Raúl Reinoso: del rock al jazz

Raúl Reinoso: del rock al jazz
Fecha de publicación: 
25 Enero 2024
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Raúl Reinoso muestra un movimiento a uno de los solistas de su coreografía. 

Raúl Reinoso, primer bailarín y coreógrafo de la compañía Acosta Danza, ha sido uno de los protagonistas de un verdadero suceso escénico en Gran Bretaña. Fue uno de los tres creadores el pasado año del gran espectáculo Black Sabbath. The Ballet, un homenaje del Birmingham Royal Ballet al mítico grupo de rock Black Sabbath.

Ahora está en La Habana, enrolado en un proyecto que vincula al Ballet Nacional de Cuba con el movimiento jazzístico del país. El próximo 28 de enero, en la gala de clausura del Festival Internacional Jazz Plaza 2024, la compañía que dirige Viengsay Valdés estrenará la pieza Apparatus, que Reinoso creó a partir de una partitura del pianista Roberto Fonseca.

Justo antes de un ensayo en la sede de la agrupación, conversa con CubaSí:

—Montas para un espectáculo del Jazz Plaza… ¿qué es para ti el jazz?

—El jazz es la libertad, la posibilidad de crear sin cepos castrantes, es un mundo de sentimientos y sensaciones… Y también un reto, porque incluso sin proponérmelo, sin que me lo pidan, trato de traducir todo eso al movimiento, a la danza, aunque sea en mi cabeza.

“Imagina cuando tengo la responsabilidad de hacerlo para la escena, como es el caso. ¿Cómo puede uno recrear con las pautas de la coreografía el espíritu tan libre del jazz? Esa fue la pregunta que me hice cuando acepté hacer esta coreografía…”

—¿Y cómo te respondiste esa pregunta?

—Ojalá no tuviera que responderla con palabras, ojalá bastara la coreografía. Yo sencillamente dejé que la música mandara. Dejé que la música me guiara, me trazara un camino. El lenguaje de los instrumentos, el ritmo, la melodía…

“Fue para mí un proceso de adaptación a las lógicas de la música. Crear a partir de esa música, que las dinámicas sonoras definieran las dinámicas del movimiento: eso me propuse. Y después exploré la manera en que esa partitura operaba en mi cuerpo. Y así fue naciendo Apparatus. Yo concibo la pieza como una invitación”.

—¿Una invitación a qué?

—Me gustaría que el espectador viera, disfrutara más allá de lo que uno normalmente espera de los roles convencionales del bailarín, del simple ejecutante de una coreografía. Sobre el escenario está un artista, pero primero es un ser humano, alguien con expectativas, sueños, carencias, aspiraciones, conflictos, demandas, preferencias… y todo eso necesariamente supera los moldes más o menos estrictos de una técnica.

“Como el jazz, que parece que rompe algunos esquemas para poder expresar con absoluta libertad muchos sentimientos. Tratamos de trascender cierto ideal escénico.

“Por eso comenzamos con pautas académicas y poco a poco vamos relajándolas o reinventándolas, vamos ampliando el espectro. Es como si soltáramos amarres. Al final no se trata de romper por romper, no pretendo fracturar ninguna tradición. Lo que intentamos es crear un espacio de plenitud, que se consigue después de lidiar con ciertas contradicciones. Todo eso me sugiere la música de Roberto Fonseca”.

—Después de algunos años vuelves a montar con el Ballet Nacional de Cuba, ¿cómo ha sido el regreso?

—Era muy joven cuando monté por primera vez con el Ballet, gracias al taller coreográfico que la compañía auspiciaba. Ahora siento que entro por la puerta grande. Es un trabajo más serio, ya tengo más experiencia, más recorrido. Y que la oportunidad venga gracias al Festival Jazz Plaza me parece muy significativo, pues se trata de un encuentro que en definitiva es todo un movimiento cultural; integrador, como es el jazz. Estoy feliz por formar parte de un grupo de artistas tan valiosos.

“Unir el jazz con el ballet, con la danza es una idea fabulosa. Yo asumo esta experiencia como una posibilidad de crecimiento. Estoy trabajando con varios bailarines, no es sencillamente un solo o un dúo. Eso plantea muchas exigencias. Las asumo con humildad y con entusiasmo. Y ahora, después de haber trabajado con otra compañía clásica, en un proceso creativo muy demandante, estoy más cómodo. Estoy como pez en el agua. Y el jazz potencia ese bienestar”.

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