¡Qué limpio quedó el traje!

¡Qué limpio quedó el traje!

¡Y cómo gozo al decirles que cuando Fidel puso sus manos sobre el traje lo limpió para siempre de la maldad-manchas que le habían dejado las garras de Reagan!
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Traje oscuro de hombre.

Traje oscuro de hombre.

Al ser escogido Vanguardia Nacional, me invitan a la recepción oficial en honor a Alpha Oumar Komaré, presidente entonces de la República de Mali, que se celebraría el 9 de julio de 1998 en el Palacio de la Revolución. El acto coincide con la visita a Cuba de mi tía Rosa, residente desde hacía mucho tiempo en Estados Unidos. Hospedada en mi hogar, conoce de mi participación en la ceremonia y de mi preocupación acerca de la vestimenta apropiada.
  
Le digo a mi esposa: “Mene, en una tarjeta adicional advierten: debe llevarse preferentemente un traje color oscuro y solo tengo uno claro, aquel que me arreglaste para cubrir los Juegos Olímpicos de Moscú 80…”. Aclara: “Escriben preferentemente, no es obligatorio, ni mucho menos. Oye, allá verás muy airosos a muchos de los invitados con su guayabera”. En el Palacio pude comprobar que no se equivocó.

UN AÑO DESPUÉS

Al año siguiente, el mismo filme: Vanguardia de nuevo, asistiré a otra recepción y mi tía repite la visita. Después del desayuno, extrae un traje azul oscuro de su maleta. “No vas a tener la misma inquietud de la otra vez”. Con el regalo entre mis manos, escucho cierto titubeo: “Aunque vaya... yo sé como tú eres”. Breve silencio. Lo corta:
    
“El traje pertenecía a mi marido, quien falleció pocos años después de comprarlo y lo usó solo en actividades como las fiestas de los que laboramos en la campaña por el presidente elegido. Sacábamos dinerito de las elecciones presidenciales: hacíamos propaganda por los candidatos de una manera especial, con llamadas telefónicas, durante las compras, en la vecindad, por aquí, por allá. Y siempre ganamos: les hacíamos propaganda a los dos e inventábamos para que no se dieran cuenta. En uno de esos festejos, estrenamos la prenda adquirida con parte de la ganancia. Ahí está la historia, seguro te va a molestar en cuanto la cuente”. Y la contó.

“Participamos del convite por el buen trabajo que desplegamos. Hasta nos felicitaron. De conocer el entusiasmo puesto también por el rival ... Durante la comelata, el candidato electo, Ronald Reagan, se acercó a nosotros y dio unas palmaditas en la espalda de mi esposo. Mira, me ha entrado el temor de que, al conocer todo esto,no quieras usar el traje”.

Respuesta rápida: “No te preocupes: voy a hacer algo parecido a los Rebeldes cuando usaban armas arrebatadas en los combates al enemigo y les cambiaban el destino. Con ese traje iré y gracias a ti me verán muy elegante”. Así ocurrió.

LLEGA FIDEL

Mientras esperan el inicio del acto, en un espacio cercano al salón principal, conversan varios grupos de invitados. Me agrego al formado por el actor Jorge Martínez, dos médicas de reciente graduación y una joven locutora. De pronto, ¡Fidel! Viene hacia nosotros. Participa de la conversación. En cuanto conoce del sueño de las dos jóvenes doctoras de convertirse en internacionalistas llama a un compañero para que apunte los datos de las muchachas. Les asegura: Su noble deseo se hará realidad y, al luchar por la salud de personas de pocos recursos en otras tierras, consolidarán lo aprendido en la universidad y se sentirán más plenas.

La charla gira hacia a Jorgito: El Comandante en Jefe se alegra cuando le hacemos saber que la telenovela en la que este actúa supera en el interés de la audiencia cubana a la brasileña. Comenta acerca de esa creación artística: Es una gran forma de llegar al pueblo. Merece mayor apoyo. He hablado de su importancia varias veces y de hacer por lo menos dos telenovelas cada año. Reflexiono: ese género entretiene educando o educa entreteniendo si se realiza bien. 

Se dirige a mí: Tú eres el escritor y el periodista deportivo. Algunos de tus colegas se atan a su sector, lo ven como el ombligo del mundo, no van hacia los tantos problemas que tiene la humanidad y el país. Le suelto: No soy de los que creen que el mundo es un balón. Expresa: Vamos a ver. La mano sobre uno de mis hombros. Me pregunta sobre diversos asuntos de la actualidad. Contesto. En su rostro leo que no lo he hecho mal, aunque profundizó en varios puntos. Me pasa el brazo por encima de mis hombros mientras anuncia que estamos cerca del inicio del acto. Sin embargo, complace nuestro pedido de retratarse con el grupo. Luego entramos con Fidel en el salón.

ÚLTIMA ESCENA

Esa noche, mi mujer y mi tía inquieren cómo me fue en la recepción. Les narro emocionado el encuentro del grupo con el Comandante en Jefe. ¡Y cómo gozo al decirles que cuando Fidel puso sus manos sobre el traje lo limpió para siempre de la maldad-manchas que le habían dejado las garras de Reagan! 
 

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