EN CUBA: ¿Atención al público o terapia ocasional?

Tenemos como entrevistada a Carmen, una muchacha de San Antonio de los Baños, residente en el Vedado desde hace ya unos años, y no hay día que la sorprendan las interacciones y relatos que los clientes dejan por su centro de trabajo.
Su día a día comienza desde bien temprano, siempre intenta dar lo mejor de sí y con los mejores ánimos, aunque haya amanecido en apagón, la montaña de ropa sucia esté a punto de desplomarse y el transporte matutino le haga hacer un corto entrenamiento físico.
De lunes a viernes en Carmen desembocan inquietudes, agradecimientos y desavenencias lo mismo en físico que virtual, a través de la aplicación de mensajería WhatsApp, y como mismo todas las personas somos diferentes, no hay experiencia que se repita.
Está el ejemplo del cliente sociable, entra a la tienda como si la conociera de toda la vida para preguntar qué se comercializa, horarios, productos, y de paso aprovecha para comentar sobre la novela de la noche anterior, desahogarse del último apagón del día, la cola del banco, los precios de la comida.
A veces con clientes así Carmen tiene para improvisar una conversación amena, cordial hasta por media hora, con tal de que el cliente se sienta atendido y escuchado aunque de lo que se hable no tenga que ver con la función de la tienda.
Hay otros que van por un regalo personalizado y en la explicación de cómo lo quisieran revelan historias cargadas de añoranza y amor, historias de vida de familias separadas por la migración, de padres e hijos que pronto se reencontrarán, de un primer encuentro entre abuelos y nietos. Un intento de consuelo.
Carmen por suerte dio en el centro de la diana, pues si bien no es psicóloga, le agrada hablar y socializar con cualquiera y de diversos temas, y ello es clave para quienes trabajen directo con el público, sin embargo, no todas las historias que cuenta las lleva en un buen recuerdo.
Hay quienes sin darse cuenta entran con la carga y el cansancio de todo el día y desembocan insatisfacciones que con Carmen no tiene que ver ni ella puede solucionar, sin embargo, la paciencia de ella es tan infinita que siempre trata el cliente salga complacido, con la información que quiera y el mejor de los ánimos.
La sonrisa, los buenos modales y la educación son parte de ella, así debería ser de todos quienes trabajan directo al público, como ejemplo cívico, como buena personas, trabajadores; la empatía, el humanismo y el respeto a entablar entre sí, a pesar de que cada uno llevamos dentro una historia de vida diferente.
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