ARTE: Mamá

Imagen tomada de https://historia-arte.com
Desde hace siglos la maternidad ocupa un lugar inamovible en el imaginario artístico, ha sido debate perenne con múltiples miradas a esa experiencia tan humana como ninguna; y según analizamos la aproximación al tema podemos ver que ha pasado de ser arquetipo sagrado a rebelión íntima.
Esta evolución ha sido común en las distintas manifestaciones del arte en forma de vírgenes con niños o madres atentas que guían y acompañan, también trasnochadas de no dormir, necesitadas de un impasee. En fin, con variedad de ópticas, como la vida misma.
Pensemos en estatuas de carácter monumental y divino como el llamado grupo escultórico "La Anunciación", realizado comenzando el siglo XVII por Francesco Mochi (Italia, 1580-1654), quien se inspiró en el pasaje bíblico que narra cuando el ángel Gabriel le advierte a la Virgen María que será la madre de Jesús.
De igual forma "La Natividad" de Federico Barocci (Italia, c. 1535-1612) es una pintura concebida para la devoción, en la que maternidad es sinónimo de pureza teológica. Su autor intenta humanizar la escena y hacerla "hogareña", pero de todas formas lo sublima, no pierde la aureola de la gracia celestial.
Como esos son muchos los ejemplos de "maternidades" con intención religiosa que dominaron la expresión artística clásica desde la idealización, incluso el castigo, pero poco a poco se fue suavizando el enfoque de este asunto para acercarlo más a las múltiples realidades que existen, a las diversas maneras de ver el hecho de ser mamá.

Detalle de "Las tres edades de la mujer" del austríaco Gustav Klimt (1862-1918).
Imagen tomada de https://es.wikipedia.org
Por eso encontramos creadores que pretenden romper el molde de la madre única y devota para incursionar en territorio poliédrico, a menudo incómodo, propio de nuestra naturaleza. Dicho esto en ocasiones la maternidad no es solo motivo de ternura o sufrimiento redentor sino que permite hablar de poder, deseo, cansancio, ambivalencia y transformación identitaria.
Desde las Venus prehistóricas, como la de Willendorf, hasta "La Piedad" de Miguel Ángel (Italia, 1475-1564 ), y muchas más, la tradición occidental construyó una madre prototipo relacionada con la fecundidad, la protección y el dolor. Entonces era todo símbolo, pero con los siglos ocurrió un giro. La modernidad quiso mirar este tema con subjetividad y desgarro.
Con la llegada de las vanguardias, artistas como la alemana Käthe Kollwitz (1867-1945) rompieron el encantamiento. Sus grabados y esculturas son fuertes, muestran madres que abrazan hijos muertos y vientres vacíos que ponen al descubierto el vínculo materno desde el suplicio más crudo.
También influyó el feminismo que en la segunda mitad del siglo XX modificó el relato único para exponer esas verdades mencionadas antes. Recordemos a la artista conceptual Mary Kelly (Estados Unidos, 1941) y su "Post-Partum Document (1973-1979)" que exhibe pañales, ropa manchada, y más, de su hijo, como altares de un ritual doméstico antes invisible.

Detalle de "Madre e hijo" del español Pablo Picasso (1881-1973).
Imagen tomada de https://harvardartmuseums.org
Por su parte el mexicano Julio Galán (1958-2006), con su imaginación fecunda, presenta madres grotescas, viriles o místicas, una forma más de alejarse del esquema que tantos repudian. En su catálogo tiene piezas fuertes como un niño embarazado y otro niño llamando a su madre desde dentro de una caja. Su arte no es benévolo, a veces refiere violencia y dista mucho de lo que se hacía un siglo antes. Pensemos en la ternura de la escena cotidiana que pintó Mary Cassatt (Estados Unidos, 1844-1926) bajo el título "El baño del niño".
Ya más cercano a los tiempos actuales podemos encontrar otras perspectivas que recrean a la madre de muchas formas, a veces como monstruo, otras como mujer agrietada por el proceso o gozosa porque asume el hijo no como obstáculo sino cómplice. La fotógrafa Elinor Carucci (Israel, 1971) es reconocida por retratar sin pudor. De su serie "Mother", cargada de intimidad, resalto una fotografía que muestra el cuerpo femenino después de una cesárea, con todas sus marcas.
Y así, son muchos los enfoques no complacientes que revelan maternidades disidentes en contextos de pobreza, enfermedad o ausencias. También descubrimos huellas de la fractura psicológica, del duelo de la pérdida o del deseo insatisfecho por la infertilidad desde voces emergentes que reivindican la maternidad como espacio de creatividad plena.

"Mi nacimiento" de la mexicana Frida Kahlo (1907-1954).
Imagen tomada de https://historia-arte.com
Por mucho tiempo la mujer fue vista como un útero sagrado en todos los ámbitos, y es cierto que el cuerpo femenino es perfecto para la procreación, sin embargo, en este universo expresivo, visto con lupa contemporánea hace que veamos que en su tratamiento existen lagunas.
No obstante, es cierto que el arte tiende aún a la idealización, a abordarlo con nostalgia y con un matiz rosa, porque la maternidad es bella y para muchas mujeres las molestias físicas y las dificultades pasan a tercer plano y encuentran en sus hijos satisfacción absoluta, y está bien porque no existe una única verdad.
En resumen, en cada época el tratamiento artístico de la maternidad ha sido claro ejemplo de las contradicciones que se viven. Es muy subjetivo, por eso tan contrastado porque depende de cada quien, de su manera de ver y asumir cada capítulo de la vida. La diferencia no está en la técnica, sino en la mirada. El arte nos enseña que, para entender la maternidad no basta con mirar a la superficie sino buscar detrás, y no romantizarlo, pero tampoco demonizarlo.
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