Entre reforma y revolución… contradicciones en el Gobierno de los Cien Días

Gobierno de los Cien Días
El llamado Gobierno de los Cien Días ocupa un lugar singular en la historia republicana de Cuba. Surgió el 10 de septiembre de 1933, en medio de una crisis política y social marcada por la reciente caída del régimen de Gerardo Machado, la presión de las fuerzas armadas y las expectativas populares de cambios profundos.
Como indica el nombre con el que ha sido conocido, su duración, de poco más de 100 días, fue breve. Pero, a pesar de su corta existencia, este peculiar gobierno no estuvo exento de tensiones. En su seno convivieron proyectos reformistas y aspiraciones revolucionarias al mismo tiempo.
El antecedente inmediato del Gobierno de los Cien Días fue La Pentarquía, una variante de mando colegiado en la que cinco miembros dirigieron el país durante cinco días a partir del 5 de septiembre de 1933. La Pentarquía debió enfrentarse a una difícil situación y también fue víctima de disensiones entre sus miembros. Sectores de la derecha nacional afirmaban que su estructuración imitaba a la organización estatal soviética. La Pentarquía ni siquiera contó con el reconocimiento de Estados Unidos. En tal circunstancia, el 10 de septiembre quedó disuelta. Uno de sus miembros, Ramón Grau San Martín, fue escogido como nuevo presidente.
Grau San Martín había nacido el 13 de septiembre de 1882 en La Palma, uno de los actuales municipios de Pinar del Río. Se graduó de médico en 1908. Más tarde fue profesor de la Universidad de La Habana, donde se unió a sus estudiantes en la lucha contra la tiranía machadista. Su trayectoria de oposición al régimen le valió ser propuesto como uno de los miembros de La Pentarquía. Aunque, según ha trascendido, no fue consciente de su candidatura hasta último momento, cuando supo que lo habían escogido como uno de los pentarcas.
Tras la disolución de La Pentarquía, Grau San Martín, como presidente provisional, debía reorganizar el gobierno. Fue el 12 de septiembre cuando dio a conocer quiénes integrarían su gabinete. Entre los seleccionados estuvo Antonio Guiteras Holmes, otra figura proveniente de la Universidad de La Habana. Allí había cursado la carrera de Farmacia.
Desde su etapa estudiantil, Guiteras tuvo una vida política activa, de la que no se desligó tras graduarse. El camino de las luchas contra las injusticias y los males de la república lo condujo a integrar el Gobierno de los Cien Días y, dentro de él, a convertirse en el protagonista de sus medidas más avanzadas. Guiteras ocupó carteras ministeriales de gran peso en aquella administración, pues estuvo al frente de Gobernación y Obras Públicas y, luego, de una fusión de Gobernación, Guerra y Marina. La profesora Francisca López Civeira, gran conocedora de esta etapa del pasado neocolonial, ha explicado sobre los cargos asignados a Guiteras:
“Como había estado en levantamientos, se le vio con posibilidades de asumir esta posición, muy complicada, porque era el mando militar. Debía haber una depuración del Ejército, la Marina y la Policía, cuya jerarquía había estado muy vinculada a Machado. Sin embargo, hubo grandes dificultades por la falta de unidad dentro del gobierno”.
Guiteras fue consciente de estas contradicciones. Se percató de que el gabinete se movía entre la reforma y la revolución. El ex estudiante de Farmacia pretendió sustituir a Fulgencio Batista —quien como jefe militar del ejército detentaba de facto una influencia relevante en la política del país— y crear, dentro de las instituciones armadas, la Infantería de Marina, un cuerpo que fuera más afín a las corrientes de izquierda, de acuerdo a lo que se lee en el libro Historia de Cuba. La neocolonia. Organización y crisis desde 1899 hasta 1940, del Instituto de Historia de Cuba. Hubo una reunión en la que Grau estuvo a punto de quitarle el mando a Batista. Sobre ese pasaje, en el que el propósito de Guiteras no halló éxito, López Civeira explicó en una entrevista de 2022:
“Había esta situación de si fusilarlo. Todo estaba en discusión. En la reunión Batista pidió perdón y se lo otorgaron. Se pusieron de acuerdo y esto hizo que Guiteras se distanciara. Él representaba la izquierda, la línea revolucionaria. Grau nunca fue de izquierda, siempre fue vacilante, se mantuvo en el medio...”.
Por su parte, el partido de los comunistas también se convirtió en un factor de desgaste para el Gobierno de los Cien Días. Al no identificar con claridad la ideología de Guiteras y observar episodios de represión como los que ocurrieron durante el entierro de las cenizas de Julio Antonio Mella o las huelgas en centrales azucareros, los comunistas interpretaron que aquella administración reproducía las mismas prácticas de los gobiernos burgueses y latifundistas anteriores. Esa percepción los llevó a colocarse en la oposición, de manera que se sumaron a las críticas de otros sectores y contribuyeron a menguar la estabilidad del gabinete.
Entre tanto, el presidente se encontraba en una perenne indecisión, sin dar pasos audaces hacia la izquierda o la derecha. Su falta de autoridad conllevó a que mientras Guiteras acrecentaba con sus leyes progresistas la preocupación del imperialismo y la oligarquía criolla, Batista urdiera eficazmente la conspiración que desembocó en un nuevo golpe de Estado en enero de 1934. Así, a poco más de tres meses de su nombramiento al frente de la república, Grau San Martín era conminado a renunciar.
El Gobierno de los Cien Días fue, en esencia, una administración heterogénea que reunió proyectos reformistas y aspiraciones revolucionarias, pero, sobre todo, también contradicciones insalvables que se manifestaron en figuras antagónicas como las de Guiteras y Batista. Combatido desde la derecha y cuestionado por la izquierda, con escaso reconocimiento internacional y debilitado por la indecisión presidencial, terminó siendo víctima de sus propias limitaciones. Su breve existencia dejó la huella de un intento de transformación que no logró consolidarse. Sin embargo, fue una experiencia que posteriormente permitió valorar los límites de la reforma y la posibilidad de la revolución en la Cuba republicana.
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