Argentina: La otra realidad
Hace un tiempo un amigo cubano residente en Santiago de Chile me hablaba de la gran cantidad de personas que dormían en las calles de esa capital, pero ahora, subrayó, he visto en Buenos Aires un número mayor, algo que, concuerda con cifras ofrecidas por organismos especializados que duplican la cifra en contraste con la ofrecida por el gobierno de Javier Milei.
Mientras el melenudo mandatario realizaba su visita 17 a Estados Unidos y proponía la imitación del modelo estadounidense del shutdown cuando no alcance el presupuesto, más de 14 000 personas se encuentran en situación de calle en Buenos Aires, superando en ese factor negativo al registrado durante el régimen del también derechista Mauricio Macri.
Tal hecho refleja el crecimiento de la pobreza del país, donde los trabajadores pueden ser despedidos sin reclamos y defensa de entidades obreras, a pesar de la apertura desembocada a entidades extranjeras para que inviertan en el país. Los hechos contradicen la política oficial.
Justo en el medio de la difusión por Milei de un mapa con fake news de crecimiento económico relacionado con las inversiones, apareció una cifra real que demuele el relato oficial. Un trabajo de Misión Productiva que muestra que el país es el peor de la región en materia de inversión extranjera, al solo recibir menos del 5% de las inversiones totales que recibió el Brasil de Lula.
Argentina se ubicó en el último lugar de América Latina en materia de inversión extranjera directa entre las principales economías de la región, mientras países como Brasil, México, Chile, Costa Rica o Colombia lograron atraer flujos significativos de capitales externos.
Los números son lapidarios. Aun cuando el gobierno de Javier Milei regala exenciones impositivas para radicación de capital y abre la economía a favor de los privados, nadie quiere poner plata en Argentina.
El dato resulta especialmente significativo porque ocurre en un contexto donde el Gobierno impulsó un fuerte esquema de incentivos a grandes inversiones mediante el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones). Sin embargo, esas inversiones vinculadas principalmente a recursos naturales y energía no alcanzan para generar un proceso amplio de atracción de capitales”.
Esto refleja un problema más profundo: no es posible sostener una estrategia de desarrollo basada únicamente en grandes proyectos extractivos o de enclave. La capacidad de atraer inversión también depende de factores como el dinamismo del mercado interno, el acceso al crédito, la estabilidad macroeconómica, la infraestructura y las perspectivas de crecimiento de sectores como la industria, la construcción y las PyMEs.
En este contexto, una misión productiva revela el por qué nadie invierte:
1. La fuerte caída del consumo y la demanda interna, que reduce incentivos para ampliar capacidad productiva. 2.La paralización de la obra pública, de manera directa, con impacto sobre la industria y cadenas proveedoras. 3.La escasez de crédito productivo. 4.La apreciación cambiaria y deterioro de la competitividad en sectores transables. 5.Elevada incertidumbre sobre la sostenibilidad futura del esquema macro. 6.Debilidad del entramado PYME y caída de sectores intensivos en empleo. 7. Inversión extranjera difícilmente pueda expandirse de manera sostenida en un contexto de mercado interno deprimido, utilización ociosa de capacidad instalada y ausencia de financiamiento de largo plazo.
Históricamente, los países que lograron procesos sostenidos de desarrollo económico mantuvieron tasas de inversión significativamente más elevadas que las proyectadas hoy para Argentina. El desafío hacia adelante pasa por reconstruir condiciones para una expansión más amplia de la inversión productiva, en todos los sectores productivos. De otra manera, la actual estrategia de estabilización y el rumbo productivo del gobierno seguirán teniendo impactos negativos en el largo plazo.
Pero esta situación negativa en la inversión no significa la ausencia foránea, ya que el 5% del territorio nacional está en manos extranjeras, lo que equivale a 13 millones de hectáreas —una superficie similar a la de toda Inglaterra o Grecia.
Hay 36 departamentos del país que ya superan el límite de tierras en manos extranjeras que establece la ley vigente. Entre ellos, cuatro presentan una situación crítica: Lácar (Neuquén), General Lamadrid (La Rioja), Molinos y San Carlos (Salta), donde la participación extranjera supera el 50%. Estas zonas son consideradas estratégicas por concentrar recursos minerales y agua dulce.
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