Ciertas pequeñas cosas

Ciertas pequeñas cosas
Fecha de publicación: 
28 Febrero 2021
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Obsérvese la vena yugular en el cuello.

Si el nuevo coronavirus, el SARS-COV-2, es pequeñísimo, microscópico, y tiene al planeta completo en jaque y hablando de él, ¿por qué no hablar de otras pequeñas cosas?

Al comenzar este febrero, una novedad fue multiplicada en línea por diversas agencias y publicaciones: cierto detalle en la escultura del David, de Miguel Ángel, que había permanecido inadvertido durante cinco siglos.

 

Se trataba de la prominente vena yugular en el cuello de la escultura, sobre cuya hinchazón llamó la atención el cardiólogo Daniel Gelfman, del Marian University College of Osteopathic Medicine, en Indianápolis, relacionándola con la capacidad del artista para, de un modo tan realista, reflejar así la excitación física del joven David, a 124 años de que las ciencias médicas documentaran tal fenómeno desde la fisiología cardiovascular.

El doctor Gelfman refirió: «Me di cuenta de que Miguel Ángel debe haber notado una distensión venosa yugular temporal en individuos sanos que están emocionados». Acotó que el David fue creado en 1504, y solo en 1628 el anatomista y médico William Harvey describió la mecánica del sistema circulatorio.

La excitación a que se hace referencia es la que se supone debe haber sentido ese héroe bíblico antes de enfrentarse al gigante Goliat. No, no tiene que ver con ninguna excitación sexual.

Sin embargo, es probable que no pocos, a estas alturas del texto, deben haber escudriñado la foto y sonreído con burla al constatar las dimensiones del miembro viril y suponer que se hablaba de excitación sexual.

Porque es indudable que en la magnífica creación de Miguel Ángel, además de la yugular dilatada, otro de los detalles que llama la atención —al menos entre espectadores de estos tiempos— es el tamaño de su pene. 

La cultura falocéntrica de la modernidad condiciona esas risitas y comentarios al contemplar en museos o en reproducciones algunas esculturas griegas renacentistas, porque el atributo mínimo no es solo de David.


Conjunto escultórico Laocoonte y sus hijos. 

Ocurre, al decir de entendidos, que conferirles a esas esculturas atributos de tal tamaño nada tiene que ver con pudores ni vergüenzas.

«Los griegos asociaban el pene pequeño y no erecto con la moderación, una de las virtudes más importantes que formaba parte de su idea de masculinidad».

Así asegura el profesor Andrew Lear, de la Universidad de Harvard, quien precisa que por esa razón así se representaba a héroes, dioses o atletas.

En contraste, los sectores más despreciados ante la sociedad o los personajes mitológicos menos valorados eran esculpidos con penes grandes y erectos. Es el caso del sátiro, explica Lear, experto en Historia de la Sexualidad y avalado conocedor de ese devenir en la antigua civilización griega.

Pero se trata solo de una idealización, un estereotipo de aquella época. No se correspondía con la realidad, constatada por los griegos y también romanos de entonces en gimnasios y termas, donde era costumbre muy frecuente verse desnudos. 

Allí, lo mismo era usual contemplar a ciudadanos honorables y dignos con miembros de dimensiones que rebasaban en mucho lo minúsculo, que a borrachos y lujuriosos con casi micropenes. No había ni hay reglas.

Sin dudas, este no es un gran tema, solo un comentario sobre pequeñas cosas en medio de una gran pandemia.

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