EEUU vs Irán: Disección del último repliegue imperial
El vicepresidente de Estados Unidos, J D Vance
En la más reciente entrega del culebrón geopolítico que enfrenta al águila calva con la media luna chiíta, el Vicepresidente J.D. Vance comparecía ante las cámaras de Fox News —ese diván mediático donde el Imperio va a psicoanalizarse sin miedo a escuchar un diagnóstico incómodo— para hablar de "negociaciones fructíferas" y cumplimiento de Objetivos.
Si algo necesita la política exterior estadounidense en este momento es un forense que hable claro y no tema mancharse el traje de Armani con la arena de Oriente Próximo.
¿De qué objetivos hablamos exactamente?. Disculpe la impertinencia, Señor Vicepresidente, pero pongámonos de acuerdo en los términos. ¿Los objetivos estratégicos eran acaso "invadir, generar caos y retirarse sin haber alterado un ápice la correlación de fuerzas sobre el terreno, pero asegurándose de que los misiles balísticos iraníes sigan tan intactos como la moral de la Guardia Revolucionaria"? Si ese era el manual de operaciones, permítame felicitarle: Misión Cumplida. Otra vez. Como en aquella icónica cubierta del portaviones USS Abraham Lincoln en 2003, pero esta vez con más arena en las botas, menos glamour de Hollywood y cero cambios estructurales.
¿O acaso el objetivo primordial era demostrar empíricamente que un F-35 —cuyo costo unitario equivale al Producto Interno Bruto de una isla caribeña mediana— es funcionalmente inútil para ganar una guerra asimétrica contra adversarios que operan con drones de ferretería? Si esa era la tesis doctoral del Pentágono, enhorabuena: la han demostrado con cum laude y gastos de envío incluidos.
¿Por qué no lo expresan con claridad meridiana?. He aquí el meollo de la cuestión. La claridad es enemiga natural de la hegemonía. Porque si el Departamento de Estado redactara un comunicado con la transparencia que exige el contribuyente, el texto tendría que leerse de la siguiente manera:
"Ciudadanos estadounidenses: Hemos invertido varios billones de dólares de sus impuestos, esos que ustedes pensaban que irían a sanidad o a reparar puentes, en volatilizar dunas de arena y estructuras de adobe. El resultado neto es que las mismas milicias chiítas que patrullaban la zona antes de nuestra llegada, siguen patrullando ahora, pero con un máster acelerado en evasión de radares AEGIS y un rencor antiamericano refinado. De paso, hemos logrado que Hezbolá en Líbano y los hutíes en Yemen perfeccionen la puntería con drones de 500 dólares que ahora pueden acercarse peligrosamente a nuestros destructores de 2,000 millones. Hemos fortalecido estratégicamente al Eje de la Resistencia mientras el complejo militar-industrial se frota las manos en la junta de accionistas. Que Dios bendiga a Raytheon y Lockheed Martin."
No lo dicen claro porque la verdad desnuda asusta más que un dron iraní sobrevolando el Golfo. Prefieren el eufemismo gastado: "Hemos alcanzado nuestros objetivos", que en lenguaje llano y sin florituras diplomáticas se traduce como: "Nos hemos percatado de que la paliza táctica era inminente si alargábamos la estancia un minuto más, así que optamos por una retirada a tiempo y ahora fingiremos que este desenlace era el plan maestro desde el minuto cero".
Por otra parte, ¿Cuál fue el costo final de esta función?. Esta respuesta, Sr. Vance, depende del departamento de contabilidad al que usted consulte. Si le preguntamos al CEO de Lockheed Martin: El costo final fue un trimestre fiscal simplemente espléndido. Los accionistas brindan con champán. Si le preguntamos a un marine retirado postrado en el Centro Médico de Veteranos de Virginia, mirando el muñón de sus piernas: El costo fue demasiado alto, incalculable en cualquier hoja de Excel. Si le preguntamos al estudiante universitario que no puede costearse la matrícula pero observa cómo una bomba JDAM de 40,000 dólares reduce a escombros un puesto de observación hecho de barro: El costo es risiblemente obsceno. Un chiste macabro de mal gusto fiscal. Y si le preguntamos a la fría y calculadora Geopolítica: El costo fue la implosión definitiva del mito de la invencibilidad militar estadounidense en el teatro de operaciones de Asia Occidental.
Para finalizar, ¿Qué ganó exactamente Estados Unidos con esta guerra?. Tras el humo del último misil Tomahawk y la última rueda de prensa evasiva, el balance de pérdidas y ganancias arroja tres joyas de la corona imperial: Primero, experiencia laboral de alto nivel para combatientes irregulares. Los terroristas yemeníes (como les gusta llamarlos al Comando Central) ahora poseen un posgrado en ingeniería de combate asimétrico. Saben cómo esquivar los sistemas de defensa AEGIS con un artefacto que es, a todos los efectos, una tabla de surf con un motor de cortacésped y un explosivo adosado. Segundo, una deuda nacional ligeramente más abultada. Un clásico que nunca falla en el repertorio imperial. Y la tercera y última, la certeza de que J.D. Vance puede pronunciar la frase "negociaciones fructíferas" sin que se le mueva un solo músculo facial. Esa capacidad de disociación cognitiva para vender una retirada humillante como un triunfo diplomático es, ciertamente, un activo intangible que no tiene precio en el mercado de la política.
En conclusión Inevitable, usted tiene toda la razón, Sr. Vance, aunque quizás no en el sentido que pretendía. Cuando el Imperio se ve en la tesitura de enviar a su Vicepresidente a Fox News —ese confesionario mediático donde solo acuden los ya convencidos— a vender una retirada bajo el eufemismo de "trabajo bien hecho", ya no estamos hablando de estrategia. Estamos hablando de pantomima.
El Imperio no solo está perpetrando el mayor ridículo de su historia reciente; lo está haciendo en diferido, en horario de máxima audiencia (prime time) y, para colmo de males, con subtítulos en farsi para que no se pierda detalle. Y lo más grave para los estrategas del Pentágono es que hasta el último pastor de camellos con un teléfono satelital y conexión a Telegram se ha dado perfecta cuenta.
Fin de la cita.
Add new comment