ARTE: de Grimshaw y la noche

Nos enseñó que se puede pintar la oscuridad con más que negros y grises.
Fuente:
CubaSí

John Atkinson Grimshaw (Reino Unido, 1836-1893) es un pintor de excelencia reconocido por representar la noche con un dominio tremendo de la técnica de la espátula y el manejo de las luces y las sombras.

Muy pronto el británico entendió que pintar escenarios de nocturnidad no significaba dejarlo todo tan negro que no se ve a un metro, sino en ubicar bien la luz. De hecho, como podemos admirar en esta selección, es la iluminación de la luna, las farolas y las estancias el eje fundamental de su narrativa, el elemento que guía nuestra mirada.

Son esos reflejos los que nos hacen sentir la noche frente a sus cuadros, no quedamos indiferentes.

Su obra, exponente de la época victoriana, ya nos dice que encuentra en la noche inspiración y la convierte en uno de los territorios más personales de su pintura. Podemos observar sus calles desiertas, la lluvia tocándolo todo como en espejo, árboles sin follaje, muelles, puentes, ríos y avenidas que al estar iluminadas de alguna manera, a veces por nuestro satélite, son escenarios que construyen una imagen de la noche que no es la típica de oscuridad total porque en realidad es así, nunca es absoluta en exterior, posee matices y sombras más o menos intensas que también ofrecen belleza.

De hecho, es evidente su fascinación por la luz de la luna que no es solo decoración colgada del cielo sino fundamental para descubrir la arquitectura que ilumina. Su claridad muchas veces es la que delimita lo que debería estar oculto como un árbol o el camino vacío. Los biógrafos del pintor lo describen acostumbrado a pasear por calles y bosques al anochecer junto a su esposa, más que por el día. Lo disfrutaba, se nota que así se inspiraba. Quizás se quedaba rato mirando el cielo y sus alrededores porque ese nivel de detalle en sus lienzos tienen que ser resultado de mucho análisis y observación y no solo producto de su mente.

Es cierto que sus cuadros parecen un poco silenciosos, se ven sus ambientes un tanto solitarios, carentes de personas con predominio del paisaje, pero ni siquiera así son lúgubres. Son bonitos hasta cuando pinta los charcos donde se reflejan las luces deformadas de la luna o de la vida al interior de las casas.

En pintar lo para nada extraordinario y hacerlo bello radica uno de sus encantos. Y si somos críticos vemos que se limitó a pintar la luz cuando casi no había, cuando estaba convertida en a penas unos destellos en entornos cotidianos, su interés era la noche y para eso entendió la sombra como materia. Este es un desafío importante que supo cumplir con entereza y con una habilidad casi fotográfica porque cuidaba los detalles.

Así Grimshaw encontró su lenguaje pictórico, poético también, sin dejar atrás la modernidad y la industrialización que vivió y que manejó sin escándalo, como el boom de las luces eléctricas que llevó al lienzo como protagonista humilde. Se especializó en esos escenarios nocturnos llenos de mística e interrogantes, en ellos buscó belleza y lo consiguió. Por eso hoy lo reconocemos como uno de los pintores de escenas nocturnas más destacados del siglo XIX, uno que nos enseñó que la oscuridad no tiene que ser horrible ni la soledad un lastre y que se puede pintar la noche con más que negros y grises.

 

 

 

Añadir nuevo comentario

Texto sin formato

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.