Julián Garvayo trajo al Jazz Plaza música desde el corazón

Julián Garvayo es un trombonista español que reside en Amsterdan, pero disfruta como el más caribeño la música cubana, esa es una de las razones que lo trajo, por primera vez, al recién finalizado Festival Internacional Jazz Plaza. Sobre la experiencia, comentó a la prensa:
“He podido reencontrarme con grandes amigos. Pienso que este festival es como debería ser todos los días aquí en Cuba, en La Habana, pero en general en Cuba: tener que “fajarse” para ver a qué concierto va uno, porque en Europa uno para ver a los Van Van, a todas las orquestas que uno puede ver aquí, es como sacar el ticket de la lotería, a ver cuando te toca, pero aquí los tienes todos, tienes que escoger y eso es tremenda experiencia y, personalmente, la oportunidad de subirme a tocar con esos músicos y compartir con ellos en escenario es maravilloso.
“Por ejemplo, yo estuve dos años con Alain Pérez en la orquesta y reencontrarme con él justo el día que llegué, reencontrarme con él que me invitara al escenario a tocar, es una bendición, y al día siguiente los Van Van también, el poder subirme y tocar ahí con todos ellos siempre es una bendición.
Muchas vecese tocado Julián con estas agrupaciones, dentro y fuera de Cuba, sin embargo, asegura que en el Jazz Plaza “es otra energía, se ve la ciudad, aun con apagón, con mucha luz!”.
Otro de los regalos que se llevó Julián a casa, es el intercambio con estudiantes de la Escuela Nacional de Arte (ENA): “la verdad, precioso, hubía ahí como quince trombonistas, todos nos subimos a tocar, una descarga preciosa, hablamos, fue en verdad una conversación de tú a tú muy bonita, porque pudimos aprender el uno al otro, y con los chamacos de la escuela, pues encantado de poder estar allí y darles mis perspectivas del exterior, de estudiar en una escuela en el exterior y ver el mundo, para mí es una bendición, la verdad, igual tocar con ellos, compartir y descargar… súper rico”.
Julián Garvayo se presentó en el Museo Nacional de la Música y en el Saudade Jazz y Tapas: “conciertos en escenarios bastante distintos, porque no es lo mismo el Museo Nacional de la Música, aunque el lugar no es muy grande, pero la acústica es increíble, y por otro lado un club de jazz, horarios, gente, atmósferas, distintas, pero bueno, es lo que tiene el jazz, que se puede adaptar, y la mía es una música que puedes estar tanto sentado en una butaca de un auditorio, como parado dando timba toda la noche con ella, porque es bastante versátil y tiene ese tipo de facetas. También contando con los músicos estelarísimos con los que cuento, estaba seguro de que srían presentaciones inolvidables.
Este joven y talentoso músico, estudia jazz en Amsterdam: “jazz puro, tradicional, pero mi influencia más grande, con lo que me me he criado, son las canciones de Teresita Fernández, Gema y Pável, Palo Milanés, Silvio Rodríguez, más adelante Kelvis Ochoa y luego, todas las orquestas, sobre todo pertenecer a la de Alain Pérez, ha sido una de las mayores influencias de mi vida porque si tú estás con la presencia de gente así y no te influyen, es que, no sé, eres una pared, porque es imposible”.
Para Julian, se trata de “buscarle las cosquillas al jazz”, en su creación “hay flamenco, música brasileña, funk, la clave es la mezcla, es lo que tenemos nosotros en el grupo: tenemos un italiano, un español, uno de Santiago, otro de Camagüey, y luego vivimos en Holanda, cada uno tiene su propia influencia de mamá y papá y eso hace que sea una música muy rica, que desde la humildad, es bastante trabajada, personalmente, pero lo que interesa más es que los músicos son gente que la respeta, le da la importancia que tiene a la música, y la sienten como hay que sentirla, porque nosotros, al final, estamos haciendo música desde el corazón para la gente que siente como nosotros”.
Add new comment