Gina Cabrera: adiós a una actriz inmensa
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Gina Cabrera llevaba años, muchos años, lejos de las cámaras y los reflectores. Algunos de los más jóvenes televidentes quizás no supieran de su existencia, a no ser que escucharan las memorias de sus mayores. Porque hay generaciones completas en Cuba, gente que se formó disfrutando de los grandes dramatizados de la televisión (porque fuera de ahí era el teatro y el cine, y había quien los tenía lejos), para las que Gina era una presencia habitual, un referente indiscutible de buen hacer.
La historia esencial de la televisión en Cuba no se puede escribir ignorando el aporte extraordinario de una actriz que se prodigó en telenovelas, teleteatros, cuentos y dramatizados para niños. Ella sabía estar, ella sabía decir, ella sabía moverse para una cámara. Esa naturalidad al asumir un arte nuevo (fue de las fundadoras de la televisión en Cuba) la distinguió siempre. Había un ejercicio paralelo en las artes escénicas, el cine y la radio, pero su consagración definitiva fue la pequeña pantalla. Desde allí se afincó en el imaginario popular.
Dominó todos los géneros, y era capaz de zambullirse en los clásicos como quien habla con un vecino. Su presencia, su mirada, su voz imantaban. Fueron tantos sus personajes que resulta imposible encasillarla en alguno. Fue maestra de varias promociones de artistas y a todos les inculcó el respeto por un medio que ella supo siempre grande.
La muerte de Gina Cabrera a los 93 años, en La Habana que la vio nacer, cierra de alguna manera una época dorada de la televisión cubana: la de las grandes divas del drama, la tragedia y la comedia, figuras que hicieron soñar a millones de personas en la intimidad de sus casas, y que les abrieron grandes puertas de la cultura.
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Nora Martínez Méndez
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