Ya Trump tiene a su Presidente en Honduras
El presidente hondureño, elegido por Trump, Nasry Asfura junto al Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio.
Sin ceremonia oficial de traspaso, sin invitados extranjeros, Nasry “Tito” Asfura, el candidato respaldado por Donald Trump, asumió oficialmente esta mañana en el Congreso Nacional, en Tegucigalpa, la presidencia de Honduras, lograda con un esperpento de elecciones marcadas por el mayor fraude conocido en los 200 años de la historia del país centroamericano. Por ello la mandataria saliente, Xiomara Castro, no lo reconoce como presidente.
Se dijo oficialmente que lo parco de la ceremonia de asunción del también conocido como “Papi, a la orden” se debía a la austeridad, pero funcionarios confesaron el temor a que las protestas populares dieran una mala impresión a las delegaciones visitantes.
Lo cierto es que días antes de la toma presidencial, ya se han producido asesinatos de ex funcionarios locales del partido de izquierda que ejercía hasta ahora la presidencia, LIBRE, opuesta a entregar la economía del país al capital extranjero, algo que se ve abocado con Asfura, quien quiere a su país “con inversión privada“.
Se ha escrito bastante sobre este gran fraude, algo corriente en Honduras, pero que nunca había llegado a tal magnitud con abierta injerencia de Trump, quien amenazó con cortar las remesas familiares a dos millones de hondureños si no salía su preferido, además de que legítimos audios dados a conocer demostraron la complicidad al respecto de dos miembros de los tres integrantes del Consejo Nacional electoral, así como del Tribunal Supremo Electoral y de una compañía colombiana contratada, donde los planificados problemas técnicos impidieron terminar el conteo de votos, sin contar que desde el inicio ya se ponía en práctica el plan para relegar a la candidata de la izquierda.
Durante su campaña, “Tito” trató de no mencionar a su amigo y compañero de andadas, el expresidente Juan Orlando Hernández, indultado por Trump de una condena de 45 años de prisión por ser un jefe narcotraficantes; el colotado mandatario dijo que no lo conocía personalmente, pero sí Marco Rubio.
Logrado el “pucherazo”, Asfura viajó a Estados Unidos y luego a Israel para asegurar apoyo monetario, que ya empezó a repartir entre sus partidarios, así como asesoramiento general para iniciar un mandato en el que pareciera que el país iba a marchar bien con su presencia.
“Estados Unidos y Honduras seremos socios estratégicos. Yo estoy dispuesto a fortalecer esa unión para la prosperidad de nuestro país. Yo apunto a lograr que Honduras sea el principal aliado estratégico de Estados Unidos en el Caribe", dijo Asfura al libelo Infobae.
Asfura conoce la profundidad de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, y al respecto dialogó con Marco Rubio -secretario de Estado- y Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos. Se encontró también con Howard Lutnick -secretario de Comercio-, Jamieson Greer -Representante de la Oficina Comercial-, Ajay Banga -titular del Banco Mundial-, Mateo Goldman -vicepresidente de la Corporación Financiera Internacional- y Shawn Sullivan, director general de Citibank.
En Nueva York dialogó con la contrarrevolucionaria venezolana María Corina Machado, con quien, por supuesto, mantuvo una sintonía perfecta.
Y de allí viajó a Israel, donde se entrevistó con el presidente Herzog y otras figuras enfrascadas en la limpieza étnica del pueblo palestino, quienes le prometieron ayuda de todo tipo a tan buen amigo.
ASFURA
En actos políticos se presentó como un hombre sencillo: botines, jeans, camisa arremangada y un baile rígido, casi mecánico. Sin embargo, esa imagen encubre a un operador clave de las élites económicas y políticas que históricamente han controlado el país.
Su carrera política se forjó al amparo de figuras profundamente cuestionadas. Inició como colaborador en la campaña que llevó a Rafael Leonardo Callejas a la presidencia (1990-1994), continuó con Oswaldo Ramos Soto en 1994 y más tarde con Ricardo Maduro (2002-2006). Ese recorrido le abrió las puertas de la alcaldía capitalina, donde entre 1990 y 1994 fue asistente de la entonces alcaldesa Nora Gúnera de Melgar, y posteriormente regidor y gerente de servicios públicos. En esos años sus empresas constructoras fueron beneficiadas con contratos millonarios.
Tras el golpe de Estado del 2009 y el retorno del Partido Nacional al poder, Asfura fue diputado del Congreso Nacional y luego director del Fondo Hondureño de Inversión Social (FHIS). En 2013 ganó la alcaldía de Tegucigalpa y fue reelegido para el período 2018-2022, convirtiéndose además en una pieza clave de la reelección ilegal de Juan Orlando Hernández.
“El Partido Nacional ha perdido los relevos y recurre a viejas figuras, muchas de ellas salpicadas por antecedentes contrarios a la transparencia y la justicia”, señaló el sacerdote jesuita Ismael Moreno, Padre Melo, quien consideró que la figura de Asfura evidencia el profundo deterioro de la clase política hondureña.
Durante su gestión municipal se ejecutaron cientos de obras de infraestructura: pasos a desnivel, túneles, puentes y ampliaciones viales. No obstante, estas construcciones estuvieron rodeadas de señalamientos por adjudicaciones a empresas con posibles vínculos personales o partidarios.
Mientras el concreto se multiplicaba en las zonas céntricas de la capital, los problemas estructurales de las colonias más empobrecidas persistieron intactos. Cerca de 200 barrios de Tegucigalpa continuaron sin acceso regular a agua potable, obligando a miles de familias a comprarla a camiones cisterna a precios hasta diez veces mayores que en zonas residenciales. Esta realidad no cambió durante la administración de Asfura.
CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD
El 15 de septiembre del 2020, frente a la cúpula militar y el gabinete de Juan Orlando Hernández, Asfura proclamó: “Necesitamos líderes enamorados de la justicia y no del dinero”. Seis semanas después, la Unidad Fiscal Especializada Contra Redes de Corrupción (UFERCO) solicitó antejuicio en su contra por el desvío de al menos 29 millones de lempiras de fondos municipales.
Según la investigación, entre el 2017 y el 2018 esos recursos habrían sido utilizados para cubrir gastos de sus empresas, pagar tarjetas de crédito y realizar transferencias a sus hijas en Estados Unidos. Los fondos provenían de un fideicomiso municipal que, de acuerdo con la acusación, fue usado para respaldar cheques depositados en cuentas personales del entonces alcalde.
En el 2021, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia frenó el proceso, exigiendo agotar auditorías del Tribunal Superior de Cuentas, una decisión que mantuvo el caso congelado durante casi tres años. “Esto fue parte del pacto de impunidad de la élite política”, denunció entonces la diputada Fátima Mena.
El 10 de octubre del 2024, la UFERCO reactivó el caso, pero once días después Asfura pagó una fianza de 15 millones de lempiras y enfrentó el proceso en libertad. El 4 de diciembre de ese mismo año, un tribunal declaró nulo todo lo actuado por el Ministerio Público y ordenó remitir el expediente nuevamente a la CSJ, revocando las medidas cautelares y obligando a reiniciar el juicio desde cero.
A estos señalamientos se suman las revelaciones de los Pandora Papers en el 2021, que vincularon a Asfura con empresas offshore en Panamá, presuntamente utilizadas para ocultar patrimonio. Una de ellas, Karlane Overseas S.A., fue creada en el 2006 a través del bufete Alcogal y posteriormente pasó a manos de la familia Atala, propietaria del grupo Ficohsa.
También figura como accionista de Sulambiente, empresa que demandó a la municipalidad de San Pedro Sula por 8,1 millones de dólares y ganó el litigio pese a no haber prestado el servicio de recolección de basura. Investigaciones periodísticas revelaron cómo Asfura ocultó su participación accionaria hasta recuperar el control tras la sentencia favorable.
Con este historial, Nasry Asfura se presentó al proceso electoral del 2025 cobijado por la bandera de un Partido Nacional desgastado, señalado y marcado por 12 años de corrupción, autoritarismo e impunidad.
Pese a ello, el Consejo Nacional Electoral lo declaró ganador, en medio de fuertes denuncias de fraude formuladas por el consejero Marlon Ochoa y por los partidos Libertad y Refundación (Libre) y Liberal de Honduras. A estas denuncias se sumaron señalamientos de injerencia política por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien antes, durante y después de la jornada electoral del 30 de noviembre llamó públicamente a votar por Asfura, al considerarlo un aliado de su gobierno.
COLOFÓN
Trump otorgó además el mencionado un indulto al expresidente Juan Orlando Hernández, quien, aunque recuperó su libertad, continúa siendo un condenado por narcotráfico, reforzando la percepción de un nuevo episodio del entramado de poder e impunidad que ha marcado la historia reciente de Honduras.
En una elección de Honduras completamente irregular, con una incidencia de Donald Trump y EE.UU. escandalosa, que incluyó el indulto a un narcotraficante, con un escrutinio que nunca terminó y estuvo paralizado por días enteros, el empresario multimillonario, candidato del Partido Nacional, vinculado al narco, Nasry Asfura, fue declarado ganador, y este martes 27 de enero acaba de asumir ña Presidencia.
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