¿Gracias a quién?: Trapacerías alrededor de un guanajo

¿Gracias a quién?: Trapacerías alrededor de un guanajo

Tratados engañosos e incumplidos obligaron a las naciones nativas americanas a renunciar a grandes porciones de sus países de origen.
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Exterminio de las tribus nativas en EEUU
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CubaSí

A algunos seres congraciados con la concupiscencia estadounidense, afirman que el día más  feliz del año es  aquel en que se reúne la familia en el cuarto jueves de noviembre para celebrar el Thanksgivingday o Día de Acción de Gracias, que marca la fecha de la llegada de los primeros peregrinos al norte de América.

Un guanajo o pavo relleno es el centro de la comelata o festín, con fuertes libaciones en la  celebración más querida y famosa de Estados Unidos, incluso más grande que la Navidad, desconociendo que la llegada de los puritanos en el Mayflower a Plymouth como el Arbella a Massachussets, diez años después, marcan la sangrienta apropiación por los ingleses de las tierras de los indios, bajo el pretexto de que lo que es común a todos, no pertenece a nadie.

La tradición cuenta que la historia real del Día de Acción de Gracias se remonta a 1621, año en el que los colonos de Plymouth y los pueblos indígenas Wampanoag dejaron sus diferencias atrás para sentarse juntos a la mesa y compartir una comida para celebrar la cosecha.

Pero esto es realmente un bluff, porque la llegada de los europeos fue de todo menos amigable. Y es que trajeron consigo varias enfermedades que arrasaron poco a poco con la población indígena.

En los años siguientes, los recién llegados comenzaron a arrebatarle sus tierras a los indígenas de manera violenta, dando paso así a uno de los episodios más trágicos y sangrientos de la historia de Estados Unidos, la llamada Guerra del Rey Felipe.

Esta lucha se extendió de 1675 a 1678 y aunque fue liderada por Metacom, hijo del jefe Wampanoag que había asistido al primer Día de Acción de Gracias, terminó por transformarse en un mar de sangre, exterminando, casi por completo, a las tribus indígenas y convirtiendo a los pocos sobrevivientes en esclavos.

Por esa razón, los pueblos originarios consideran el Día de Acción de Gracias no como una fiesta que debe celebrarse, sino como un luto que debe guardarse por las miles de vidas de sus antepasados que fueron cruelmente arrebatadas.

HACIENDO HISTORIA

Las familias puritanas huían del rey y sus obispos, dejando atrás los impuestos y las guerras, el hambre y la peste. Como dice Winthrop, abogado de Cambridge, nacido en cuna noble:

“Dios todopoderoso, en su más santa y sabía providencia, ha dispuesto que en la condición humana de todos los tiempos unos han de ser ricos y otros pobres, unos altos y eminentes de poder y dignidad y otros mediocres y sometidos”.

La primera vez vieron los indios una isla andante. El mástil era un árbol, y las velas, blancas nubes. Cuando la isla se detuvo, los indios  se acercaron, en sus canoas, para recoger fresas. En lugar de fresas, encontraron la viruela. La viruela arrasó las comunidades indias y despejó el terreno a los mensajeros de Dios, elegidos de Dios, pueblo de Israel en las arenas de Canaán.

Como moscas han muerto los que allí vivían desde hace 3 000 años. La viruela, dice Winthrop, ha sido enviada por Dios para obligar a los colonos ingleses a ocupar las tierras desalojadas por la peste.

NO SOLO LA VIRUELA

Las matanzas de indígenas fueron una cosa común: John Undeerhill, puritano de Connecticut relata una matanza de indios pequot:

“No pudimos sino admirar a la Divina Providencia cuando nuestros soldados lanzaron una descarga tan cerrada que parecía que el dedo de Dios hubiera encendido la mecha con el pedernal… la andanada provocó terror en los indios, que estaban profundamente dormidos, y escuchamos los  lastimeros gritos… 
Muchos murieron quemados en el fuerte… Otros fueron forzados a salir y nuestros soldados los recibían con las puntas de las espadas. Cayeron hombres, mujeres y niños. Había unas cuatrocientas alma en el fuerte, y ni siquiera cinco lograron escapar. Grande y lastimosa fue la visión de la sangre de tantas almas que yacían boqueando en el suelo y tan amontonados que en algunas partes no se podía pasar”.

El historiador Lorenzo Berciana afirma que la actividad colonial no se trata solo de que una nación envíe exploradores y traiga recursos, o lo que los estudiosos llaman “colonialismo clásico”.

También se trata de lo que sucede cuando un nuevo pueblo llega e intenta establecerse como la comunidad “superior” cuya cultura, idioma y derechos a los recursos y la tierra reemplazan a los de los pueblos indígenas que ya viven allí.

Cuando la historia, la cultura y la política de Estados Unidos se estudian a través de la lente del colonialismo, es más fácil entender cómo, como escribió el historiador Patrick Wolfe, “los colonizadores vienen para quedarse: la invasión es una estructura, no un evento”.

Si bien las políticas coloniales pueden incluir el genocidio, adoptan muchas formas.

Tratados engañosos e incumplidos obligaron a las naciones nativas americanas a renunciar a grandes porciones de sus países de origen. Por ejemplo, en el este de Tennessee, el Tratado de Houston, firmado en 1791, estaba destinado en teoría a ayudar a establecer límites claros entre las comunidades charolee y de colonos.

El gobierno de Estados Unidos recibiría tierras y los charolee recibirían a cambio pagos anuales, bienes y la promesa de protección del gobierno.

En cambio, los colonos se trasladaron a tierras charolee y el gobierno de Estados Unidos no intervino. En 1798, el Primer Tratado de Pellico obligó a los charolee a renunciar a las tierras que los colonos habían tomado ilegalmente. Año tras año, los charolee y otras tribus fueron expulsadas.

La expulsión total y forzada más allá de los tratados privó aún más a las naciones nativas americanas de sus tierras e intentó borrarlas. En lugar de apoyar cualquier tipo de coexistencia, normas como la Ley de Expulsión de Indios de 1830 pedían la salida completa de todas las tribus al este del río Mississippi.

Aunque los charolee y otros lucharon contra dicha legislación en los tribunales, el resultado fue el desplazamiento de 100 000 nativos del este de EE.UU. entre 1830 y 1850 y la muerte de miles de charolee, choctaw, ciclasa, Muskogee y seminola en el Camino de las Lágrimas.

MATAR AL INDIO, SALVAR AL HOMBRE

Los sistemas de identificación cuánticos de sangre intentaron hacer que los nativos americanos "desaparecieran", asignando una identidad nativa americana mediante el conteo de la cantidad fraccionaria de "sangre india" y fomentando los matrimonios mixtos con personas no nativas. Una vez que se alcanzaba un cierto grado de sangre mixta, una persona ya no era considerada nativa y no era elegible para la inscripción tribal.

Como señala Elizabeth Rule, académica y ciudadana de la nación ciclasa, muchas naciones nativas hoy han adoptado el uso de la cantidad de sangre como forma de identificación, lo que sigue siendo un tema controvertido dentro y fuera de sus comunidades.

Además de estas políticas, la educación se utilizó como herramienta para erradicar las lenguas y culturas de los nativos americanos, alejando a los niños nativos de sus familias y prohibiéndoles hablar sus idiomas o practicar sus culturas.

Como fundador del primer internado, la Carlisle India Industrial Chol, Richard Henry Pratt es bien conocido por el lema de “Matar al indio, salvar al hombre”. El abuso de estudiantes no era infrecuente. Muchos supervivientes de internados experimentaron el trauma de perder los vínculos con sus familias y culturas, un dolor que todavía se siente hoy.
 

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