ARTE EN LA RED: El rapto de las mulatas

Nos acercamos a un clásico de la pintura cubana.
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El rapto

Carlos Enríquez recrea algunos de los grandes raptos de la mitología universal. Detalle de la obra.

Fuente:
CubaSí

Hay una inquietante complacencia en estas mujeres que provoca cierta desazón: no parecen infelices por el acto violento al que son sometidas, como si la escena transcurriera en un umbral ambiguo entre el hecho y la ensoñación. 

Esa tensión es, precisamente, una de las claves de El rapto de las mulatas, una de las obras más singulares y sugerentes de Carlos Enríquez. La escena parece estar en perpetuo desplazamiento, animada por un dinamismo interno que desdibuja los contornos y lanza a las figuras hacia un espacio donde lo real y lo imaginado se entrecruzan. 

El uso de transparencias crea ámbitos superpuestos, zonas que se interpenetran y otorgan una vivacidad casi cinematográfica al momento. 

En esa fluidez radica también la notable capacidad narrativa del artista: más que representar un episodio, sugiere una historia abierta, cargada de resonancias simbólicas y culturales. 

No en vano, esta obra ha servido como punto de partida para múltiples reinterpretaciones desde otras artes y disciplinas. Esencial en el panorama de la pintura de vanguardia en Cuba, estamos ante un hito que conjuga audacia formal, densidad poética y una profunda exploración de la identidad.

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El rapto

Carlos Enríquez: El rapto de las mulatas, 1938. 162.5 x 114.5 cm. Colección del Museo Nacional de Bellas Artes.

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