VOCABLOS: Rubicón

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Hablemos hoy de una palabra que encierra una historia entera. “Rubicón” no es un vocablo cualquiera, proviene de un nombre propio convertido en símbolo universal.
¿Has escuchado la frase "cruzar el rubicón"? Es bastante gráfica, o literal, y cobra sentido si se conoce que Rubicón es el nombre de un río que dio nombre a una decisión irreversible en tiempos del emperador Julio César.
En la antigua Roma el río Rubicón, de poca profundidad, marcaba la frontera entre la Galia Cisalpina y la Italia propiamente dicha. De acuerdo con las referencias el Senado establecía que los generales tenían prohibido cruzarlo con su ejército armado porque tal hecho se consideraba una declaración de guerra contra la República.
Sin embargo, en el año 49 a.C., Julio César, quien sabía muy bien sus consecuencias y se encontraba acampado en la región italiana de Rávena, junto a la XIII Legión, decidió imponerse, contradecir la ley y asumir la repercusión de vadear el río que, por cierto, dicen que lleva tal nombre por la coloración rojiza de sus aguas, parecida al rubí.
La historia recoge que antes pronunció la célebre frase latina "alea iacta est" —la suerte está echada— y ordenó el avance de sus tropas. Julio César sabía que cruzar el Rubicón no tenía vuelta atrás y esto significó el inicio de la guerra civil que lo llevó al poder absoluto.
Desde entonces la metáfora se apoderó del nombre del río y originó una palabra con significado propio. Su concepto, según el diccionario de la Real Academia Española, es "dar un paso decisivo arrostrando un riesgo". No se emplea a la ligera, se usa para cualquier acción que supone un punto sin reversión, un hecho arriesgado y definitivo porque desde tiempos remotos es lo que significa, dejar atrás la vacilación, asumir riesgos y saber que no existe el deshacer lo andado.
Este término suele aplicarse a quien da un paso irreversible como divorciarse, renunciar a un trabajo, emigrar, y tantos más. La vida es un constante cruce de Rubicón, y cada elección nos define y nos compromete. Se trata de una expresión idiomática que significa "pasar el punto de no retorno"
Un dato histórico curioso es que con el paso de mucho tiempo el río cambió de nombre y no fue hasta la primera mitad del siglo XX cuando se reconoció que su identidad correspondía al que desde la Edad Media llamaban como Fiumicino, lo cual es paradójico para lo que representó, en su momento, la máxima expresión de "sin retorno", pero que terminó siendo un arroyo casi anónimo.
Pero la lengua no olvida. Cada vez que alguien dice "crucé el Rubicón", está invocando a Julio César, el magnánimo, quien quebrantó la ley con total actitud desobediente durante aquel acontecimiento, aunque quizás se detuvo un instante y vaciló ante una decisión trascendental que marcó su vida y el imperio romano por los siglos de los siglos.
¿Cuántas veces nos habremos preguntado, es este realmente mi Rubicón? Cruzarlo será para siempre.
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