DE LA HISTORIA DEPORTIVA: Olimpismo made in USA

Olimpismo.
El desarrollo deportivo de los Estados Unidos es extraordinario. En mi más reciente libro, De Atenas a París. Los Juegos Olímpicos (Warriors Editions, 2024) esclarecí al respecto a partir de su labor en el primer gran certamen efectuado en la capital de Grecia en 1896: “…el resultado alcanzado por esta delegación abraza lo lógico: Estados Unidos llega a los primeros planos del planeta con una fuerza más y urge de desarrollo mayor a como dé lugar a pesar del adelanto conseguido; la ciencia y la técnica en puesto cimero, alimentan la cultura física también”.
Sobre este asunto profundicé e ignoro por qué desapareció de la edición si ya lo había expresado en Las Olimpiadas, De Atenas a Moscú (Gente Nueva, 1979): “No es casualidad, Estados Unidos es uno de los países más desarrollados del orbe, Ha crecido sobre la base del hambre de los pueblos. El yanqui es un imperialismo nuevo que, como Alemania, llega al escenario cuando hay un montón de actores europeos cansados y desea una tajada mayor. Indudablemente, tiene masividad y superior avance técnico en el deporte”. El brillante lírico cubano Regino Pedroso en su obra Nosotros (1933) golpea a los hidrópicos de oro como llama a los gringos en Y lo nuestro es la tierra: su lujo es prestado:/ están vestidos con nuestra miseria/” Dejadlos con sus dólares, con sus billetes y su Wall Street…/ Llegarán los grandes días…/ entonces nuestras manos se colmarán de júbilo…/
DESGARROS EN LA GRAN FIESTA
No puede extrañar la negación de visas para herir a nuestros representantes al próximo Clásico beisbolero. No es la primera vez ni será la última desgraciadamente. Mientras exista el imperio del mal... Ni siquiera los niños y niñas clasificados para actuar en torneos otorgados a USA escaparon a este desmán. De esta y otras arbitrariedades está repleta la historia deportiva de los hidrópicos de oro. Cuando fueron sede en 1904 de la tercera magna lid, la desgarraron hasta la barbarie. El inicio muestra intereses bien alejados de la pureza: dos ciudades de EE.UU. bregan por albergar el clásico. Chicago habla con el lenguaje de los pesos: informa que ya cuenta con 120 000 dólares, afirma acumular más y asegura 200 000 de taquilla para la gran fiesta del músculo. Con esas cualidades, territorio escogido.
Los de San Luis no bajan los brazos. Desean obtener los Juegos para impulsar la exposición comercial que saludará el centenario de la cesión de la Lousiana a la entonces joven república estadounidense que iba y va por mucho más.
Presionan y el COI cede ante palabras muy convincentes: si no accede, los sanluiseños efectuarán pruebas deportivas en la fecha de del certamen y darán jugosos premios. Lo que empieza mal...
PRUEBAS VAN Y PRUEBAS VIENEN
Comienzan los III Juegos Olímpicos. La mucha distancia de la sede, en relación con el desarrollo del transporte, fustiga. Contendientes: 687; extranjeros: 97; naciones: 13; según estadísticas respetables. Desde las asociaciones y funcionarios deportivos, sobre todo en Europa, hay un ambiente discriminatorio, a partir de su visión aristocrática y de cierto desdén contra el continente. Aparte, todavía el olimpismo no está completamente consolidado: hay bastante por realizar para salvarlo y conducirlo a la cúspide. Para la mayoría, la justa es un festival nacional en el que se dirimen los campeonatos de EE.UU. en gran parte de las especialidades.
Sobre lo peor no quisiera tener que escribir. Debemos hacerlo con este sentimiento martiano muy presente: La pluma debiera ser inmaculada como las vírgenes. Se retuerce como esclava, se alza del papel como prófuga y desmaya en las manos que la sustentan, como si fuera culpa contar la culpa. De la crónica a partir de la pelea entre Sullivan y Ryan por la corona.
Son las llamadas jornadas antropológicas: palabrería ocultando la ignominia. Sean testigos de una de aquellas. Pasan los corredores la meta. Ha ganado un negro; un sirio le siguió los pasos. Más allá, un mestizo triunfa en los 800. Va a saltar, ahora, un hebreo… No se equivoque: no está ante una prueba oficial. Son las llamadas jornadas antropológicas, días dedicados a las competencias entre la gente inferior según lo más malsano de los Estados Unidos. Contienden negros, mulatos, indios, filipinos, turcos, judíos, sirios… nacidos o naturalizados en EE.UU. impedidos de actuar en la batalla oficial al no ser reconocidos como auténticos norteamericanos. Muchos de estos contendientes tienen defectos físicos y hay hasta subnormales. Entre las pruebas denigrantes, la lucha libre sobre el fango.
Hay más barbaridades en la citada justa. Sobre ellas trataré en próximas ediciones. Por lo pronto citaré algunas opiniones de periodistas y funcionarios de diversos países quienes, sin ser de izquierda, estuvieron en contra de los no pocos antiolimpismo vividos en San Luis 1904: “En las pruebas ciclísticas se han mezclado aficionados y profesionales por culpa del eterno sentido mercantil de los americanos”. “La Tercera Olimpiada ha sido una auténtica juerga deportiva, programando más y más pruebas para ver quién era capaz de vencer en esto y quién en aquello otro”. “… El sensacionalismo y el afán de hacer las cosas en grande de los estadounidenses fue perjudicial para los Juegos.”
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