Cuba en una copa

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Cuando en Cuba el calor del verano hace de las suyas, hay imágenes que se evocan como en ninguna otra época del año. Y es que una parte intrínseca de la identidad nacional se sirve, también, en una copa fría, con aroma a hierbabuena, menta, el brillo del hielo o con la mezcla de sabores de frutas tropicales.
Esa mixtura, que refresca y soborna el paladar, se hace llamar Cocteles tradicionales cubanos. Estas creaciones no son más que simples combinaciones. Todas representan una raigal tradición dentro el patrimonio cultural de esta tierra caribeña.
En ellos convergen historia, creatividad, costumbres populares y el prestigio universal de una práctica cantinera que ha trascendido generaciones de hombres y mujeres detrás de una barra.

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Porque, además, tales bebidas “hechas en casa” destilan el resultado de diversas influencias. Aunque el inconfundible sabor del ron nacional señorea muchas de las preparaciones, junto a él suelen agitarse en las cocteleras técnicas y estilos de otras regiones del mundo y de otras manos.
De tal forma, los licores europeos, los cítricos, el azúcar, las frutas tropicales y la creatividad de los bartenders que trabajaron en grandes hoteles y bares —sobre todo habaneros—, se fusionaron en esencias y sabores que luego fueron escanciados en copas de leyendas.
Cócteles que cuentan historias
Durante las primeras décadas del siglo XX, La Habana vivió una etapa de particular esplendor como destino turístico internacional. Sus hoteles, casinos y salones recibían a visitantes de diferentes latitudes, estilos de vida y gustos.
Las barras se transformaron, entonces, en espacios donde la innovación tenía tanto valor como la gastronomía y la hospitalidad. En ese ambiente vibrante surgieron y alcanzaron fama varias creaciones. Allí, los cantineros perfeccionaron recetas que hoy trascienden como referentes de la coctelería internacional.

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Entre los nombres imprescindibles sobresale el Daiquirí, nacido en el oriente cubano y llevado a la fama por los maestros cantineros del famoso bar capitalino El Floridita.
Otro símbolo de la coctelería es el Mojito, cuya unión de hierbabuena, limón, azúcar, soda y ron representa la frescura del Caribe. Su origen se disputa entre disimiles versiones.
En la actualidad deviene uno de los cócteles más solicitados en establecimientos de todo el mundo. Al igual que con el Daiquirí, el escritor Ernest Hemingway no dejó dudas sobre sus preferencias cocteleras. En una de las paredes del restaurante La Bodeguita del Medio rubricó: “Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita”.

El escritor estadounidense Ernest Hemingway durante una de sus asiduas visitas al Bar Floridita para disfrutar de su daiquirí. Foto: tomada de granma.cu
Más allá de los clásicos
Junto a estos célebres y legendarios, otras refrescantes bebidas también suelen ser degustadas por no pocos curiosos que prefieren probar elaboraciones que esconden singulares atributos.

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Tal es el caso de El Presidente. Elegante y refinado fue durante décadas el coctel preferido en ambientes diplomáticos y sociales de La Habana. Preparado con ron, Vermut seco, licor de naranja y granadina, refleja la influencia europea en la cantina local.

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Menos conocido a nivel internacional, pero muy apreciado por especialistas, el trago Mulata combina ron blanco, licor de café y crema. Al conseguir esta armonía de sabores, rinde homenaje a dos productos emblemáticos de la isla: el ron y el café.

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Por su parte, el Isla de Pinos, inspirado en la actual Isla de la Juventud, resalta la riqueza agrícola de la región. Para su preparación se mezclan ron blanco, Vermut rojo, jugo de toronja y hielo. Se sirve en una copa decorado con una rodaja de naranja o toronja y un tallo de menta.

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Mary Pickford es otro de los notables, cuya espiritualidad todavía ronda ciertos bares de La Habana. Surgió a finales de los años 1920 como homenaje a la estrella del cine mudo de igual nombre que por aquella época filmaba una película en la capital cubana.
Ron blanco, zumo de piña, granadina, licor de cereza marrasquino y hielo, son los componentes de esa refrescante y afrutada bebida cuyo sabor tropical resulta inmejorable para disfrutar en días veraniegos.
Entre la copa y la boca
La historia de la coctelería cubana registra una larga lista de fórmulas. Cada una de ellas revela parte de la historia nacional. Detrás de una copa tintinean relatos de inmigrantes, hoteles legendarios, pequeñas bodegas, clubes sociales y generaciones de cantineros que transmitieron su oficio de maestros a aprendices.

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El prestigio de la cantina de esta isla se debe, asimismo, a la profesionalidad de sus bartenders. La Asociación de Cantineros de Cuba, fundada en 1924, ha desempeñado un papel esencial en la preservación de recetas y prácticas tradicionales. También en la formación de nuevas generaciones al contribuir a mantener vivo un patrimonio reconocido a nivel internacional.
Hoy, los cócteles siguen siendo una excelente carta de presentación del país. No solo acompañan el verano, reuniones, encuentros de amigos, de familiares, momentos de ocio… Porque en cada sorbo hay algo más que una bebida refrescante. Hay memoria, cultura y una forma muy especial de celebrar la vida.
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