Geopolítica: Irán, ¿un punto de inflexión?

Geopolítica: Irán, ¿un punto de inflexión?

¿Es Irán la Serbia o la Bélgica de una nueva guerra global? ¿Estamos ante un nuevo 1914 o un 1915 en el 2026?
Imagen
Flota EEUU amenaza Irán
Source:
Cubasí

La crisis iraní ha tomado otro capítulo con la concentración de fuerzas occidentales en el Golfo Pérsico y la posibilidad de una confrontación regional con escalada global. El posicionamiento de las potencias en esa parte del mundo ha sido un juego de ajedrez en el cual se llevan adelante presiones de manera milimétrica y controlada de forma tal que se miden los alcances del adversario y se establecen líneas rojas. Precisamente, el apoyo de China y de Rusia a Irán ha sido crucial en el sostén del equilibrio del Medio Oriente ante el posicionamiento occidental a favor de Israel. Estados Unidos ha usado a Tel Aviv como un enclave elemental en la agresividad hegemónica, por lo cual la permanencia del régimen sionista es un asunto de prioridad existencial para la élite norteamericana. Se trata de petróleo y de poder, no de democracia ni de elecciones, no de regímenes autoritarios o liberales. Ese es el pragmatismo con el cual debería ser develado el panorama de una porción del orbe que lleva tiempo encendida en conflictos, bajo la presión de las potencias que la parasitan.

El capitalismo extractivo o buitre que se ha enseñoreado de los combustibles fósiles ha sacado la cuenta de cuánto le queda a ese modelo y en la medida en que se hace insostenible aumentan las guerras por el control. En geopolítica ello se evidencia en los movimientos que Estados Unidos ha hecho en los últimos tiempos hacia zonas que constituyen reservas naturales de ese fósil. Si Irán posee petróleo, también controla una parte importante del comercio de dicho producto a través de su estrecho, por lo cual el cierre de las vías afecta directamente la estabilidad de los precios y la inflación en el seno de los países occidentales. Como sabemos que Estados Unidos está en un año electoral, todo puede ser posible en materia de conflictos con tal de bajar el valor de la gasolina y de convencer a la clase media norteamericana de que Trump es el líder que conviene y de que el maguismo va a salvar la nación. La jugada está planteada a partir de la superioridad militar, pero se sabe que no es absoluta, que está contenida, que no se puede asegurar ya una hegemonía total como en la primera y segunda guerras del Golfo Pérsico. La asimetría del uso de los drones, de los misiles hipersónicos, ha hecho de los portaaviones la debilidad de la armada norteamericana. Lo que antes era una ventaja estratégica, ahora pudiera convertirse en un desastre. Y eso tanto en lo militar como en los psicológico en materia política es un golpe que Trump no posee armas para responder o reponerse de la caída. Por ende, no es tan sencillo.

Irán siempre estuvo en el foco de las potencias occidentales. Bajo la hegemonía británica durante siglos, debido al poder del Imperio en la región; pasó al control norteamericano tras la Segunda Guerra Mundial. El Sha de Irán era una figura que dialogaba y llegaba a acuerdos con los occidentales y que servía de pivote conservador ante las fuerzas afines a los movimientos de liberación en la región del Oriente Medio. Sin embargo, reportes de inteligencia han revelado que tanto los servicios británicos como los norteamericanos siempre mantuvieron a esta figura de la monarquía iraní bajo vigilancia y desconfianza. El interés del petróleo determinaba las relaciones y establecía los límites de lealtades. Finalmente, con la Revolución Iraní, la caída del Sha dio paso a un proceso de transformaciones en el orden político, social, religioso y cultural que plantearon una incompatibilidad con los proyectos occidentales en la región y básicamente con el sionismo. Teherán pasó de ser una capital alineada con Occidente, a jugar un papel clave en el contrapeso y en el mundo multipolar.

Actualmente, tras la caída del control norteamericano en Afganistán y el movimiento de la India hacia el grupo de los BRICS, Asia y el Medio Oriente se tornan una región donde la multipolaridad se hace sentir con mayor fuerza. Eso quiere decir que, en materia de recursos, no son ya los occidentales quienes deciden los mercados, los precios, las alianzas. Incluso países alineados con Estado Unidos de manera tradicional como Qatar y Arabia Saudí han establecido lazos con el polo económico emergente y ello significa un peligro para el poder del petrodólar. Lo que esto último quiere decir es que en la medida en que se produzca el comercio del petróleo en otras monedas y se establezcan reservas de divisas basadas en esas transacciones, el sistema dólar queda obsoleto y su valor decae en el flujo del comercio global. Ese es precisamente el proyecto del grupo de los BRICS, cuestionar el poder de la moneda norteamericana estableciendo un sistema financiero con incentivos mayores y creando un efecto llamada hacia inversionistas, empresas globales y países. 

Bajo el mandato de Trump, los BRICS han seguido creciendo y los movimientos de su proyecto de poder son sostenidos. En el caso de Irán, se trata de un punto de presión regional por el peso del petróleo en la creación de reservas de divisas de países adversarios a los Estados Unidos. Justo eso estaba pasando en Venezuela y ya conocemos el resultado. La jugada está planteada en base a cuestiones de supervivencia del poder occidental y su permanencia geopolítica. Creer que se trata de cuestiones ideológicas o concernientes a los derechos humanos es irse por variables que en realidad no están puestas sobre el tapete de las decisiones en las mesas de las potencias. Ahora bien, esta diplomacia de las cañoneras, ¿es totalmente efectiva?

Recordemos que entre las principales metas que el comercio requiere para crecer y acumular capital está la estabilidad global. Todo lo que se hizo tras la Segunda Guerra Mundial con la creación del sistema de Naciones Unidas y los tratados internacionales tenía como punto de partida la gran matanza y el desastre de un mundo en el cual no había ley y sencillamente se imponían las cosas como pasó entre 1939 y 1945. Sin embargo, más allá de la causa histórica, lo que el Derecho Internacional persigue y por lo cual fue un interés para las élites occidentales es la estabilidad. Había que lograr una predictibilidad del sistema de conflictos para que eso no dañara o rompiera las rutas de abastecimiento y la posibilidad de que los valores de la bolsa decayeran abruptamente llevándose la fortuna de grandes empresas y firmas. Para ello, el sistema de la ONU era la cara política, para dialogar y resolver en lo posible las cuestiones y sostener los negocios. Con guerras, el comercio cae y el capital detiene su flujo. Además, cuando posees ventaja como nación y eres el hegemón, estableces la Pax Americana, como siempre han hecho los grandes imperios, es la paz del poderoso, del que ha ganado la guerra y pone fin a la guerra para gobernar. Todo eso ya se rompió. El cuestionamiento de esa Pax Americana y la posibilidad real de su fin es lo que ha llevado a Estados Unidos a reaccionar nuevamente con el intervencionismo. Por eso, lo que parece una demostración de fuerza, lo es de debilidad.

Volvamos a Irán. Las recientes protestas —que pueden tener quizás cierto nivel de razón a nivel de los propios conflictos internos de ese país— han sido cooptadas por Occidente para pivotearlas hacia sus intereses. Es el mismo guion de golpe suave que se ha visto en otras regiones y en tantos momentos. Se apuesta por derribar un miembro del grupo multipolar que aún no posee armas atómicas y que por ende su respuesta permanece contenida en la región. Pero jugar a la guerra puede encender otras guerras. En 1914 Austria Hungría le envió un ultimátum a una pequeña nación que en apariencia no podía defenderse, Serbia. El conflicto estaba planteado para una corta duración y se podía resolver de forma local en cuanto a la geopolítica de los Balcanes. Sin embargo, ya sabemos que eso condujo a la Primera Guerra Mundial a partir del sistema de alianzas y de contrapesos globales. Y este es precisamente un escenario que posee internamente las mismas variables. Hacer la paz mediante la guerra, como lo pensaron los antiguos romanos en su momento de máximo poder, era algo factible si sabes que tu enemigo no es lo suficiente cohesionado y potente para responderte y dejarte fuera de circulación. Porque si esto último pasa, las consecuencias se salen de control.

La historia no se repite de manera exacta, pero el choque de intereses geopolíticos cuando no existe un sistema de negociación diplomática eficiente internacional es un polvorín. Habrá acuerdo si las partes ven que la sumatoria de la matanza da cero, pero mientras Estados Unidos entienda que puede presionar sin mayores consecuencias existenciales lo hará. El patrón con Donald Trump es este: se lleva el conflicto a un punto de inflexión insostenible y luego se ofrecen condiciones de acuerdo en total ventaja hacia la porción norteamericana. Pero la cuerda que se tensa posee sus límites y la política de presiones y de fuerza puede y de hecho está desgastando el poder del imperio. Las naciones que eran aliadas han visto que ya no pueden fiarse y la OTAN se está rompiendo. Con el fin del sistema internacional occidentalista los países están saliéndose de la órbita posterior a la Segunda Guerra Mundial y han buscado otras alianzas más ventajosas. Es cuestión de poco tiempo que todo esto sea un bumerán para Estados Unidos. Trump gobierna para lograr un efecto de poder en el ahora, pero sus decisiones están comprometiendo el poder inteligente y la cohesión del Occidente Colectivo para los próximos cien años.

El politólogo y profesor Jeffrey Sachs lo ha dicho en su canal de YouTube de manera sostenida: se está ante un colapso de la Pax Americana y ese golpe nace de adentro, de las malas decisiones y de la alternancia malsana que anula una coherencia internacional del poder norteamericano. La exportación de la deuda mediante el dólar y el uso de este para penalizar y perseguir a adversarios globales son aristas que están construyendo el ataúd de Estados Unidos en este siglo. Y su hegemonía real, en caso de terminar, no habría llegado intacta ni a un siglo de 1945 a 2045. Irán puede ser el punto de inflexión. Está alejado del centro de poder militar en América, posee alianzas con grupos irregulares en su región altamente armados, dispone de informes de inteligencia en tiempo real y además de un contrapeso geopolítico con grandes potencias. El juego no es el mismo y Estados Unidos puede perder mucho. La historia ha demostrado que guerras contra estados más débiles pueden crear conmociones terribles en estados agresores más poderosos. Miremos el ejemplo de Viet Nam y los propios norteamericanos en el siglo XX. Quizás los asesores de inteligencia y geopolítica están haciendo en este caso un mal cálculo con proporciones apocalípticas.

El BRICS mientras tanto ha seguido ofreciendo condiciones de comercio ventajosas. Muchos recursos del mundo, sobre todo los minerales raros, están siendo calculados en reservas de yuanes lo cual ya representa un desafío al hegemonismo occidental. Estados Unidos ha optado por la creación de guerras proxys a los grandes adversarios y por guerras directas a los adversarios de menor peso militar. Es la vieja táctica de Napoleón de enfrentar a un gran enemigo dividiéndolo en partes. En el camino, el trumpismo ha roto las propias alianzas que resguardaban a Estados Unidos y ha lanzado a Europa en una caída libre hacia las manos de Rusia en lo energético y de China en lo comercial. En materia de seguridad, ya vemos que la OTAN está en una fase casi disolutiva. 

El nuevo mundo que la crisis está pariendo no ofrece las mismas ventajas a los norteamericanos que en el pasado. El Imperio Británico tuvo exactamente un siglo de hegemonía incontestable: desde la Batalla de Waterloo en 1815 hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial y la entrada de Londres en el conflicto en 1915. Y recordemos por qué se produjo tal intervención: la invasión alemana a Bélgica rompía el equilibrio de las grandes potencias en el juego geopolítico. Una vez más, el conflicto en una pequeña nación daba paso a rupturas mayores que redefinieron la historia. Pero si algo sostuvo a los ingleses en la cúspide, además de su poder naval y del comercio, fue la capacidad de lograr ya fuera por la fuerza, el chantaje, la coerción y la oferta de ventajas, un sistema de alianzas anglosajonas del cual incluso Estados Unidos se benefició en su etapa de ascenso imperialista a finales del siglo XIX. Ello nos dice que solo con las cañoneras no se sostiene el imperio e incluso que las guerras no les convienen a esos grandes poderes que requieren de estabilidad y del carácter predecible de las relaciones internacionales para poder construir su cúpula de decisiones.

¿Es Irán la Serbia o la Bélgica de una nueva guerra global? ¿Estamos ante un nuevo 1914 o un 1915 en el 2026? La historia no se repite de manera exacta, pero el campo de los conflictos humanos pudiera arrojarnos matrices de análisis que nos ayuden en la concreción de líneas de sentido.


 

Add new comment

Plain text

  • No HTML tags allowed.
  • Lines and paragraphs break automatically.
  • Web page addresses and email addresses turn into links automatically.