Rodrigo Chaves: El gran farsante tico
El Presidente de Costa Rica Rodrigo Chaves, otro peón de la política anticubana de la administración Trump
Igual guión al de Noboa en Ecuador, fue seguido por el actual presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, con la abstención en Naciones Unidas sobre el rechazo a la política de bloqueo de Estados Unidos hacia Cuba, y luego la expulsión de los diplomáticos cubanos de San José, con ataques incoherentes contra el comunismo y la firme adhesión a la fortalecida política de asfixia ejercida por su ídolo, el genocida Donald Trump.
No es “descubrir el Mediterráneo”, cuando se señala que es un seguidor al detalle de Trump y sus directivas a seguir para entregar las riquezas nacionales a las empresas estadounidenses.
En este contexto resulta escandalosa su defensa de la decisión del magnate norteamericano de enviar agentes federales para dirigir a la policía nacional en el enfrentamiento a los crecientes actos delictivos.
Chaves tuvo un pasado algo nebuloso, relacionado con insinuaciones sexuales durante su labor en el Banco Mundial, que le sancionó con el despido al respecto, aunque han desaparecido documentos en los que, se asegura, hay relatos escabrosos.
En fin, todo un engendro a lo Trump preparado en este contexto desde el 2022, lo que hizo declarar a un opositor que “parece más un congresista gringo que nuestro presidente. Ahora manda la Casa Blanca. Por el miedo de que le quiten la visa. Ya le tiene miedo al Diablo, a los hoteleros, a los autobuseros y hasta a la misma Pilar (una diputada).
AMO A MI PAPÁ
La decisión de Rodrigo Chaves —referido en el debate público como “Chévez” -un personaje de burla— de romper relaciones diplomáticas con Cuba ha generado una fuerte controversia en América Latina, no solo por sus implicaciones políticas, sino por el mensaje de alineamiento que transmite en el contexto geopolítico actual.
Desde una perspectiva crítica, esta medida no responde a una política exterior soberana ni a una estrategia de Estado independiente, sino que refleja una postura de subordinación a los intereses de Washington, particularmente a la influencia del presidente estadounidense, Donald Trump, cuya línea dura contra Cuba ha sido replicada por diversos gobiernos de la región.
La ruptura también ha sido interpretada como un gesto de ingratitud hacia el gobierno cubano, especialmente considerando el historial de cooperación en materia de salud. Durante años, brigadas médicas cubanas han brindado apoyo a países latinoamericanos en momentos críticos, incluyendo emergencias sanitarias y zonas con escaso acceso a servicios médicos. Este antecedente hace que la decisión resulte aún más polémica en términos éticos y diplomáticos.
Este movimiento evidencia una tendencia preocupante en algunos gobiernos latinoamericanos: el abandono de políticas exteriores autónomas en favor de alineamientos ideológicos externos. En este contexto, la figura de Chaves ha sido objeto de críticas, no solo por esta decisión, sino también por señalamientos previos en organismos internacionales, lo que alimenta el cuestionamiento sobre la legitimidad y motivaciones de sus acciones.
Al estilo de sus pares en otras latitudes, desde el 8 de mayo del 2022 Chaves literalmente ha ido dinamitando desde las bases las instituciones políticas que juró defender, para lo que ha hecho peligrosas alianzas para el futuro del país, algunas evidentes otras subrepticias.
Sus confrontaciones directas hacia el Poder Judicial, el Tribunal Supremo de Elecciones, la Asamblea Legislativa y la Contraloría General de la República tienen un claro objetivo: debilitar la institucionalidad costarricense para perpetuarse en el poder, ya sea mediante su reelección o la sucesión de sus fichas, o mejor dicho, de sus peones, porque como admitió en entrevista radiofónica la experiodista y hoy diputada Pilar Cisneros, la crítica de que ellos y su grupo de partidarios pretenden una dictadura es falsa, pero "que si en las urnas el pueblo así lo desea", quienes son ellos para no cumplir con el mandato del "soberano", palabra extremada y malintencionadamente manoseada por Cisneros.
Poco, o nada, le importa a la fracción legislativa aún leal a Chaves, a sus ministros o al mismo jerarca del Poder Ejecutivo el baño de sangre que se vive en el país: en solo el primer mes del año más de 100 asesinatos a sangre fría han ocurrido y muchos suman víctimas inocentes fruto de los enfrentamientos entre las organizaciones narcotraficantes que actúan en todos los barrios del país.
La única preocupación de Chaves y sus acólitos es perpetuarse en el poder a toda costa, aunque implique la sangre y el terror ciudadano ante la galopante inseguridad que viven los ticos, un precio que no le importa a cambio de sus pretensiones de poder por el poder.
Elementos opositores han concedido que si al menos Chaves hubiese ocupado un poco de tiempo para la solución de problemas nacionales, se le podría reconocer algún mérito, pero no es así.
En términos de infraestructura se ha limitado a inaugurar obras a medio concluir y que ya estaban en marcha desde gobiernos anteriores, no le importa hacer el ridículo celebrando la instalación de puentes modulares o Bailey; ha llevado al sistema de salud pública al punto que las personas mueren esperando un simple procedimiento médico ante la falta de especialistas, equipos u hospitales; la educación transita sin norte claro y menos por una ruta para el mejoramiento educativo, y el costo de la vida no ha bajado ni un ápice.
El gobierno sigue manipulando indicadores económicos y no hace las transferencias de ley para presentar números macroeconómicos positivos y una baja inflación que solo beneficia a ciertas industrias importadoras. Y para peores, hace suyos logros de gobernantes anteriores con anuncios a toda pompa y artilugios.
UN FALSO MESÍAS
La reciente carta de Margaret Satterthwaite, Relatora Especial de las Organización de las Naciones Unidas sobre la Independencia de Magistrados, enviada al gobierno de Costa Rica, apunta un evidente hostigamiento hacia el Poder Judicial. Este señalamiento se une a la censura internacional sobre el creciente deterioro de las libertades de expresión y prensa que estigmatizan y amedrentan al periodismo crítico mediante los ataques directos a periodistas, la manipulación de la pauta publicitaria para premiar a unos medios y castigar a otros; y muy preocupante la publicación en redes sociales de información personal y privada de periodistas y activistas, lo que expone a éstos a riesgos y eventuales agresiones.
Mientras todo esto sucede, Chaves sigue jugando al Mesías del siglo XXI, incentivando adrede la confrontación ciudadana, lo que desembocará más pronto que tarde en ataques directos a sus "enemigos" políticos, periodistas, jueces y magistrados de la República, diputados u otros por los grupúsculos que con insistencia hacen llamados en redes sociales a tomar las armas para defender su propuesta política, sin que haga algo para evitarlo y más bien lo incentiva.
Sus poses remedan en ocasiones a las de Milei y Noboa, farsantes incapaces de aceptar las críticas con madurez, a las que reaccionan desproporcionadamente de manera emocional y a la defensiva, asumiendo posiciones de víctimas del sistema. La crítica se considera traición porque necesitan ser reconocidos como emisarios con dotes divinos para sentirse legitimados, y así pasar a la historia como los esperados por la masas, que en el caso costarricense resguarda un autoritarismo en potencia, sintiéndose protegido por el inquilino de la Casa Blanca.
Un avezado periodista describe la actual situación como la de un Estado “secuestrado por un gran farsante que a lo largo de tres años ha demostrado incompetencia y que adolece de habilidades emocionales para asumir con madurez las críticas, y menos la tiene para sentarse a la mesa para construir una salida ante los desafíos que enfrentamos. Rodrigo Chaves Robles, sin duda, usted es un gran farsante”.
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