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PENSANDO Y PENSANDO: Ignorancia por vocación

Entre ciertas generaciones más jóvenes, la ignorancia ya no parece un problema. En reels de redes sociales incluso se exhibe como una gracia o un rasgo simpático de personalidad 

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Ignorancia por vocación

Hay quienes pasan horas navegando entre videos, titulares y publicaciones fugaces, creyendo que eso equivale a formación. Pero el saber exige profundidad, contraste, reflexión, capacidad crítica.
Ilustración de Alfredo Martirena

Fuente:
CubaSí

Para muchas personas, sobre todo entre ciertas generaciones más jóvenes, la ignorancia ya no parece un problema ni una limitación. En muchos reels de las redes sociales incluso se exhibe casi como una gracia, como un rasgo simpático de personalidad. 

A muchos ya no les avergüenza no saber cosas elementales. Incluso hay quienes parecen sentir orgullo de no haber leído nunca un libro, de no interesarse por nada que vaya más allá de lo que consumen diariamente en sus pantallas. 

Ignorantes por decisión, ignorantes por vocación, han existido siempre. Lo preocupante es que ahora esa actitud parece encontrar aplauso y legitimidad. 

Sería injusto y simplista, por supuesto, demonizar las redes sociales o internet. En ese universo inmenso existen posibilidades extraordinarias de acceso al conocimiento, a la cultura y a la información. 

Nunca antes una persona tuvo tan al alcance de la mano bibliotecas enteras, conciertos, películas clásicas, cursos, archivos históricos, debates intelectuales y materiales educativos de todo tipo. 

El problema no está en las herramientas, sino en el uso que se hace de ellas y en la manera en que muchas veces se favorece un consumo rápido, superficial y fragmentario de los contenidos. 

Vivimos además en medio de un verdadero maremagno informativo. Y ahí aparece uno de los grandes desafíos contemporáneos: la jerarquización. No basta con acceder a una enorme cantidad de datos; es necesario aprender a distinguir qué vale realmente la pena, qué nos ayuda a comprender mejor el mundo y qué solo nos distrae o nos hunde en la pura banalidad. 

Hay quienes pasan horas navegando entre videos, titulares y publicaciones fugaces, creyendo que eso equivale a formación. Pero el saber exige profundidad, contraste, reflexión, capacidad crítica. 

Resulta importante, entonces, consolidar métodos de aprendizaje y de acercamiento a la cultura. Leer un libro, apreciar una obra de arte, escuchar música con atención, estudiar la historia o interesarse por la ciencia siguen siendo experiencias fundamentales para el crecimiento humano. 

La cultura no es un adorno elitista ni una acumulación de datos para aparentar superioridad. La cultura amplía la sensibilidad, ayuda a pensar mejor y ofrece herramientas para entender la complejidad de la realidad. 
 

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Biblioteca renacentista

Hace siglos el acceso a la cultura era privilegio de pocos... ahora, que se han democratizado las maneras de hacerlo, algunos eligen la ignorancia. Imagen generarada con IA.

Ahí la familia y la escuela tienen una responsabilidad enorme. En los espacios íntimos y también en los públicos debería promoverse la idea de que adquirir conocimientos es algo valioso, enriquecedor y necesario; que la curiosidad intelectual merece ser estimulada y que aprender nunca debería convertirse en motivo de burla, aunque muchas veces ocurra. 

Un buen maestro, unos padres atentos o incluso un amigo pueden despertar el interés por la lectura, el arte o el pensamiento crítico. 

Pero para eso hace falta defender socialmente la importancia del saber. Porque una sociedad que termina convirtiendo la ignorancia en motivo de simpatía o de orgullo corre el riesgo de debilitar su propia capacidad de análisis y de reflexión. 

Renunciar voluntariamente al conocimiento implica también renunciar a herramientas esenciales para comprender el tiempo en que vivimos. Y quizás uno de los mayores peligros de esta época sea precisamente ese: acostumbrarnos tanto a la superficialidad que terminemos renunciando, sin darnos cuenta, al ejercicio mismo de pensar.

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Comentarios

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Roberto
6 Mayo, 2026

Es una nueva era pero, realmente es un desastre