Colonial hasta la médula

especiales

Colonial hasta la médula
Fecha de publicación: 
8 Enero 2026
0
Imagen: 

Tropas y buques de EEUU realizan maniobras militares en Puerto Rico en medio de tensiones con Venezuela. Foto Univisión

Así la catalogó uno de los muchos detractores de Jennifer González, cuando la gobernadora colonial fe Puerto Rico reiteró que iba en serio su decisión de levantar una estatua a Donald Trump “porque se lo merece”, lo cual reiteró, gozosa, por la agresión al pueblo venezolano y el secuestro del presidente y su esposa.

González encendió la controversia, cuando puertorriqueños indignados por tal sumisión respondieron que la erigiera en su casa, y otro más furioso afirmó que si ello se concretaba, Puerto Rico debía ser tragado por el mar.

Las anteriores  gobernaturas isleñas fueron superadas por González en el servilismo, al promover la presencia militar estadounidense que participaría en la agresión al país suramericano. Los drones participantes de la criminal acción fueron vistos regresando a Puerto Rico.

Así, la gobernadora de Puerto Rico, se lanzó de lleno en la palestra política continental al poner el suelo de la isla a disposición de los enemigos de la humanidad, para una invasión contra Venezuela. No contenta con arrastrar la dignidad de su propio pueblo bajo el yugo colonial, convirtió a Puerto Rico en plataforma de la agresión imperialista. 

En vez de reclamar soberanía, González busca medallas de sumisión. En sus ataques verbales contra el presidente Nicolás Maduro, la gobernadora lo calificó de “narcodictador”, repitiendo las frases prefabricadas de Washington. 

Maduro le respondió sin rodeos: “Si van a invadir Venezuela, venga usted de primero”. Con esas palabras, el Presidente venezolano dejó al descubierto lo absurdo y vergonzoso de los ataques de González, mostrando claramente su servilismo ante el imperio y hasta dónde está dispuesta a sacrificar la dignidad de su pueblo.

Resulta insultante que se atreva a hablar de dictadura, cuando ella misma representa a un territorio sometido a un régimen colonial desde hace más de un siglo. 

Puerto Rico no elige a su jefe de Estado, no decide su política exterior, no maneja su moneda ni sus fronteras. Es, en la práctica, una colonia con fachada de “Estado Libre Asociado”, atrapada en un estatus que desnuda la hipocresía de Washington y la complicidad de políticos como ella.

No es casualidad que sus críticos en la isla la definan como la cara más servil del coloniaje.

TAMBIÉN CORRUPTA

La gobernadora no solo carga con el peso de su arrodillamiento político. También acumula denuncias de corrupción, tráfico de influencias y favores turbios a empresarios que financian sus campañas. Su nombre ha estado ligado a manejos oscuros en contratos públicos, a escándalos de nepotismo y a un estilo de gobierno que privilegia la conveniencia personal por encima del interés colectivo.
 
Pero la memoria no se borra fácilmente y la invocamos en este momento para recordar. Cuando Puerto Rico fue devastado por los huracanes, Donald Trump llegó para humillar a los puertorriqueños frente al mundo, lanzando rollos de papel higiénico como si fueran limosnas.

Aquella escena, grotesca y cruel, retrató el desprecio imperial hacia un pueblo golpeado por la tragedia. Y González, lejos de levantar la voz contra esa ofensa, continuó rindiéndole pleitesía a Trump, sonriendo al verdugo mientras su pueblo lloraba entre escombros.

Al ofrecer a Puerto Rico como base militar contra Venezuela, la gobernadora no solo mostró su desprecio por la soberanía latinoamericana, sino también por la dignidad de su propia gente. ¿Acaso cree que los puertorriqueños quieren convertirse en carne de cañón de los intereses de Washington? ¿O simplemente busca escalar en el ranking de favoritos del imperio?

Mientras Venezuela sufre bloqueos, sanciones y amenazas que culminaron en una agresión, no exenta de repetirse, Puerto Rico sigue atrapado en una condición colonial vergonzosa, administrada por políticos que renuncian a luchar por la libertad. González, en vez de ser voz de rebeldía, es la portavoz de la entrega.

El problema no es solo ella, sino lo que representa: una clase política que sobrevive en la sombra del amo, que no busca liberar a su pueblo, sino asegurar migajas de poder en un sistema que desprecia a Puerto Rico como nación. Se enorgullece de su acceso a Washington, pero ello no ha significado más que pobreza, endeudamiento y abandono para la isla.

Queda claro que el discurso de la gobernadora no tiene nada que ver con democracia ni con libertad. Es pura subordinación. Es el mismo guion de siempre: atacar a los gobiernos soberanos de América Latina para congraciarse con el poder imperial. 

Lo hizo contra Maduro, lo hará contra cualquier otro país que levante su voz contra Estados Unidos. Su política no es boricua: es colonial hasta la médula.
 

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.