ZAPPING: Tierra de deseos

Los protagonistas de Tierra de deseos. Cubavisión transmitió la telenovela martes, jueves y sábados, después del Noticiero Estelar.
En una telenovela de Walcyr Carrasco puede pasar cualquier cosa… y Tierra de deseos no es precisamente la concreción más desbocada de esa incontinencia.
Ubicada en el tradicional horario de las 9 de la noche de la televisora Globo, la propuesta apuesta por una narrativa que, aunque mantiene giros y tensiones ciertamente enfáticos, se mueve dentro de márgenes reconocibles.
Se trata de una estructura que dialoga con las expectativas del espectador habitual del género, sin grandes rupturas formales.
Carrasco, conocido por sus tramas enrevesadas y su capacidad para tensar lo verosímil, vuelve aquí a un territorio que domina con eficacia.
En sus historias, lo improbable no solo ocurre, sino que suele imponerse como regla del juego dramático.
Sin embargo, en esta ocasión, las peripecias no alcanzan el grado de desmesura que ha caracterizado otras producciones suyas para TV Globo.
Aquí se apuesta por un equilibrio más contenido entre conflicto y credibilidad.
La historia de Aline, enfrentada al poderoso y corrupto Antonio de la Selva, reproduce el arquetipo clásico del folletín rural.
Se trata de un conflicto que remite directamente a las raíces del melodrama latinoamericano.
El enfrentamiento entre la mujer humilde y el poder concentrado ha sido una constante del género.
En Cuba, por cierto, esa tradición tuvo momentos fundacionales con Dora Alonso, quien llevó esas tensiones a la radionovela con notable eficacia.
Como suele suceder en estos relatos, los villanos terminan robándose el espectáculo.
Los antagonistas concentran los conflictos más intensos y las decisiones más arriesgadas.
Tony Ramos y Glória Pires construyen una pareja marcada por la ambición, la traición y la falta de escrúpulos.
Su relación resulta mucho más atractiva desde el punto de vista dramático.
En contraste, Aline y Caio son personajes diseñados para la empatía inmediata.
Sin embargo, no siempre logran sostener una progresión dramática ascendente por sí solos.
En ese espacio, emergen personajes secundarios que aportan matices y dinamismo a la historia.
Figuras como Luigi, Marino, Lucinda o Petra asumen funciones narrativas que enriquecen el relato y ayudan a sostener el interés en los tramos menos intensos.
A través de ellos, la trama gana en diversidad de tonos y en pequeñas subhistorias que amplían el universo dramático.
Especial mención merece la pareja de Kevin y Ramiro, cuyo arco de transformación resulta de los más llamativos.
De figuras caricaturescas y éticamente cuestionables, pasan a convertirse en héroes improbables sin perder del todo su trazo exagerado.
Ese equilibrio entre exceso y redención los vuelve, por momentos, entrañables e incluso conmovedores.
Desde el punto de vista visual, la novela mantiene los estándares de TV Globo, con un acabado profesional en ambientación, vestuario y caracterización.
No obstante, todo se mueve en parámetros funcionales, sin alcanzar cotas particularmente memorables dentro del catálogo de la emisora.
Tampoco su banda sonora parece destinada a perdurar más allá de la emisión.
En resumen, estamos ante una telenovela eficaz y funcional, concebida para sostener el interés del público y garantizar el entretenimiento: cumple su cometido sin mayores pretensiones, porque, al final, tampoco hay que pedirle peras al olmo.

¡Qué familia!
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