Cuba: La acrobacia de ser madre soltera

Ser madre soltera hoy no es solo un estado civil o una circunstancia de vida, es un ejercicio de resistencia económica y emocional.
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Ser madre soltera hoy no es solo un estado civil o una circunstancia de vida, es un ejercicio de resistencia económica y emocional.

Ser madre soltera hoy no es solo un estado civil o una circunstancia de vida, es un ejercicio de resistencia económica y emocional.

Fuente:
CubaSí

La imagen de la "familia tradicional", ese “diseño original” que proclaman ciertos grupos conservadores y religiosos, hace mucho que dejó de ser el único modelo, sin embargo, aunque la estructura social ha evolucionado, las estructuras de apoyo parecen haberse quedado ancladas en el pasado. Ser madre soltera hoy no es solo un estado civil o una circunstancia de vida, es un ejercicio de resistencia económica y emocional.

En medio de la actual crisis económica, donde el pluriempleo se ha convertido en una necesidad, porque ningún sueldo es suficiente, para la madre soltera no se trata solo de "llegar a fin de mes", sino de gestionar lo que los sociólogos llaman la pobreza de tiempo.

Doble y hasta triple jornada sin relevo: mientras que en un hogar biparental las tareas, teóricamente, se dividen, aquí la logística doméstica, el cuidado y la generación de ingresos recaen sobre una sola espalda. En buen cubano, a mamá le toca buscar el dinero, salir a comprar la comida, cocinarla, servirla y fregar los platos. El ciclo se repite para satisfacer el resto de las necesidades vitales, tanto materiales como espirituales.

Si a esto se le agrega la falta de una red de apoyo gratuita como los abuelos o el acceso a círculos infantiles estatales, no solo se dificultan drásticamente las oportunidades de desarrollo profesional y social para las madres solteras, sino también las sumerge en un estrés constante.

El peso de ser la "única voz" en la crianza

La acrobacia de las madres solteras no abarca solo el plano financiero, la gestión emocional es la batalla interna que libramos cada día. No se trata solo de hacer el trabajo de dos, sino de habitar todos los roles de un hogar, muchas veces en conflicto entre sí, sin un espejo donde contrastar decisiones.

La vida cotidiana plantea desafíos aparentemente simples, que van desde qué límites poner, hasta decidir qué hacer ante una fiebre a las tres de la mañana: la ausencia de un copiloto genera una carga mental extenuante. Es habitual que la sociedad romántice la figura de la "madre guerrera" o "supermamá", pero la realidad es que somos seres humanos sin poderes de Marvel, mortales y, generalmente, tan felices como agotadas.

En un hogar compartido, las decisiones se pueden triangular. Hay un consenso o, al menos, un debate. Para la mujer que cría sola, ella es el juez y la parte, el policía bueno y el policía malo. Cuando no hay otro adulto con quien validar si se está siendo demasiado estricta o demasiado permisiva, suele invadirnos cierto sentimiento de culpa y aumenta la fatiga emocional.

Vivimos bajo una presión invisible por ser "suficientes" para llenar todos los espacios en la vida de los hijos y, en ese afán, muchas madres sienten que reclamar una hora para el gimnasio, una salida con amigas o simplemente sentarse a ver una película sin interrupciones, es "robarle" tiempo a sus hijos, ya que son “lo único” que ellos tienen. Entonces creen que un error sería imperdonable, se cuestionan y evalúan severamente, se convierten en su propio látigo.

¿Los hijos necesitan una madre perfecta?

Las redes sociales nos venden nos bombardean con imágenes de hogares impecables y paciencia infinita, que ¿existe? Quizás deberíamos entender la perfección es una meta estática y la crianza es, por definición, movimiento, caos y aprendizaje. El objetivo no es ser una madre perfecta, sin fisuras ni errores, tampoco es lo que nuestros hijos esperan ni necesitan.

Una madre que nunca se equivoca es una figura difícil de alcanzar para un niño que está tropezando constantemente, en cambio, una madre que pide perdón, que admite estar cansada o que reconoce que no tiene todas las respuestas, le está dando a su hijo el permiso de ser él mismo.

El mundo ya tiene suficientes límites y estereotipos, demasiadas convenciones, no necesitamos ser madres perfectas, nuestros hijos esperan vivir con una madre real, presente y feliz. 

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