Geopolítica: Cuando el balón es parte del tablero global
El mundial de fútbol ya terminó. No solo tenemos el resultado de la justa deportiva, sino conclusiones que apuntan hacia la geopolítica. Estados Unidos todo el tiempo se estuvo robando la atención en materia logística ya que el deporte le ha servido para ofrecer una imagen de gobernabilidad y estabilidad con miras a las elecciones de noviembre. En esto, la propia FIFA ha tenido un papel crucial. Las alianzas, los apoyos y las apariciones públicas del presidente Trump están en sintonía con un pensamiento que liga el fútbol con la política y que traza un camino más allá de los campos de juego.
De hecho, el propio presidente norteamericano ha dejado bien claro que aspira a que su país sirva de sede a otro mundial, esa vez quizás compartido con países no del entorno geográfico. Estados Unidos no es una nación de tradición futbolística, de hecho posee su propia versión de dicho deporte. Sin embargo, la organización de eventos con una proyección global, la fuerza que posee en materia de imagen electoral el éxito del mundial y la posibilidad de usar todo eso para paliar los efectos del aislacionismo norteamericano; son temas a tomar en cuenta. Los aranceles han tenido un efecto bumerán que quizás con la guerra en Irán y el ruido mediático en torno a Cuba no acapara los suficientes titulares. Hay una subida de precios que para una economía basada en el confort y el consumo es totalmente inadmisible. Ello puede traerle consecuencias a los MAGA de cara a los votos. El mundial, de alguna manera, atrajo inversionistas, abrió las puertas y volvió a darnos la imagen de unos Estados Unidos globales que están dispuestos a negociar. Todo lo que los aranceles hicieron fue ahuyentar la estabilidad del flujo de capitales.
El mundial funciona entonces como una corrección del rumbo y del discurso. No solo porque se retoma la retórica globalista de un solo mundo en torno a la idea liberal, sino porque evidencia que ni siquiera Trump puede restaurar el viejo mundo aunque quiera. La dependencia de las industrias es un hecho y, por ende, cada acción que se hace desde la política estará guiada a una cuestión estructural de fondo. Estados Unidos en realidad nunca se aisló del resto de los países, sino que sostuvo —al menos en este tiempo de maguismo— una retórica belicista en materia comercial que no era capaz de mantener sin hacerse daño a sí mismo. El Mundial restauró en lo discursivo lo que no ha dejado de ser una realidad cotidiana.
Ahora bien, ¿por qué insiste Trump en otra sede del Mundial? No solo eso, sino que deja la puerta abierta quizás para compartirla con alguna de las economías dinámicas del sudeste asiático. Eso es puro realismo geopolítico y tal ha sido el giro del trumpismo desde inicios de año. Desde una posición meramente pragmática, el presidente de los Estados Unidos y su gabinete de trabajo lo que han hecho es tratar de asegurarse el terreno tradicional de su país en la región al tiempo que entran en negociaciones con los adversarios a los cuales se ven obligados a respetar.
El pragmatismo mezclado con el realismo político y a su vez con la perpetuación de la geopolítica en materia exterior. Todo eso estuvo como un coctel en el Mundial. El tratamiento a la Selección Nacional de Irán fue un ejemplo de ello. El deporte fue la caja de resonancia en la cual se observó la prohibición de Rusia por ejemplo y a la vez la permisividad con Israel. Un doble rasero que es ya habitual en materia de derechos humanos. México intentó marcar la diferencia en cuanto a visión cultural y política, pero la inseguridad, la fragmentación de la clase política y el propio entorno institucional hacen que las posiciones sean inestables y variopintas. Las democracias liberales muestran una crisis perenne a la hora de trabajar en materia de eventos. Canadá, por su lado, aunque organizado y coherente, no articuló una propuesta distinta a los Estados Unidos y por ende palideció.
¿Qué podemos esperar si se le entregara a Estados Unidos la sede de otro magno evento de este tipo? La economía norteamericana necesita de una ventana de oportunidades que rebaje el efecto de la guerra y de los aranceles y retome el rumbo inversionista anterior. La caída del petrodólar fruto del cierre del Estrecho de Ormuz es algo que ha venido afectando los valores de la bolsa. La paz momentánea que hubo durante el Mundial demostró que urge llegar a un acuerdo con Teherán para que Occidente se oxigene y deje a un lado los efectos nocivos de las propias acciones de su clase política. El globalismo está equivocado en la solución que le da a la crisis económica del sistema, pero no en lo de entender que somos un mundo interconectado y que los efectos en red de las conmociones son tan fuertes que dejan a todos desvalidos.
Sin dudas los eventos sociales a escala global son dispositivos de poder que hablan sobre el lugar que cada país ocupa en la geopolítica. Los cuatro semifinalistas son naciones que poseen un peso en sus regiones y tres de ellos ocuparon el puesto de grandes imperios del pasado. La historia se expresa a través del deporte y lo resignifica. Estados Unidos ha sido consciente de ello y por ende busca reeditar un evento que lo reposicione en el centro de Occidente como economía líder. No es que haya perdido ese status, sino que como parte de las dinámicas reales de la economía ha sido un resultado casi consustancial que emerjan nuevos actores.
El Mundial fue una plataforma en la cual los ingleses casi ganaron la copa y vendieron la imagen de un futbol potente, comercial, vinculado a los valores nacionales del Imperio Británico. También fue una plataforma en la cual España buscó la proyección de su marca internacional por encima de divisiones internas y de luchas por el poder entre las facciones de la partidocracia. Fue el evento en el cual la Argentina de Milei se pronunció en torno al conflicto de Malvinas, en un intento por resignificar desde el futbol una causa que es de la izquierda nacionalista. Todos esos significantes estaban sobre el tablero. Pero por encima de ello, la Norteamérica de Trump, esa que la geopolítica de la actual administración reivindica con un sabor tan cercano a Monroe y que tiende a mirar hacia el Sur con arrogancia.
Ojalá pudiera hacer otro tipo de análisis en torno al deporte, por ahora esta realidad es prácticamente inevitable.
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