María Elena Llorente: "Yo quería seguir bailando siempre"

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María Elena Llorente: "Yo quería seguir bailando siempre"

La primera bailarina y maestra de varias promociones de artistas celebra este miércoles su cumpleaños 80.
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María Elena Llorente

Éramos varias primeras bailarinas y cada una tenía una manera distinta de decir las cosas, aunque la coreografía fuera la misma. Fotos: Cortesía del Ballet Nacional de Cuba

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CubaSí

María Elena Llorente, Premio Nacional de Danza en 2015, celebra este miércoles sus ochenta años. Primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba, estuvo sobre el escenario mucho tiempo... y también en los salones, como maestra y ensayadora. La entrevistamos hace algún tiempo...

—Usted conoce cada rincón del Ballet Nacional de Cuba como si fuera su propia casa…

—Es que realmente ha sido mi casa durante más de seis décadas. Yo comencé en 1962. No había cumplido todavía 16 años. Y he estado todo el tiempo aquí, donde lo he aprendido todo. Gracias a eso he podido transmitir mi experiencia a las nuevas generaciones.

—A lo largo de su carrera se ha desempeñado como bailarina, maestra, ensayadora y coreógrafa. ¿En cuál de esas facetas se ha sentido más realizada?

—Siempre bailando. A enseñar también comencé muy joven. Después me encargué de impartir mis conocimientos de lo que había bailado. Pero lo que más me gustaba era el escenario, subirme sobre las puntas, saltar, girar, interpretar… Un día tuve que dejar de bailar. Por ley física, no porque quisiera. Yo quería seguir bailando siempre. Después me encargué de montar coreografías de disímiles estilos, desde el ballet clásico hasta el ballet más moderno.

—Muchos espectadores todavía recuerdan sus interpretaciones en papeles emblemáticos. ¿Cuáles considera decisivos dentro de su carrera?

—Hay algunos ballets que me marcaron por la forma en que los trabajé. La Fille Mal Gardée fue casi de lo primero que hice. Según el público y la crítica, era un rol que dominaba muy bien. Lo hice mío, aunque vi mucho a Alicia Alonso interpretarlo, y también a otras bailarinas.

—¿Y Giselle?

—¡Giselle es mítico! Es el ballet que casi todas las bailarinas ansían hacer. Y más la versión de esta compañía, que tiene mucha lógica y está muy bien trabajada. Aquí se trabaja mucho el estilo. No es bailar de cualquier manera. Hay que dominar la diferencia entre los dos actos, la parte dramática y luego la parte más etérea.

También incursionó en obras de lenguaje más contemporáneo…

—Sí, y fueron experiencias muy enriquecedoras. Recuerdo especialmente El río y el bosque. Fuimos al Conjunto Folclórico, trabajamos la grabación de la música con María Remolá… Pero la verdad es que me gustaba todo. Lo moderno me atraía muchísimo, trabajar con coreógrafos, participar en el nacimiento de una obra. Todo eso te va enriqueciendo y hace hermosa esta carrera.

—Cuando mira hacia atrás, ¿cómo cree que ha contribuido a la historia del Ballet Nacional de Cuba?

—Esta compañía ha tenido grandes bailarines. Fui primera bailarina, así que supongo que aporté una forma de bailar vinculada con mi personalidad. Éramos varias primeras bailarinas y cada una tenía una manera distinta de decir las cosas, aunque la coreografía fuera la misma. Quizás ese haya sido mi aporte. Y también mi trabajo como maître ha sido una contribución importante en la formación de los bailarines.

—¿Qué implica formar a un bailarín?

—No es solamente enseñar un paso. Tiene que ver con la cultura, con el dominio del estilo, con la manera de comportarse… Yo solo sé que hay que estudiar mucho, que nunca se puede dejar de estudiar.

—Muchos recuerdan su amistad con la bailarina Marta García.

—Marta y yo éramos de la misma generación. Fuimos compañeras de trabajo, pero antes que todo amigas. Cuando íbamos a concursos internacionales nos ayudábamos muchísimo. Cada vez que una salía a bailar, la otra estaba en la pata, pendiente de todo, con la toalla en la mano. Compartíamos mucho también fuera del teatro: paseos, comidas familiares… Fue una relación muy bonita, sin celos, sin competencias, sin dobleces.

—¿Y Alicia Alonso?

—Haber estado tantos años junto a Alicia Alonso fue un gran privilegio. Después de entrar a la compañía, además de admirarla y respetarla como bailarina y directora, siempre la sentí como una amiga, como una madre. Era una mujer abierta, siempre dispuesta a aconsejarnos, tanto en lo artístico como en lo personal. Estar a su lado ha sido la mayor dicha.

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