El destino de Martí en La Mejorana

La polémica reunión de La Mejorana, celebrada el 5 de mayo de 1895, fue uno de los primeros momentos decisivos en la organización de la Guerra Necesaria.
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Reunión de La Mejorana
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CubaSí

La polémica reunión de La Mejorana, celebrada el 5 de mayo de 1895, fue uno de los primeros momentos decisivos en la organización de la Guerra Necesaria. Entre los aspectos discutidos ese día estuvo el rol que, a juicio de los participantes, debía desempeñar José Martí en aquella etapa de lucha.

Además de quien se convertiría en el Héroe Nacional, a la reunión concurrieron Máximo Gómez y Antonio Maceo. Los dos primeros habían desembarcado en Cuba por Playita de Cajobabo el 11 de abril, y transitaban por el Oriente organizando la conflagración iniciada el 24 de febrero de ese año. Por su parte, Maceo, después de una azarosa travesía desde Centroamérica, había logrado alcanzar tierra cubana en Duaba, el 1 de abril, como parte de la primera expedición mambisa arribada a la Mayor de las Antillas desde los alzamientos de febrero.

Durante el encuentro de los principales líderes revolucionarios se manifestaron, como aparece en el volumen Historia de Cuba. 1492-1898. Formación y liberación de la nación, “opiniones diversas sobre la estructura que debía acordar la revolución: mientras Maceo abogaba por sobredimensionar el aspecto militar del proceso nacional-liberador, Martí, apoyado calurosamente por Gómez, exponía y defendía” otra tesis. Para Martí debía estar “el ejército, libre; y el país, como país, y con toda su dignidad representado”. Esta propuesta perseguía, al menos en principios, establecer un justo equilibrio en el cual el ejército no fuese interferido por acciones e estructuras civiles, pero sin que el aparato civil perdiera sus imprescindibles funciones.

Las hipótesis más negativas sobre el desarrollo de la reunión en La Mejorana cobran fuerza en el hecho de que el último diario de Martí tiene hojas perdidas. En cualquier caso, ha trascendido que los disensos no se limitaron al diseño de la estructura de la guerra y del país.

La propia figura de Martí suscitó parte del debate. Maceo lo instaba a salir hacia Estados Unidos para gestionar recursos y representar la causa en el plano diplomático. El Titán de Bronce hizo énfasis en las labores organizativas a las que se debía entregar Martí, reconocido como la principal figura política del movimiento. A tales efectos, se le propuso que se trasladara a un sitio en el que el patriota Joaquín Castillo Duany, vinculado al independentismo desde la década anterior, lo ayudaría a embarcar al exilio.

El delegado del Partido Revolucionario Cubano no estaba de acuerdo con esa propuesta. Él defendió su permanencia en la Isla, convencido de que debía recibir el bautismo de fuego y demostrar que su liderazgo no se limitaba a las ideas. Su propósito era organizar institucionalmente la revolución y garantizar que la autoridad civil tuviera un lugar legítimo junto al Ejército Libertador.

Cabe analizar que, de haberse impuesto el criterio del héroe de Baraguá, tal vez no hubiera ocurrido la prematura muerte de Martí. Pero este último pudo eludir las conminaciones que le realizaban y halló un punto medio según sus aspiraciones. 
Recibiría el bautismo de fuego y participaría en el ordenamiento institucional de la revolución, luego de lo cual saldría de la Isla para asumir funciones en el exterior. En la postura del autor de La Edad de Oro influyó su sentido del honor. No quería evadir los riesgos de la contienda bélica, sobre todo después de haber sido increpado por algunos patriotas durante los preparativos por ser un ideólogo que organizaba una guerra sin nunca antes haber escuchado el sonido de las balas y el chirrido de los machetes en el campo de batalla.

A la reunión de La Mejorana los protagonistas de la nueva etapa revolucionaria no acudieron con visiones unánimes sobre el futuro inmediato de Cuba. El debate fue tenso. Sin embargo, pocos días después, como narran las páginas de Historia de Cuba. 1492-1898…, “al entrar Martí y Gómez al campamento del Titán, fueron recibidos con gran afecto y merecidos honores militares”. Ese recibimiento fue prueba de que, más allá de las contradicciones y diferencias de criterios, prevalecía el reconocimiento mutuo y la voluntad de luchar juntos por la causa común.

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