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Margarita Ruiz: el patrimonio compartido

La destacada profesora ha recibido este miércoles el Premio Nacional de Patrimonio Cultural.
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Margarita Ruiz, Premio Nacional de Patrimonio Cultural
Fuente:
CubaSí

Margarita Ruiz no solo ha contribuido a preservar, a conservar el patrimonio cultural de la nación. Lo ha socializado. Y ahí está uno de sus mayores aportes. Ha honrado la esencia misma del patrimonio cultural, que se asume como tesoro compartido. El Premio Nacional que ha recibido reconoce una de las más brillantes trayectorias del panorama cultural cubano. Una presencia. Una permanencia. Un compromiso. La obra de toda una vida.

​Para Margarita, el liderazgo ha sido siempre una vocación de servicio público, una responsabilidad que se ejerce desde la acción y no desde la jerarquía. Ha preferido estar más cerca de la obra que del buró en la oficina. Su gestión en el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural no se cuenta por decretos, sino por el rescate tangible de piezas y la salvaguarda de sitios que hoy definen nuestra identidad. Entiende la administración como un acto de fe hacia la cultura. Menos papeleo, más compromiso directo con la memoria.

​Esa pasión por lo público encuentra gran expresión en su apoyo a la escultura ambiental. Para ella, el arte fuera de las galerías es vía para compartir la belleza con el transeúnte, gente que quizás no acuda a los espacios convencionales de socialización del arte. Su credo es que la escultura monumentaria no es simplemente un objeto estático: la asume como un organismo vivo que "habita" la ciudad y dialoga con los ciudadanos. Que la ciudad se reconozca en sus monumentos.

​Su rigor académico, forjado en décadas de estudio y curaduría, la ha convertido en el referente ineludible para la gestión en los museos cubanos. Muchos guiones museológicos del país, muchas investigaciones académicas han contado con su asesoría. Su método es la excelencia. Entiende al museo como espacio de interpretación en el que la historia y el arte deben contarse con precisión y creatividad. La academia, para ella, tiene que ser una herramienta de precisión.

​Margarita Ruiz es una maestra. Esa capacidad de enseñar la acompaña siempre, incluso fuera de los espacios docentes tradicionales. Ha sido una gran formadora de especialistas, dejando su impronta en generaciones de museólogos y curadores. No solo transmite conocimientos; transfiere una mística.

En muchos de los espacios de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, organización que integra con entusiasmo y responsabilidad, ha dado muestras de ese legado, que es un magisterio constante, una herencia intelectual. El Premio Nacional de Patrimonio Cultural ha honrado su consagración plena.

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