Cuando los cubanos descubrieron el cine

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Cuando los cubanos descubrieron el cine
Fecha de publicación: 
18 Enero 2026
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Imagen: tomada de Facebook

La Habana de 1897 era una ciudad elegante y contradictoria, colonial en su arquitectura, pero abierta a las novedades técnicas que llegaban de Europa. 

Por eso, aquel 23 de enero del siglo XIX significó una revelación y un paso más hacia la modernidad para quienes tuvieron el privilegio de ocupar asiento en aquel local del Paseo del Prado marcado con el número 126, cerca del antiguo Teatro Tacón.


Litografía del teatro Tacón, 1841. Imagen: tomada de Facebook

Más que el canotier o el bombín, y el bastón —en el caso de los caballeros—, y más que el breve abanico que las damas agitaban discretamente, las manos de aquellos asistentes, sobre todo, sostenían expectación.

Aguardaban lo que sería la primera proyección de imágenes en movimiento en la Isla. 


Imagen ilustrativa tomada de Facebook

Apenas dos años habían transcurrido desde que los hermanos Louis y Auguste Lumière presentaran el cinematógrafo en Francia. 

La exhibición fue organizada por Gabriel Veyre (1871–1936), un operador de cine francés representante de los Lumière, quien había viajado por América para difundir la novedad.

Ya la habían conocido en Brasil, Argentina y México, país este último del cual llegaba a La Habana con la investidura de invento, y quizás con los mismos aires de espectáculo con que los gitanos mostraron el hielo a los habitantes del Macondo de García Márquez.

Cinematógrafo Lumière. Foto: tomada de cubarte.cult.cu

Nadie sabía exactamente qué iba a ver, pero intuían que serían testigos pioneros de un gran acontecimiento. Sus expresiones de asombro así lo deben haber ratificado cuando comenzaron a proyectarse las primeras imágenes.

No fue una película como hoy se concibe, sino cortos de menos de dos minutos cada uno, donde se mostraban escenas de la vida cotidiana y también hechos curiosos para entonces.

La llegada del tren, El sombrero cómico, Partida de naipes, Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon, y Bañistas en el mar, fueron algunos de aquellos cortos que abocaron a los cubanos al nacimiento del cine, a una nueva forma de mirar y recrear el mundo.


Del corto Partida de naipes. Foto: tomada de cubarte.cult.cu

Y tanto fue así, que solo días después, el 7 de febrero de aquel 1897, Veyre filmó la primera película en Cuba, titulada Simulacro de incendio, un corto documental sobre el cuerpo de bomberos de la ciudad.

Fue la semilla, el impulso para lo que sería, años después, el despegue de una futura industria cinematográfica nacional. 

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