamentales han calificado de delincuentes a líderes del sector que conducen la lucha contra el geofaguismo.
En este contexto, .Muñoz planteó que hay que reforzar las organizaciones campesinas: ““Ante la hegemonía financiera y tecnológica del capitalismo, nosotros como campesinos y campesinas cada vez más tenemos que fortalecer nuestras organizaciones, nuestras bases y asumir, como históricamente hemos asumido, el rol de la producción de alimento diversificado. Es asumir esa bandera de defensa de la vida, de defensa de la biodiversidad, de defensa de los patrimonios territoriales, de defensa de la cultura campesina indígena, de seguir defendiendo la vida, de seguir produciendo alimentos diversificados, saludables para la humanidad”.
ANTECEDENTE NECESARIO
A finales del siglo XIX, Paraguay sufrió una calamidad militar sin igual en su historia moderna. En 1864 se desbordaron las tensiones regionales, desatando una guerra en la que Paraguay se encontró confrontado a una “Triple Alianza” compuesta por Brasil, Argentina y Uruguay. La desigualdad de la confrontación era abrumadora y a pesar de una serie de victorias tempranas, en 1867 el ejército paraguayo había sido aniquilado. Sin embargo, su líder, el presidente Solano López, se negó a rendirse y reclutó a esclavos y niños para continuar la pelea, promocionando a su hijo de 14 años al rango de coronel.
El presidente López finalmente murió baleado en 1870 en los densos bosques subtropicales del oriente de Paraguay. Su esposa, una irlandesa llamada Eliza Lynch, lo enterró junto con su hijo el coronel, en la tierra bermeja del bosque, bajo la mirada de un contingente de soldados brasileños.
Cuando la guerra llegó a su macabro fin, había matado a dos terceras partes de la población paraguaya, incluyendo a 90% de sus hombres. El acuerdo de paz que siguió a la guerra le arrebató más de la tercera parte de su territorio y le impuso una enorme deuda financiera. Para pagar lo debido, el gobierno vendió enormes cantidades de activos públicos a empresas extranjeras.
El activo principal del gobierno era la tierra. Más de 16 millones de hectáreas –40% del territorio nacional– fueron vendidas a 32 empresas. Un solo negociante español, Carlos Casado, adquirió siete millones de hectáreas: un territorio más amplio que toda la República de Irlanda.
RESULTADO FINAL
Hoy, Paraguay es el país más desigual del mundo en términos de distribución de tierra: el 90% por de su territorio está en manos de solo 12 000 personas. El 10% restante está dividido entre más de 280 000 pequeños y medianos cultivadores. Más allá de este grupo, existe una población desamparada de 300 000 familias de agricultores sin acceso a cualquier pedazo de tierra, peor aún que la situación que todavía impera en Brasil, Colombia y Perú.
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